/

El Valle de Lecrín, tierra de mujeres

Nuestra comarca está plagada de talento, de mujeres emprendedoras y volcadas en la comunidad, mujeres que siempre están ahí dispuestas a todo

minutos de lectura

Suscribo y me apropio del título del maravilloso libro de María Sánchez “Tierra de mujeres. Una mirada íntima y familiar al mundo rural” —una lectura que aprovecho para recomendaros—, para nombrar este artículo con el que me gustaría realizar un pequeño homenaje a todas nuestras mujeres, a las que ya no están, a las que seguimos aquí para continuar su camino, y a las que vendrán.

En el Valle de Lecrín se están llevando a cabo diferentes proyectos en colaboración con la Diputación de Granada para recuperar las voces acalladas por el paso del tiempo y el olvido.

El proyecto “Huellas” rinde culto a la memoria colectiva en clave de género y ahonda en los profundos surcos que dejaron nuestras abuelas y bisabuelas. Su impronta sigue presente en multitud de tradiciones y lugares, tal y como han demostrado en algunos de los pueblos participantes como ha sido el caso de Dúrcal, Padul y actualmente Nigüelas.

Tanto en el marco de esta iniciativa como de tantas otras, el Centro de la Mujer del Valle de Lecrín está tejiendo una red de cooperación, unión y seguridad que nos acerca entre nosotras y que invita a la acción y a la sororidad. Su implicación es clave para aunar esfuerzos y alcanzar la igualdad. “Cerrar la boca y guardar la casa” —título del ensayo de Clara Janés que tanto me ha ensañado sobre mujeres en la literatura— nos remite al papel al que se ha visto sometida la mujer en todos los ámbitos, pero especialmente en el rural. La mujer en la sombra, la mujer invisible.

La misma mujer que recogía la aceituna, alimentaba a las gallinas y se convertía en “maga”. La comida en la mesa, la ropa limpia y planchada, el hogar dispuesto para acoger a la familia. Todo en orden como por arte de magia.

El acceso a la educación que tan fervientemente defendió Concepción Arenal nos sitúa en una posición activa, protagonista, a la cabeza. O acaso, ¿no han sido nuestras madres y abuelas nuestras principales referentes? A pesar de su actitud sumisa y ausente de puertas hacia fuera. A pesar de escudarse en pseudónimos masculinos para poder dar voz a sus inquietudes por escrito. A pesar de las limitaciones para expresarse, para ser libres e independientes. A pesar de todo. Ellas han construido nuestro mundo y lo han dotado de identidad.

Ellas han dado un paso al frente y han luchado por hacerse escuchar. A ellas les debemos nuestros privilegios actuales. Estamos en deuda con ellas. Y lo más importante es que siguen vivas en los libros que escribieron y en los cuadros que pintaron. Siguen mirándonos desde las fotografías que congelaron su vitalidad en el tiempo. Tienen mucho que decirnos aún porque sus voces son inmortales y permanecen muy vigentes hoy en día. Carmen de Burgos, Rosa Chacel, María Lejárraga, Elena Garro o nuestra granadina, nuestra “zapatera prodigiosa” Agustina González. Y tantas otras… Leámoslas, rescatemos sus voces.

 El Valle de Lecrín está plagado de talento, de mujeres emprendedoras y volcadas en la comunidad. Mujeres que siempre están ahí dispuestas a todo. Muchísimas gracias a todas porque sois el empuje que necesita el mundo rural para seguir avanzando.

 Muchas gracias —permitidme esta mención especial— a las mujeres de Pinos del Valle.

Muchas gracias a Mercedes y Guadalupe, mis abuelas. Muchas gracias mamá. Muchas gracias a todas las abuelas y madres.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Lo último

0 0.00