Cozvíjar recupera la memoria de la matanza el próximo sábado

La localidad celebra el 17 de enero su X Fiesta de la Matanza, una jornada que busca recuperar y transmitir una de las costumbres rurales más emblemáticas del Valle de Lecrín y de Andalucía

Cozvíjar se prepara para celebrar, el próximo sábado 17 de enero su X Fiesta de la Matanza, una jornada que busca recuperar y transmitir una de las costumbres rurales más emblemáticas del Valle de Lecrín y de la Andalucía profunda. Esta celebración, que tendrá como escenario la Casa de la Cultura, combina actividades culturales, gastronómicas y sociales para recordar la importancia que tuvo la matanza del cerdo en la vida de generaciones pasadas.

La matanza del cerdo, tradicionalmente realizada en los meses fríos del invierno, fue durante siglos una parte esencial de la vida familiar y comunitaria, ya que proporcionaba carne y embutidos para alimentar a la familia durante todo el año. Aunque con el paso del tiempo esta práctica ha ido desapareciendo en los hogares, eventos como la Fiesta de la Matanza buscan poner en valor ese patrimonio cultural inmaterial y acercarlo a las nuevas generaciones.

El programa de la Fiesta

La jornada festiva incluirá una ruta de senderismo por el entorno del municipio, comida popular en la que se degustará olla de San Antón y plato alpujarreño, stands de gastronomía y artesanía local, música en vivo y animación, sorteos y talleres. Se trata de una ocasión para compartir, disfrutar y aprender en familia sobre una tradición que marca la identidad rural de Cozvíjar y de buena parte de Andalucía.

La matanza era mucho más que sacrificar un animal, era un rito colectivo cargado de significado, trabajo compartido y convivialidad. La organización y ejecución de todas las tareas reunía a familiares y vecinos, integrando saberes culinarios y sociales que se transmitían de generación en generación.
Antes del gran día, se acondicionaban las herramientas y recipientes necesarios: grandes calderos para hervir agua, cuchillas afiladas, recipientes de barro o “lebrillos” para recoger la sangre, y todo lo necesario para elaborar los embutidos. El animal era sacrificado al amanecer por el matarife.

Tras el corte, la sangre se recogía cuidadosamente para utilizarla en la elaboración de productos como la morcilla. Una vez muerto, el cerdo se colgaba y se le abría el vientre para extraer las entrañas. Luego se separaban cabeza, lomos, costillas y otras partes aprovechables. Todas las partes útiles se reservaban para diferentes usos. Las tripas eran lavadas con agua, vinagre, limón y sal para eliminar impurezas.

Estas servirían de envoltorios naturales para los embutidos como chorizos, morcillas y salchichones. Con la carne picada y las especias preparadas, las mujeres de la familia y las vecinas se encargaban de amasar y sazonar las mezclas que luego se embutían en las tripas. Era un trabajo manual y laborioso que podía prolongarse varias horas. Jamones, paletillas, tocino, espinazo y papadas se salaban y colgaban para curar; así se aseguraba su conservación durante largos meses.

Estas tareas no solo garantizaban el sustento alimentario de la familia, sino que también fortalecían los lazos comunitarios y generaban momentos de convivencia y celebración compartida.

Eventos como la Fiesta de la Matanza de Cozvíjar conectan el presente con un pasado donde la autosuficiencia rural era una necesidad y a la vez una forma de vida. Hoy, aunque la mayoría de las familias ya no realiza matanzas en sus hogares, la festividad permite acercarse a esta tradición y entender su importancia en la historia social y gastronómica de Andalucía.

La X Fiesta de la Matanza de Cozvíjar es, por tanto, una oportunidad para celebrar el patrimonio cultural rural, honrar la memoria de quienes hicieron de esta tradición una parte esencial de la vida del valle y mantener viva una historia compartida que merece ser recordada y transmitida.