La XII Subida a la Cruz de la Atalaya se ha convertido en una de las ediciones más brillantes de la historia de la prueba
Padul amaneció ayer con ese tipo de luz fría que anuncia un gran día para la montaña. A las 8 de la mañana, la sierra ya respiraba un silencio expectante: el aire era puro, la temperatura rondaba los 8°C, la atmósfera estaba limpia y la Cruz de la Atalaya aparecía recortada contra un cielo azul metálico. Era el preludio perfecto para una jornada que, horas después, se convertiría en una de las ediciones más brillantes de la historia de la prueba.
A las 10:00h, en el Polígono La Paloma, cerca de un centenar de participantes aguardaban las instrucciones previas de salida. La tensión, medida y contenida, se transformó en impulso cuando la cuenta atrás anunció el inicio de la XII CxM Subida a la Cruz de la Atalaya, una carrera corta en metros pero gigante en esencia. Porque esta prueba no se mide solo en kilómetros, sino en la intensidad de cada zancada y en la historia que cada corredor escribe entre el sendero, el pinar y el cortafuegos.
La ruta, de 8,7 km, asciende inicialmente por caminos que permiten estirar el pelotón y regular respiración y ritmo. Pero pronto el trazado muestra su verdadera naturaleza: un corredor estrecho mira hacia arriba y descubre el cortafuegos, el tramo más vertical e intimidante de la prueba. Allí, las piernas queman, los gemelos protestan y la carrera deja de ser carrera para convertirse en desafío personal.
Tras coronar, una brisa ligera acompaña los pasos hacia la cúspide, donde la Cruz de la Atalaya, imperturbable, observa cada llegada como si certificara el esfuerzo de los valientes. Desde allí, el descenso técnico —rápido, exigente, comprometido— obliga a afinar reflejos antes de lanzarse hacia la meta.
Todo ello en un marco de extraordinario valor ambiental dentro del Parque Natural de Sierra Nevada.
El gran nombre masculino de la edición fue Modesto Ricardo Álvarez (Mystery Man), que detuvo el cronómetro en 43:02 con un ritmo de 4:57 min/km. Su carrera fue una demostración de dominio técnico en subida y control absoluto en el descenso.

Segundo fue el corredor local Marcos Robles Fernández, con 44:07, sólido y regular, mientras que el tercer cajón del podio fue para Javier Martín de Villa (Sabika), que firmó un excelente 45:00.
En categoría femenina, el triunfo fue para María Olimpia Morales Ortega (Marita Team), que atravesó meta con 54:28. Su carrera fue una lección de constancia, equilibrio y técnica. La secundaron Sofía García Martín (54:42) y Sara Maldonado Sánchez (57:01), completando un podio de enorme nivel.

El desarrollo de la prueba contó con un amplio dispositivo de apoyo y voluntariado. El Club de Montaña La Silleta desempeñó un papel destacado en los tramos más técnicos de montaña, garantizando seguridad y orientación en puntos clave del recorrido.
El CD Piedra Ventana de Padul aportó una notable representación de corredores, además de colaborar activamente en tareas organizativas y de apoyo logístico.
La prueba también contó con la participación voluntaria del CD Padul Balompié, el Club Balonmano Padul y la Comisión de Fiestas de Padul, que contribuyeron al correcto funcionamiento de la salida, el control de cruces, la asistencia en meta y la dinamización general del evento.
Desde el Área de Deportes del Ayuntamiento de Padul se destacó el trabajo del conjunto del voluntariado, cuya implicación resultó esencial para garantizar la seguridad, la fluidez y el éxito de la carrera. Su dedicación, su madrugón y su disposición permanente hicieron posible que cada tramo del recorrido estuviera atendido, que cada corredor se sintiera acompañado y que la prueba transcurriera sin incidentes.
Este evento es, en gran medida, obra de ellos.
Este año, la prueba incorporó un gesto especial: el lazo morado en el cartel y las camisetas conmemorativas se sumaron a los actos del 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres.
Un guiño simbólico, pero significativo, que recordó a corredores, voluntarios y público que el deporte también es un espacio para promover valores de respeto, igualdad y convivencia.
La Subida a la Cruz de la Atalaya volvió a demostrar su consolidación como una cita deportiva destacada en el municipio. Su combinación de recorrido técnico, entorno natural privilegiado y alta implicación de clubes y voluntarios refuerza su papel como uno de los eventos de referencia en la agenda deportiva de Padul.
La organización ya trabaja en la próxima edición, con el objetivo de mantener el nivel mostrado en esta duodécima convocatoria.

