Funeraria Valle de Lecrín, los encargados del último adiós

Isabel Delgado y su hijo Natalio López están al frente de la Funeraria Valle de Lecrín, una empresa que cumple con la difícil misión de despedir a los seres queridos de la mejor forma posible

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Recuerden el mundo cuando no había móviles, cuando existían sólo los teléfonos fijos y si no llegabas a cogerlo ya no sabías quién había llamado. Esa época la tiene muy presente Isabel Delgado, cuando en el año 88 tenía que, además de sacar una casa adelante, estar todo el día al lado del teléfono esperando a que alguna familia le anunciara la muerte de un allegado. Lo hizo así durante cinco años, hasta que llegaron a los teléfonos fijos el desvío de llamadas y por lo menos podía ir a Pinos del Valle, su pueblo natal. “En ese tiempo también me compré una máquina de coser, porque no podía llevar a los niños al colegio, no podía ir a comprar, no podía ir a la vecina, fueron cinco años, y empecé a coser, bordaba como una leona”, cuenta Isabel ¿Y cómo se acostumbra uno a esa situación? “Al principio fue muy duro, porque conoces a todo el mundo, lo nuestro es tristeza todo”, dice la fundadora de la Funeraria Valle de Lecrín. Años de tristeza, pero también perseverancia, buen hacer y confianza. Porque quien conoce a Isabel y a su hijo Natalio sabe que todo irá bien en los momentos más duros. 

Funeraria Valle de Lecrín cumplió en el pasado mes de octubre 33 años, una fecha muy cercana a la celebración del Día de Todos los Santos y del Día de los Difuntos. Días en los que se recuerdan a todos aquellos que ya no están, y a los que despedimos en días difíciles de olvidar. Y ese es el trabajo de Natalio López e Isabel Delgado, madre e hijo, que hacen más fácil lo que siempre es tremendamente difícil. Natalio ya iba con su padre, fundador de la funeraria junto a Isabel, cuando era muy joven, pero cuando alguien lo ve, parece que lleva toda la vida haciendo lo mismo. Asume que su trabajo es duro, pero no podría vivir sin él, porque “aunque la lógica de lo nuestro es la tristeza, estamos agradecidos a todo el mundo. Cuando estás pasando por un momento duro, necesitas agarrarte a alguien que conoces y ahí estamos nosotros”. 

Desde Lecrín, Nigüelas o en cualquier municipio dentro o fuera de Granada, Funeraria Valle de Lecrín o Natalio, como también los conocen, se ocupan de preparar la última despedida. Tienen disponibilidad en los velatorios municipales de los ayuntamientos de Lecrín y Nigüelas. En los primeros años llegaron incluso a tener un tanatorio en Dúrcal, aunque la tradición de las familias de velar a los suyos en sus propias casas hizo que la apuesta fuera inviable. Natalio e Isabel siguen acompañando a aquellos que lo necesitan en los momentos más duros. “Intentamos ayudar a las personas en todo lo que esté en nuestras manos, intentado también acompañarlas, para que pasen ese trance de la mejor forma posible”, explica Isabel, que durante estos años ha mantenido el buen servicio y la confianza como santo y seña de su empresa.

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