La fiesta de la mauraca en el Padul

La palabra “mauraca” viene del árabe andalusí «mawraq» un término vinculado al concepto de asar procedente del árabe clásico múhraqa que viene a significar según el diccionario de la Real Academia de la Lengua “cosa quemada, fuego, holocausto"

Era tradición en las economías agrícolas la celebración de fiestas de fin de ciclo agrícola que se celebraban habitualmente al final del verano cuando se han recogido la mayoría de las cosechas. En el Padul se celebraba el 8 de septiembre, fiesta religiosa de la Natividad de la Virgen María, ya que la iglesia ha ido “cristianizando” fiestas tradicionales del pueblo, aunque fueran de origen pagano.

            Ese día, la mayoría de los paduleños se iban al campo a celebrar la fiesta de fin de ciclo agrícola. Se mataba un conejo y se hacía un arroz. En las ascuas de la lumbre se asaban panochas de maíz, que en esas fechas estaban tiernas y estaban muy buenas de comer asadas. También se solían asar patatas, que muchos agricultores todavía guardaban apiladas en la finca tapadas con el ramaje para que no les diera el sol. Incluso se podía asar alguna hortaliza. El vino, para los más mayores, solía correr dentro de la bota de unos a otros. Los más pequeños se tenían que conformar con la gaseosa de Rigores. Los más animados terminaban cantando y bailando. Desgraciadamente esas fiestas de tradición agrícola se han ido perdiendo con la emigración masiva de los años sesenta y el abandono mayoritario de la agricultura.

Esta fiesta se ha conocido tradicionalmente en el pueblo como fiesta de “la mauraca”, o “las mauracas”. La palabra “mauraca” viene del árabe andalusí «mawraq» un término vinculado al concepto de asar procedente del árabe clásico múhraqa que viene a significar según el diccionario de la Real Academia de la Lengua “cosa quemada, fuego, holocausto”.  Con el tiempo, esa palabra ha evolucionado fonéticamente en otras localidades, sobre todo en la costa, a “moraga”, palabra que el mismo diccionario la recoge como un andalucismo con el significado de “acto de asar con fuego de leña y al aire libre frutas secas, sardinas u otros peces”.

La palabra “mauraca”, que es más cercana fonéticamente a la original andalusí que “moraga”, ha quedado en el Padul y en algunos pueblos de las Alpujarras aunque en éstos últimos lo que se asa son las castañas y se celebra para la festividad de Todos los Santos. Aunque en el en el pueblo de Lanteira la mauraca consiste en “una asada de patatas que se hace en el mismo bancal el día que se recogen de la tierra” según se recoge en el vocabulario etnolingüístico del libro “Labradores, pastores y mineros en el marquesado de Zenete”.

Curiosamente, se sigue creyendo a nivel popular que esa fiesta alpujarreña en la que se asan castañas la trajeron los “repobladores gallegos” a las Alpujarras. Esa es una teoría totalmente errónea que la imaginación popular asocia a la creencia de que los nombres de los pueblos de la comarca que “suenan” a gallego, como Capileira, Pampaneira, Poqueira, Lanteira, Ferreira, etc. se piensa que se los pusieron esos supuestos repobladores gallegos y que ellos llevaron los castaños a las Alpujarras.

Sin embargo, la realidad histórica desmiente esa creencia popular, desgraciadamente muy extendida, incluso, en esas mismas poblaciones. En primer lugar, no hubo tantos repobladores gallegos en la zona, pues los diferentes libros de Apeo que recogen las primeras repoblaciones después de la guerra de las Alpujarras apenas recogen un 6% de media de pobladores de esa procedencia, salvo el caso de la alquería de Carataunas, donde 3 de los 13 repobladores eran de Galicia. En este caso representan una proporción muy alta, casi el 25%. Además debemos tener en cuenta que esta primera repoblación, que recogen los conocidos como Libros de apeo y amojonamiento de las diferentes localidades, tuvo un relativo fracaso, como resaltan algunos textos de la época, teniendo que volverse. Con el tiempo esos mismos lugares fueron repoblados también por moriscos que volvían camuflados ya como “cristianos viejos”. En el caso de los topónimos alpujarreños que parecen gallegos, estos existían antes de la guerra y expulsión, tal y como se ve en diferentes textos y en algunos de la época nazarí. Eran topónimos de origen romance, que en al-Ándalus quedó fosilizado por el avance del dialecto árabe andalusí y era más cercano al latín, como sucede en Galicia. Otra de las aseveraciones erróneas que se hacen sobre los castaños es que los llevaron los supuestos repobladores gallegos, asociando erróneamente el castaño con Galicia. En los mismos libros de Apeo, cuando se reparten las “suertes” entre los repobladores, en las fincas que se entrega al repoblador, a veces menciona la existencia de castaños, por lo que difícilmente lo plantaría el repoblador gallego si ya estaba allí antes. Y por último, como ya hemos dicho, el nombre de “mauraca” viene del árabe andalusí, y no del gallego.