Un puente entre pueblos, nace un hermanamiento con historia y alma
Representantes de la Asociación Cultural Almòsita realiza una visita oficial al Ayuntamiento de Almócita para presentar una propuesta de hermanamiento
El pasado 28 de abril, la historia se subió a un coche y tomó las curvas de la Alpujarra con un propósito claro: unir lo que el tiempo, la memoria y las raíces ya habían conectado. Una delegación de la Asociación Cultural Almòsita de Dúrcal, presidida por Juan Jiménez Ruiz al que acompañaban Agustín Zarco Gutierrez, secretario de la Asociación y Antonio Gil de Carrasco, dos de sus miembros más activos, partió rumbo a Almócita, un pueblo almeriense de alma viva y pasado milenario, con una propuesta que brota de la emoción y el conocimiento: establecer un hermanamiento cultural entre ambas localidades.
Lo que podría parecer, a simple vista, una coincidencia toponímica entre el barrio de Almócita, en Dúrcal, y el municipio de Almócita, es en realidad un hilo invisible que une historias, territorios y personas. El término “Almócita” tiene raíces árabes —del vocablo al-mawsata, que significa “el lugar de en medio”, —, y no solo encaja geográficamente, sino también simbólicamente. Almócita, en la provincia de Almería, se encuentra entre los pueblos de Beires y Padules. Y Almócita, en el municipio de Dúrcal, ha sido históricamente un cruce central de caminos hacia El Darrón y Nigüelas, como lo reflejó Pascual Madoz Ibáñez en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, obra de referencia del siglo XIX.
Pero la conexión no es solo lingüística o geográfica; es también profundamente histórica. En 1570, el ilustre Don Juan de Austria llegó a Almócita para pactar la rendición de los moriscos alpujarreños sublevados contra la monarquía de su hermano, Felipe II. Lo hizo bajo una encina en el cortijo de Hadid, que desde entonces fue bautizado como el cortijo de las Paces. Un símbolo de reconciliación y diálogo en un momento de gran tensión. Un año antes, en 1569, el barrio de Almócita en Dúrcal también fue protagonista de un hecho crucial: la batalla de Dúrcal, en la que las tropas moriscas llegadas de la Alpujarra, fueron vencidas por el Marqués de Mondéjar. Ambos episodios están marcados por el conflicto, pero también por el cierre de ciclos y la construcción de una nueva paz. ¿No es esa la esencia de cualquier hermanamiento?
Al comprender la profundidad de estas coincidencias —que ya no lo son tanto—, Juan Jiménez Ruiz, presidente de la Asociación Cultural Almòsita, propuso una visita oficial al Ayuntamiento de Almócita para presentar esta propuesta de hermanamiento. Uno de los miembros de la Asociación sugirió también informar al alcalde de Dúrcal, Julio Prieto, quien recibió la idea con entusiasmo inmediato y sin reservas, viendo en esta iniciativa una oportunidad para fortalecer los lazos culturales, fomentar el turismo y enriquecer la identidad común de ambos pueblos.
Y así, el 28 de abril a las 11:00 horas, la delegación fue recibida con los brazos abiertos por Francisco García García, alcalde de Almócita, en el propio consistorio. Desde el primer apretón de manos, la conexión fue palpable. La conversación fluyó como si se tratara de viejos conocidos que al fin se reencuentran. El alcalde se mostró abierto, receptivo y especialmente ilusionado con la posibilidad de dar forma a este hermanamiento. No solo aceptó la propuesta, sino que la amplió, sugiriendo que la primera visita oficial de Dúrcal a Almócita tuviera lugar este próximo otoño, seguida de una visita recíproca por parte de una delegación almociteña a Dúrcal.
Dentro de los actos culturales propuestos para celebrar este hermanamiento, Antonio Gil destacó una joya escénica: la representación de la obra de teatro Salvados por las trompetas, del dramaturgo durqueño Antonio Serrano. Esta obra, que revive la rebelión morisca en la comarca y la épica batalla de Dúrcal, se está preparando para su estreno el próximo mes de septiembre. Su puesta en escena en Almócita, como parte del hermanamiento, fue acogida con gran entusiasmo por Francisco García, quien reconoció su valor histórico, simbólico y artístico.
La reunión terminó en un ambiente de entusiasmo, amistad y una energía contagiosa. Había algo en el aire. Y justo cuando parecía que el momento no podía ser más simbólico… ocurrió lo insólito: ¡un apagón afectó a toda España! Como si el universo, con una chispa irónica, quisiera firmar este acto con una descarga eléctrica. ¿Casualidad? Tal vez. ¿Señal? Probablemente. Lo que está claro es que este hermanamiento nace con fuerza, con historia y con una promesa de futuro compartido.
Porque no se trata solo de compartir un nombre. Se trata de compartir valores, memoria, cultura y visión. De reencontrarse en las raíces comunes y proyectarse juntos hacia el futuro.
“El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.”
— Arthur Schopenhauer



