Capítulo I. El Paleolítico: nómadas y cazadores en el Valle de Lecrín

Los pobladores de aquellos entonces llevaban una forma de vida muy rudimentaria y ardua, viviendo en grupos familiares o clanes, siendo una sociedad de nómadas que tenía como objetivo primordial la supervivencia

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Hace mucho tiempo, allá donde se pierde la memoria, en un momento indeterminado de la Prehistoria, los humanos habían poblado la práctica totalidad de la Tierra. En el Valle de Lecrín, las evidencias de la actividad humana en la Prehistoria son realmente escasas y poco estudiadas, pero contamos con algunos restos arqueológicos como testigos. En el entorno de la Laguna de Padul han aparecido algunos restos de herramientas de piedra tallada relacionados con la presencia de neandertales, así como de puntas de flecha y raederas datadas hacia el 16.000 -15.000 a.C. Para que se hagan una idea, esta es la época en la que se pintaron los techos de Altamira –ahí es nada- y también cuando fue habitada la Cueva de Nerja por nuestro vecinos malagueños.


Este territorio que abarca desde las cumbres de más de tres mil metros en Sierra Nevada hasta las profundidades del río Guadalfeo, albergó grupos humanos prehistóricos que vivían en un medio difícil pero que ofrecía abundancia de agua, caza y estaba poblado por bosques de coníferas y encinas, alcornoques y chaparros. Las condiciones de vida estaban marcadas por unos periodos que podían durar miles de años de frío alternados con periodos más cálidos y secos y así estaba la climatología hace aproximadamente 25.000 años, cuando las condiciones cambiaron hacia un clima más fresco y húmedo en torno al 10.000 a.C. Las circunstancias eran muy hostiles para las especies animales, entre las que se contaban nuestros antepasados. Gustaban de vivir al aire libre aunque por las noches se refugiaran en cuevas, moviéndose cerca de los ríos para aprovecharse de la caza de animales que acudían a beber a la ribera: conejos, ciervos, jabalíes, caballos y uros; y por supuesto, para recolectar los frutos ofrecidos por las plantas.


Los pobladores de aquellos entonces llevaban una forma de vida muy rudimentaria y ardua, viviendo en grupos familiares o clanes, siendo una sociedad de nómadas que tenía como objetivo primordial la supervivencia. Desde hace 40.000 años hasta hace 10.000 coexistieron en estas tierras poblaciones de Homo Sapiens y de Neandertales de los que tenemos constancia en el Valle de Lecrín y, como llevamos actualmente aproximadamente un 2% de sus genes, podemos imaginar cómo fue la cosa entre ambos grupos de humanos. Cuando una tribu o clan se encontraba con otra podían relacionarse de manera pacífica o violenta y es de suponer que habría de todo –se pondrían ojitos más de una vez-. En cualquier caso, todos ellos tuvieron que adaptarse a las bajas temperaturas y las Cuevas de Cozvíjar abiertas al valle del río Dúrcal, con numerosas dolinas, pequeñas cuevas y galerías fueron ocupadas en esta cronología. Allí, dormían, se refugiaban de las inclemencias del tiempo y los mayores hablaban de historias antiguas de sus antepasados a los jóvenes, para no olvidar nada.


Los habitantes del Valle de Lecrín sabían por entonces tallar magníficas herramientas de piedra, confeccionar ropajes con pieles de animales para protegerse de las inclemencias meteorológicas, tallar amuletos con huesos y cuidarse los unos a los otros. Eran tiempos en los que los parroquianos podían ver mamuts por la laguna, con un frío de mil pares de demonios, rodeados de bosques, con las vistas de un glaciar enorme en el cerro del Caballo, río Torrente abajo, con una laguna, y ríos por doquier para pescar y beber. Unos tiempos en los que el Sol salía cada mañana por encima de la Sierra y se ocultaba al anochecer por la Piedra del Águila, al oeste, tal como lo hace en la actualidad.
– ¡Comienza la caza!- que diría algún paisano con voz recia dirigiéndose a los cazadores del grupo, mientras asomado a un altozano, se ajustaba las pieles que lo protegían del gélido viento y empuñando una lanza con su robusta mano iniciaba la marcha. Abajo, en el llano, un grupo de mamuts pacían en las riberas de la laguna, totalmente ajenos a lo que se les venía encima. Eran otros tiempos.

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