Encuentro con el Quebrantahuesos en Sierra Nevada
Alcemos la vista al cielo, cada vez será más probable contemplar a este coloso alado surcando el firmamento que cubre nuestros pueblos
QUEBRANTAHUESOS. FOTO PEDRO VILLEGAS
Hace unos días, mi compañero Pedro Villegas y yo, durante una travesía de montaña prestando el servicio de altas cumbres —una de las tareas que los Agentes de Medio Ambiente realizamos en el Parque Nacional de Sierra Nevada—, fuimos sorprendidos por una sombra que cruzó velozmente sobre nuestras cabezas. Al alzar la vista, distinguimos su inconfundible silueta: parecía un halcón enorme, de cola alargada y romboidal. Una maravilla de la naturaleza. Se trataba de un ejemplar de quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), concretamente un subadulto.
Rápidamente, tomamos nuestros prismáticos para observarlo mejor y comprobar si presentaba alguna marca en las plumas primarias, anillas o un emisor GPS —herramientas utilizadas para el estudio y seguimiento de esta especie en peligro de extinción—. Pedro sacó su inseparable cámara de fotos y, pese a la distancia, logró captar varias imágenes del ave. Volaba entre chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), otra especie habitual de las altas cumbres nevadenses. Poco después, se posó en uno de los numerosos y escarpados riscos que conforman las imponentes paredes rocosas de Sierra Nevada. La presencia de excrementos revelaba que aquel era un posadero habitual.
Allí, como una estatua solemne y poderosa, permaneció contemplando el horizonte. Desde esa atalaya, dominaba todo el valle. En la zona abundan los ejemplares de cabra montés (Capra pyrenaica) y el ganado extensivo, cuyas osamentas son fundamentales para su alimentación. El quebrantahuesos es la única ave del mundo osteófaga, es decir, se alimenta casi exclusivamente de huesos de animales muertos. Excepcionalmente lanza tortugas desde gran altura para romper sus caparazones —único ser vivo del que se alimenta—. Siente una especial predilección por las patas de ungulados, aunque también utiliza otras partes del cadáver que encuentra, y las más grandes las eleva para soltarlas desde el aire en lugares específicos conocidos como rompederos, donde las rompe para poder ingerirlas, de ahí viene su nombre común.
A pesar de ser completamente inofensivo, el quebrantahuesos fue históricamente perseguido debido a mitos y leyendas infundadas que causaron estragos en sus poblaciones a lo largo de los continentes euroasiático y africano. En Sierra Nevada, desapareció en torno a 1940, víctima de la caza indiscriminada, el uso de venenos, su persecución con fines científicos o para zoológicos, la pérdida de hábitat y la reducción de su fuente de alimento. En 1986, se extinguió oficialmente en Andalucía, siendo el último ejemplar avistado en la Sierra de Cazorla.
Sin embargo, gracias al proyecto de reintroducción del quebrantahuesos en Andalucía, impulsado con gran esfuerzo desde 2006, la especie ha vuelto a sobrevolar nuestras montañas. En Sierra Nevada, por segundo año consecutivo, se ha llevado a cabo la suelta de ejemplares inmaduros, con el objetivo de consolidar un nuevo territorio dentro del Espacio Natural. En este caso se tratan de Poqueira y Aznaitín —nombres con los que se han bautizado a estos ejemplares—. Esta acción se fundamenta en el comportamiento filopátrico de la especie —la tendencia a regresar al lugar de nacimiento para criar—. Para lograrlo, se utiliza una técnica llamada hacking, que consiste en colocar a los pollos en nidos artificiales en régimen de semilibertad. Durante esta etapa, se les proporciona alimento sin contacto visual con el cuidador, para evitar que asocien la comida con el ser humano. En el caso del quebrantahuesos, esta fase comienza cuando el pollo tiene unos 90 días, permaneciendo alrededor de un mes hasta realizar su primer vuelo. No están solos: Agentes de Medio Ambiente y Técnicos de la Junta de Andalucía velan por ellos para asegurar el éxito de este ambicioso proyecto, con la esperanza de ver pronto la primera pareja reproductora en Sierra Nevada tras más de ochenta años de ausencia.
El quebrantahuesos es una especie muy especial. Investigaciones recientes demuestran que cada ejemplar desarrolla una personalidad única. Son aves monógamas, que suelen emparejarse de por vida, aunque pueden cambiar de pareja tras un fracaso reproductivo, la muerte del compañero u otras causas. En algunos casos excepcionales, se forman tríos reproductivos —incluso cuartetos—, generalmente compuestos por una hembra y dos machos —comportamiento sexual conocido como poliandria—, lo cual puede deberse a la escasez de territorios disponibles en zonas de alta densidad poblacional.
Para criar, necesita hábitats muy específicos: paredes escarpadas con cuevas o repisas donde construir el nido, que suele ser una plataforma de palos y materiales diversos, alcanzando hasta 2,5 metros de diámetro. Tienen especial atracción por la lana, que transportan hasta el nido para acondicionarlo.
El periodo reproductor varía en función de la latitud, altitud y el clima locales. En Andalucía comienza en otoño, con las primeras conductas sexuales observadas entre septiembre y octubre. La puesta de huevos —habitualmente dos— tiene lugar entre diciembre y marzo, con un intervalo de hasta nueve días entre ambos. Esta estrategia reproductiva permite una segunda oportunidad en caso de que el primer huevo no prospere. La incubación se prolonga durante unos dos meses, con relevos entre ambos progenitores, aunque la hembra asume la mayor parte de la tarea. Tras la eclosión, ambos se encargan de alimentar y proteger al pollo, que comienza a volar a los cuatro meses, aunque puede permanecer con los padres durante varios meses más, en casos extremos hasta la siguiente temporada reproductiva. El éxito reproductor depende en gran medida de la disponibilidad de alimento en el territorio elegido por la pareja para criar. En este contexto, la ganadería extensiva desempeña un papel fundamental, ya que esta rapaz necrófaga está estrechamente vinculada a dicha actividad humana.
Una de sus conductas más sorprendentes son los baños de barro rico en óxidos de hierro, que tiñen su plumaje blanco del pecho con un característico tono rojizo. Esto se conoce como coloración cosmética y se desconoce su propósito exacto, pero se cree que puede estar relacionado con la jerarquía social, dinámicas de emparejamiento, la protección del plumaje o incluso tener función antiparasitaria.
Para alcanzar el plumaje definitivo, el ave pasa por seis mudas, culminando hacia los siete años de edad, aunque puede comenzar a reproducirse a partir de los cinco. Su longevidad es notable: puede vivir más de cuarenta años en libertad, y aún más en cautiverio. Con un peso de hasta siete kg, su cuerpo está perfectamente adaptado al vuelo: alas largas, plumaje denso y un planeo majestuoso que lo convierten en una de las aves más elegantes y ágiles del mundo. Tal como su nombre científico sugiere, es una criatura única, entre buitre y águila.
Pero si queremos seguir disfrutando de su presencia, debemos comprometernos con su conservación. Entre sus principales amenazas actuales destacan el uso ilegal de cebos envenenados, las colisiones con tendidos eléctricos y la caza furtiva. Como habitantes del Valle de Lecrín, tenemos un papel fundamental en la protección de esta especie, y la inmensa fortuna de poder verla sobrevolar nuestras tierras.
Alcemos la vista al cielo: cada vez será más probable contemplar a este coloso alado surcando el firmamento que cubre nuestros pueblos.

