El verano que lo derritió todo

Tiffany McDaniel despertó mi curiosidad con “Betty” (2020), una novela que ha tenido reseñas muy positivas y que me han recomendado enormemente. Cuando el verano pasado llegó a mis manos “El verano que lo derritió todo” (2016) por mi cumpleaños, supe que había llegado el momento perfecto para descubrir a la autora.

Me alegro mucho de haberme adentrado en su prosa y de haber conocido al mismísimo diablo, un personaje plagado de matices que pone a prueba al resto de vecinos de Breathed, Ohio. ¿Qué ocurre si se invita al mal a un pueblo en el que todos tienen algo que esconder? Miedos, traiciones, desgracias… “Quién esté libre de pecado […]”

 La culpa es una mochila con la que están dispuestos a cargar muy pocos y lo perverso acaba recayendo en un tercero, en alguien diferente. En este caso, un niño negro de trece años. Un niño que decidió escapar del horror, pero al que la tragedia sigue muy de cerca, como una sombra que se niega a desprenderse de él.

Tiffany riega el texto con “pistas” que anuncian el horror que permanece latente durante el relato. Esta historia es una disección de la maldad humana que indaga en la psicología de sus personajes y que busca despertar reflexiones directas. He de reconocer que algunas escenas y enunciados tienen un fuerte componente “efectista” y que al terminar la lectura he tenido la sensación de haber asistido a una obra gótico sureña edulcorada con una simbología bella a la par que tenebrosa.

Por último, me gustaría destacar la estructura narrativa y la forma de intercalar el presente con el viaje al pasado del protagonista. Un amargo recorrido por ese “verano que lo derritió todo” y que lo mantiene anclado a la soledad más angustiante. Una lectura ideal para esta época del año.