Cuando el príncipe Juan Carlos visitó Padul

Llegó casi sin avisar, acompañado por autoridades de Granada y personas de su entorno, en un coche que se detuvo en el centro mientras la gente empezaba a arremolinarse con curiosidad

“Eso fue un domingo de primavera”, decían los mayores, el 12 de abril de 1959, un día claro de esos en que el pueblo huele a campo y a cal recién dada.

Llegó casi sin avisar, acompañado por autoridades de Granada y personas de su entorno, en un coche que se detuvo en el centro mientras la gente empezaba a arremolinarse con curiosidad.

Lo invito uno del Padul que estudiaba con él en la Academia General Militar de Zaragoza y que en 1986 ya había llegado a teniente coronel de Ferrocarriles en Sevilla.

“Que dicen que es el príncipe Juan Carlos…”, corría el comentario de puerta en puerta .

Paseó tranquilo por las calles, saludando a vecinos, mirando escaparates y hablando con naturalidad, como uno más. Las mujeres salían con el delantal y los hombres se descubrían la cabeza al verlo pasar.

Hizo parada en el Bar Emilio, donde se tomó algo y charló con los parroquianos. Allí, entre risas, alguien soltó aquello de “¡Si lo sabemos, le ponemos unas habas con jamón!”

Y el ambiente se llenó de cercanía y buen humor.

Pasó por la plaza y el entorno de la iglesia, mientras los chiquillos lo seguían a cierta distancia, intrigados por aquel joven visitante tan amable.

Quiso también mirar hacia la vega, preguntando por los cultivos y por la laguna, interesado en la vida del pueblo.

Al día siguiente regresó hacia Granada y partió desde el aeródromo de Armilla, dejando tras de sí una historia que aún se recuerda en conversaciones y recuerdos compartidos.

Y cuentan que, tiempo después, volvió de nuevo, ya casado, acompañado por doña Sofía, siendo recibido otra vez con la misma mezcla de sorpresa y cariño.

“Fue una visita sencilla”, dicen los mayores, pero de esas que no se olvidan… porque durante unas horas el pueblo sintió que la historia caminaba por sus calles.

 Y todavía hoy, cuando sale el tema en una tertulia, alguien acaba diciendo:

“Yo me acuerdo… yo lo vi aquel día.”

El Segundo viaje a Padul

Todo hace indicar que fue en los primeros meses tras su boda en Atenas, en mayo de 1962, los entonces príncipes Juan Carlos I y Reina Sofía realizaron diversos desplazamientos por Andalucía dentro de una etapa de viajes de cercanía y contacto con la población. Entre esos recuerdos perdura con especial cariño el paso por Padul, en el corazón del Valle de Lecrín.

Una visita esperada… incluso bajo la lluvia

A diferencia de la primera visita del joven príncipe en 1959 —más discreta—, en esta ocasión el pueblo sí estaba informado. Numerosos vecinos salieron a recibir a la joven pareja, llenando calles y plazas de expectación, pese a que la lluvia hizo acto de presencia sin lograr enfriar el ambiente festivo.

Se recuerda que una niña del pueblo entregó a la princesa Sofía un ramo de flores, gesto sencillo que simbolizó el cariño de los paduleños hacia los recién casados.

Encuentro en el bar de siempre

Los príncipes fueron recibidos de nuevo en el Bar Emilio, entonces regentado por Manuel Cenit, convertido ya en lugar emblemático de aquellas visitas. Allí compartieron momentos distendidos con vecinos y autoridades locales en un ambiente cercano y cordial.

Recorrido por el centro del pueblo

Según la memoria oral y crónicas locales, el paso por Padul incluyó:

Paseo por el centro histórico y entorno de la iglesia.

Saludos a vecinos que llenaban las calles.

Conversaciones espontáneas con comerciantes y familias.

Fue una visita breve, sin gran protocolo, pero muy significativa para la población.

Un recuerdo que perdura

Para muchos vecinos, aquella jornada quedó grabada como un día especial: la joven pareja real caminando bajo la lluvia entre la gente, sonriendo y compartiendo cercanía. Historias que aún hoy se evocan en tertulias, fotografías familiares y relatos transmitidos de generación en generación.