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Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro, médico en Talará y Chite y uno de los últimos de Filipinas

Fue uno de los 33 supervivientes que lograron regresar a España en 1899 tras estar atrincherado en la iglesia de Baler durante once meses. Esta hazaña se conocería gracias a la película ‘Los últimos de Filipinas’

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Con gran acierto y merecimiento el municipio de Lecrín, situado en la comarca granadina del Valle de Lecrín, rindió en el mes de diciembre de 2015 un homenaje a Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro, el médico rural malagueño que ejerció su profesión en Talará y El Chite durante once años, convirtiéndose después en el último facultativo del imperio español en Filipinas y en uno de los 33 supervivientes que lograron regresar a España en 1899 tras estar atrincherado en la iglesia de Baler durante once meses. Esta hazaña se conocería gracias a la película ‘Los últimos de Filipinas’.

Al encuentro asistieron y tomaron la palabra el por entonces alcalde de Lecrín y presidente de la Mancomunidad de Municipios del Valle de Lecrín, Salvador Rodríguez; la concejala de Cultura de entonces, Eva Ruiz; el cónsul general de Filipinas en Andalucía Occidental y nieto del homenajeado, José Ignacio Bidón y Vigil de Quiñones acompañado de sus dos hermanos y un sobrino; el general médico más condecorado de España que pronto, según anunció el cónsul, ingresaría como Caballero de la Orden de Rizal en Filipinas, Manuel Guiote Linares.

También, estuvieron presentes el subteniente Leiva; el decano de la Facultad de Medicina, Indalecio Sánchez-Montesinos García; el profesor, historiador y escritor, Francisco Martín; la presidenta del Aula Permanente de Formación Abierta de la Universidad de Granada, Eulalia Vargas (que presentó el número 23 de la revista ‘El Senado’ al hacerse eco de la historia de Vigil de Quiñones); entre otras personalidades civiles y militares.

En ese acto se descubrió una placa en la fachada del consultorio médico de Talará con el correspondiente acto castrense y ofrenda floral en honor a Vigil de Quiñones. El armonio de la iglesia de Talará fue un regalo de Vigil de Quiñones, según el entrañable vecino José Román. El almuerzo se celebró en el célebre Restaurante Garví, de Talará, situado junto a la céntrica y luminosa Farmacia, y famoso por su choto, platos caseros, jamón de La Alpujarra… y su buen hacer.

Rogelio Vigil de Quiñones nació en Marbella en 1862. En 1886 se licenció en Medicina y Cirigía en la Universidad de Granada. Su profesión la ejerció en Talará y Chite. Le tocó malos tiempos porque poco antes esta zona padeció el tremendo terremoto de la Navidad del 1884 y la epidemia del cólera. Su padre murió y fue enterrado en el campo santo de Talará que existía en aquellos entonces junto a la iglesia.

A los 36 años Vigil de Quiñones se alistó como teniente médico provisional del Cuerpo de Sanidad Militar en Filipinas, embarcando rumbo al archipiélago el 4 de diciembre de 1897, y llegando el 2 de enero de 1898. En esta colonia española se incorporó primero como guardián del hospital de Malate y después en el Batallón Expedicionario de Cazadores, en Baler, con una enfermería de 10 camas, tres sanitarios, 2 indígenas que desertaron y un español.

El sitio de la iglesia de Baler comenzó el 27 de junio de 1898 y en octubre murió el primer soldado de la epidemia de beri-beri. Rogelio Vigil de Quiñones fue herido en un costado y sobrevivió de la enfermedad de beri-beri. “Baler no se rinde”, así defendieron el medio centenar de militares el último territorio español en Filipinas. Estos soldados no admitieron nunca la derrota. Sin embargo, terminaron por abandonar el lugar tras recibir noticias de la retirada definitiva de España de la colonia. Harapientos y enfermos llegaron los 33 supervivientes al puerto de Barcelona.

Rogelio Vigil de Quiñones al volver a la Península ingresó por oposición en el Cuerpo de Sanidad Militar y participó en la campaña del Rif en 1909, pasando muchos años en África. Se retiró de comandante cuando prestaba sus servicios en el Hospital Alfonso XIII de Melilla. El 1934 falleció en Cádiz. En Baler hubo 19 muertos, de ellos 15 por enfermedad, 2 por balas filipinas, y 2 fusilados. Los restos de estas personas fueron exhumados y trasladados a Madrid, al Panteón de los Héroes de las Campañas de Cuba y Filipinas.

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