En al-Ándalus también se celebraba la Navidad
En esa época, igual que ahora, se intercambiaban regalos, se daban vacaciones a los niños en el colegio, se consumían determinados productos y alimentos, se ponían puestos callejeros de venta de productos especiales para esas fiestas, como era la venta de “ciudades” hechas de pasta alimenticia
La iglesia cristiana hacía coincidir las fiestas paganas con algún acontecimiento especial del cristianismo. Era una forma de cristianizar las tradiciones paganas del pueblo, que en época romana tenían una gran difusión, para hacer más fácil la aceptación de la nueva religión sin abandonar sus festividades tradicionales. Ese fue el caso del solsticio de invierno, que se hizo coincidir con el nacimiento de Cristo. En esas fechas, los romanos paraban sus negocios y guerras y se hacían regalos entre ellos, e incluso llegaban a liberar a sus esclavos temporalmente. Unas costumbres que hoy calificaríamos de “espíritu navideño”. Estas costumbres pasaron al mundo cristiano, en general, y a los cristianos de al-Ándalus, en particular. Pero, aunque pueda parecer sorprendente, no solo celebraban estas fiestas los andalusíes cristianos, sino también la mayoría de los judíos y musulmanes celebraban las fiestas de Navidad y año nuevo. Claro que los que no eran cristianos celebraban solo el aspecto festivo de la Navidad, y no el religioso. Ese mismo era el caso de otra fiesta de origen pagano, el solsticio de verano, cristianizado como Día de San Juan, que era muy celebrado por la población andalusí.
Sabemos algo de la celebración de las fiestas navideñas de los andalusíes cristianos por algunos textos de alfaquíes que no veían bien la participación de la población musulmana andalusí en esas fiestas. Ese es el caso de la respuesta clara de un alfaquí tunecino a la consulta de un andalusí sobre la participación en la Navidad: “No es lícito [aceptar] regalos en la Navidad de un musulmán ni de un cristiano, ni acceder a ninguna invitación en ese día, ni hacer preparativos para celebrarlo.” O la de otro alfaquí ceutí que se escandalizaba por la celebración de fiestas no musulmanas: “He visto (dios nos guarde a ti y a mí de las tentaciones que extravían y nos ayude a vivificar las buenas costumbres) que gentes de toda laya y apiñadas muchedumbres de este nuestro tiempo se ponían de acuerdo de un modo vergonzoso para exaltar el carácter de estas tres fiestas: el milad, [Navidad] el yannayr [año nuevo] y el mahrayán, que es la ansara, [San Juan] y se comprometía de manera indigna a celebrarlas y a hacer los preparativos para cuando llegasen, vigilando con el celo las fechas de su celebración y llenos de júbilo ante su venida”. También los calendarios o almanaques de la época andalusí recogían las fiestas cristianas, incluso bajo dominación almohade, en el siglo XIII, fecha en la que un calendario anónimo habla del “día de la Natividad de Jesús, el Mesías, la paz sea con él, y es para los cristianos una de sus mayores fiestas.”
Hasta tal punto tenía éxito la celebración de la Navidad entre los musulmanes que en el siglo XIII se introdujo en al-Ándalus, para contrarrestar la celebración de la Navidad, la fiesta del nacimiento del profeta Mahoma, que poco tiempo antes se había popularizado en el Medio Oriente y en el Magreb.
Los andalusíes (tanto cristianos y musulmanes) celebraban la Navidad y el año nuevo casi como se ha celebrado tradicionalmente hasta ahora. Los musulmanes andalusíes solían celebrar el aspecto más lúdico de la fiesta en la noche anterior, una tradición que seguramente tenga mucho que ver con que en las zonas del sur peninsular, más influenciadas por la cultura andalusí, se celebra más la fiesta en la noche anterior, conocida como “noche buena” que el propio día de Navidad, fecha oficial de la Iglesia.
En esa época, igual que ahora, se intercambiaban regalos, se daban vacaciones a los niños en el colegio, se consumían determinados productos y alimentos, se ponían puestos callejeros de venta de productos especiales para esas fiestas, como era la venta de “ciudades” hechas de pasta alimenticia. Un Texto de Abu-l-Qasim al-Azafi, soberano y cadí de Ceuta entre 1249-1278, y que recoge el arabista Alejandro García Sanjuán en su trabajo “La celebración de la Navidad en al-Andalus y la convivencia entre cristianos y musulmanes” decía que “En estas fiestas se hacen unos a otros preciosos regalos que han elegido de antemano y “ciudades” en las que forman e inventan diversas figuras. Y añadía una costumbre que ya existía en la época romana como era la dar “vacaciones” a los escolares en esas fechas: (…) Sueltan a los niños de las escuelas, y con ellos les llenan el corazón de amor por esas innovaciones que ya han echado raíces”. Es posible que este dulce, o parte de él, en forma de ciudad de pasta o de torre de pequeño tamaño, fuera uno de los regalos que se hacían a los niños, tradición que ha quedado en el villancico tradicional: “Ya vienen los reyes/ por el arenal/ ya le traen al Niño/ una torre real”.
Algunas de estas “ciudades de pasta” eran auténticas obras de arte que elaboraban profesionales durante bastante tiempo para después venderlas, por partes, en puestos callejeros durante esas fiestas; una costumbre que nos recuerda a la tradición cristiana de los “belenes”. Un poema del siglo XI describe una: “Es una ciudad rodeada de una muralla ante la cual los sabios magos están pasmados/ No se ha podido construir más que las manos de una virgen o de una muchacha guardada en casa/. Aparece como una novia que se mostrara adornada con sus galas, hecha de flor de harina, teñida con azafrán”.
La confección de estas “ciudades de pasta” era bastante laboriosa. En los recetarios de la época se recoge la elaboración con azúcar de los personajes que se querían representar, especialmente “los sabios magos” mencionados en los evangelios, que después los cristianos occidentales han rebautizado como “reyes magos”, y una virgen engalanada a la que “adornan como si se tratase de una desposada subida en su estrado, tras la cual no se cerraran las puertas”. También se elaboraban figuras de árboles, animales y un alcázar con sus murallas y torreones.
Las personas más pudientes hacían estas “ciudades” de pasta y azúcar en sus casas para compartirlas con la familia, aunque algunas eran tan desmesuradas y adornadas de forma tan exagerada con multitud de productos que se consumían en esas fiestas que utilizaban una parte para venderlas en los puestos callejeros, tal y como describía el ceutí al-Azafi: “Nos ha contado más de un viajero que en algunas ciudades de al-Andalus estos puestos llegan a valer setenta dinares o más, por los quintales de azúcar que contienen, las arrobas de alfeñiques, la variedad de frutas frescas, bolas de dátiles, sacos de pasas e higos, de diferentes clases, especies y variedades, y toda suerte de cascajo: nueces, almendras, avellanas, castañas, bellotas y piñones; amén de caña de azúcar, y toronjas, naranjas y limas de la mejor calidad.”
En la “nochebuena” se solían comer frutas, frescas y secas, verduras, cocidos de pescado en salazón y dulces. No se comía carne. Parte de esas tradiciones culinarias, como la tradición de comer dulces en esas fiestas, han llegado a nuestra época, especialmente los turrones, alfajores y mantecados, que en aquella época se hacían con manteca de otros animales distintos al cerdo. Aunque en la cena de nochebuena se han ido introduciendo las carnes, en muchas casas se sigue la tradición andalusí, compartida con otras culturas, de comer pescado esa noche.

