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«No soy político, estoy aquí para luchar por mi pueblo»

José Díaz es alcalde de Albuñuelas desde el año 2009. Persona muy activa, reparte su tiempo entre el Ayuntamiento, del que no cobra, el campo y su familia. Con 82 años, él conoció Albuñuelas con el doble de población de la que tiene actualmente, y así le gustaría que volviese a ser, un oasis en el que la agricultura fuera más productiva y que fuera disfrutado por todo aquel que lo visitara

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¿Cuánto tiempo lleva siendo alcalde? 

El que más tiempo junto con Rita Rodríguez. Esta es mi cuarta legislatura, aunque la primera fueron nada más que dos años. Ahora van a hacer 14 años y Rita entró dos años antes que yo.

Por lo que parece, quiere seguir siendo alcalde más tiempo. 

Si la salud aguanta y la gente me quiere sí… Por ahora es así, pero las personas pueden cambiar de opinión rápido. Yo respeto mucho a la gente y creo que la gente me aprecia. Yo aprecio mucho a la gente de Albuñuelas y todo lo que lucho es por mi pueblo, no por otra cosa. Yo no cobro por ser alcalde. 

¿Qué es lo mejor y lo peor de ser alcalde de un pueblo como Albuñuelas? 

Lo mejor que hay es que cuando haces algo que te ilusiona te enorgullece, porque estoy haciendo cosas que estaban previstas y se van cumpliendo, y eso para mí es una satisfacción. Lo peor, cuando estás con los políticos, y pides y pides y no te hacen caso pues es lo que más te indigna. Que estés luchando por tu pueblo y que nadie te escuche, eso da mucha rabia. Y sobre todo, hay que darle oportunidades a la gente joven. 

¿Se considera político? 

Yo no soy político, porque ellos son capaces de hacer daño, y yo no soy capaz de hacerle daño a nadie, mis intenciones no son esas. A mi me da igual que sea blanco, azul o colorao, yo lo que estoy aquí es para luchar por mi pueblo y ver que mi pueblo remonta. Yo se lo digo a los políticos, que la culpa la tienen ellos, porque no nos dan infraestructuras, no nos dan nada, y encima no miran por la agricultura. Y si este pueblo vive de la agricultura y no miran por ella, pues los jóvenes se van, que es lo que está pasando. Aquí se da el olivo, los almendros y la naranja, e incluso el aguacate. Albuñuelas tiene riqueza agrícola pero también turística y en eso estamos invirtiendo mucho, en hacer senderos, rutas, caminos… todo para atraer a la gente. 

Usted ha sido empresario. ¿En qué se parece dirigir una empresa a dirigir un Ayuntamiento? 

Es exactamente igual. A mi cada euro que se pierde me duele. En la empresa que tenía había familias enteras trabajando, y si les pasa cualquier cosa a ellos es como si me pasara a mi. Pero la burocracia lo hace algo distinto, porque en mi empresa podía decidir que quería hacer, lo que creía conveniente, y aquí hago lo que me dicen que tengo que hacer. Pero al final tanto la empresa como el Ayuntamiento son una gran familia que hay que organizar. 

¿Qué proyectos hay ahora mismo en marcha? 

Tenemos la restauración de la torre del reloj, arreglo de varios caminos, la cubierta y los aseos del polideportivo, el acceso al barrio de La Loma, la ampliación del cementerio más todo el acceso peatonal a la entrada del pueblo que queremos que llegue hasta la rotonda. 

¿Qué le gustaría conseguir para este pueblo? 

Ver a Albuñuelas como estaba antes. Que la gente que venga viese a Albuñuelas como un lugar para la tranquilidad, y que la se valorara el pueblo y se quisiera. 

El día que se retire ¿Cómo le gustaría que le recordaran? 

Simplemente como Pepe Díaz. Y eso que estoy haciendo lo que aquí no se había hecho durante años. Albuñuelas estaba prácticamente dejado, no se hacían obras, no se hacía nada. Ahora se están haciendo aparcamientos, quiero que se hagan más obras, otra circunvalación… Cuando conocí a mi suegro, él tenía una tienda y tenía un camión con el que iba a Granada, donde llevaba conejos, pollos, huevos, todo de Albuñuelas… y ahora es todo lo contrario. Tiene que venir todo a Albuñuelas. Antes se tenía otro modo de vida, no se especulaba tanto con el dinero, no se apreciaba tanto. Mi abuelo iba a trillar y le ayudaban los vecinos, y entre todos se ayudaban, había otros valores. Hoy dinero que se pierde tiene que ser recuperado. 

¿Cree que la pandemia nos ha hecho redescubrir lo más cercano de nuestra tierra, de nuestro municipio? 

Totalmente, porque hemos demostrado que en los pueblos se vive mucho mejor que en las capitales porque aquí todo el mundo salía al campo y eso no es lo mismo que estar en un piso. La cosa cambia bastante. 

¿Qué cree que necesita el Valle de Lecrín para ser una comarca más próspera? 

Lo primero es que todos los ayuntamientos nos pusieramos de acuerdo y fomentar el Valle de Lecrín como se merece. Porque tiene muchos recursos y tiene muchas cosas que no están puestas en valor. Aquí, antes de entrar yo un jugador de golf muy famoso quería comprar un terreno muy grande en el pueblo para construir un gran campo de golf, pero aquello no fraguó, y eso hubiera sido un atractivo muy grande, por ejemplo. 

En Primer Plano

Usted nació en Guájar Alto. ¿Echa de menos su pueblo, lo visita? 

Voy casi todos los fines de semana, tengo allí una casa y campo. Pero yo a los diez años salí de mi pueblo y me fui a estudiar a los Capuchinos a Antequera, aunque luego me vine otra vez. 

¿Por qué se vino a Albuñuelas? 

A finales de los 50 Guajar Alto no tenía carretera, y mi familia tenía una tienda y una panadería y tenía que venir a por las cosas a Albuñuelas. Las cargaba en unos mulos y me las llevaba a Los Guájares. Entonces, como yo venía casi todos los días conocí a la niña del que me vendía las cosas, nos enamoramos y me casé aquí. 

También pasó una temporada en Barcelona. 

Hice la mili en Armilla y cuando me licencié me fui a visitar a mi tío a Barcelona, y solo llevaba dinero para ir, no para volver. Entonces cuando llegué tenía que trabajar para venirme, y pasé por un local de Hispano Olivetti donde necesitaban personal y gracias a que había estudiado electricidad me contrataron. En aquel tiempo yo ganaba 1.100 pesetas a la semana, había mucha diferencia con cómo se vivía aquí. Y viendo mi padre que yo no volvía de Barcelona fue a buscarme y mira por donde vio que había un bar que se vendía, y lo compró. Así que tuve que venir a por toda mi familia y llevarme a todos a Barcelona. Después ya monté mi propia empresa con un trabajador y llegué a tener 147. Y ahora la llevan mis hijos. Ellos viven allí pero es raro el mes que no vienen a visitarme, y los cuatro nietecillos vienen aquí y no se quieren ir. 

Usted manda en el Ayuntamiento ¿Pero quién manda en su casa? 

En mi casa manda mi pareja. Yo es que no estoy nunca en mi casa, por las mañanas estoy en el Ayuntamiento y por la tarde en el campo. 

¿Cual es su plato favorito? 

Las migas, de toda la vida.

Si pudiera elegir un lugar de Albuñuelas ¿Cuál sería? 

Todo Albuñuelas, cualquier sitio se está en la gloria. 

¿Qué era lo que más echaba de menos de su pueblo cuando estaba en Barcelona? 

Todo, pero sobre todo las amistades, el clima, allí no es lo mismo. La manera de vivir al final, el aire limpio, esto no tiene comparación. Pero cada año nos íbamos de viaje, teníamos una hucha y nos hemos recorrido medio mundo, con mi mujer nos hacíamos un viaje cada año. Luego con los niños veníamos cada dos o tres meses, y siempre hemos mantenido el contacto. Tenía una furgoneta, los metía a todos y aquí que nos plantábamos. 

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