Cuando la radio se convierte en conciencia
Radio Dúrcal acoge una tertulia para pensar el mundo en el programa "En buenas manos", conducido por Manuel Esturillo, que me invitó a compartir tertulia con el periodista Francisco Terrón.
El programa arrancó con una reflexión crítica de Esturillo sobre el uso que Donald Trump está haciendo del Despacho Oval como tribuna de advertencias y amenazas. El presentador cuestionó sus declaraciones sobre la posibilidad de cortar relaciones comerciales con España por la postura del presidente Pedro Sánchez ante la guerra en Irán, calificando aquellas palabras de bravuconadas difíciles de sostener en la práctica y más propias del gesto teatral que de la diplomacia.
Francisco Terrón recogió el hilo con una mirada analítica y serena. Recordó que Trump ha convertido el cambio constante de posición en una forma de gobernar y que su política suele estar guiada, sobre todo, por los negocios. En su opinión, cortar relaciones comerciales con España no sería tan sencillo, ya que los acuerdos se articulan a través de la Unión Europea y su política comercial común. Sin embargo, advirtió de algo más profundo: la actitud del dirigente estadounidense está contribuyendo a erosionar el orden internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial, ese frágil equilibrio de normas que durante décadas sostuvo la convivencia entre las naciones. Europa —dijo— debería encontrar la firmeza necesaria para plantar cara a esa deriva.
La conversación se desplazó entonces al terreno militar. Esturillo recordó unas declaraciones de Trump en las que afirmaba que en las bases estadounidenses instaladas en España podría hacer lo que quisiera. Sin embargo, el acuerdo bilateral establece que instalaciones como Morón o Zaragoza son de uso conjunto y que cualquier carga militar destinada a operaciones bélicas debe ser comunicada previamente. Terrón admitió que, en la práctica, resulta muy difícil controlar qué transportan realmente los aviones que despegan de esas bases, pero insistió en la necesidad de no normalizar la ruptura de las normas internacionales.
El programa entró entonces en una dimensión más amplia del conflicto. Esturillo mencionó que, hasta el día de la emisión, se habían registrado más de dos mil incursiones aéreas desde el inicio de la guerra a finales de febrero. Terrón puntualizó que muchas de ellas se realizan mediante drones, una tecnología que está transformando la naturaleza misma de los conflictos armados. La tragedia —añadió— es que nunca sabremos el número real de víctimas, porque a los periodistas se les niega el acceso a muchas de las zonas afectadas.
En ese punto intervine para discrepar abiertamente de algunas de las interpretaciones planteadas. Según mi análisis, Estados Unidos sí podría paralizar de facto parte del comercio con España utilizando a las empresas norteamericanas intermediarias en los intercambios comerciales. También expresé mi escepticismo sobre la capacidad real de la Unión Europea para proteger a España en un momento de crisis.
Para ilustrarlo, recordé cómo Francia ha extendido su paraguas nuclear a otros países europeos, pero no a España, y mencioné la falta de reacción del canciller alemán Friedrich Merz cuando Trump atacó públicamente a España durante una rueda de prensa en el propio Despacho Oval. A mi juicio, esa actitud revela una Europa que con demasiada frecuencia prefiere evitar el enfrentamiento con Washington.
El debate penetró entonces en el corazón del conflicto. Señalé el doble rasero de la política internacional: Irán es acusado de querer desarrollar armas nucleares mientras Israel —que no pertenece al Tratado de No Proliferación Nuclear— posee un arsenal estimado en centenares de cabezas nucleares sin haber sido sometido a inspecciones internacionales. Ese desequilibrio, advertí, alimenta la tensión en todo Oriente Medio y puede provocar reacciones en cadena en distintos países y movimientos de la región.
Quise aportar además una experiencia personal. Recordé un viaje que realicé a Irán en 2010. Durante dos semanas recorrí el país y encontré una sociedad cordial, culta y hospitalaria, muy distinta de la imagen simplificada que a menudo se proyecta en Occidente. Me encontré una sociedad compleja, con tensiones políticas, pero también con una población abierta y consciente de sus propios cambios.
Repasé asimismo algunos episodios que han marcado la escalada del conflicto en la última década: el asesinato en Bagdad del general iraní Qasem Soleimani por parte de Estados Unidos, el bombardeo israelí del consulado iraní en Damasco para eliminar a miembros de la cúpula de la Guardia Revolucionaria o los ataques contra instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025. Aquella ofensiva desencadenó una guerra de doce días que demostró que el escudo antimisiles israelí no era tan impenetrable como se pensaba.
Desde entonces, la tensión no ha dejado de crecer hasta desembocar en la guerra iniciada a finales de febrero de 2026, un conflicto cuyo desenlace resulta imposible de prever.
Mi preocupación fue aún más lejos. Advertí que la política de hechos consumados y el creciente desprecio por el derecho internacional podrían acabar provocando que China se sintiera legitimada para invadir Taiwán. Si eso ocurriera, la crisis regional podría transformarse rápidamente en una confrontación global de consecuencias imprevisibles.
En la última parte del programa coincidimos en una inquietud común: el progresivo deterioro del sistema internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. La erosión de las normas, el uso creciente de la fuerza y la política de hechos consumados están configurando un mundo cada vez más inestable.
La conclusión fue tan sobria como inquietante: cuando las reglas desaparecen y las grandes potencias actúan sin límites, el mundo entero se vuelve más frágil. Y en medio de esa incertidumbre, la radio —con su palabra pausada y su vocación de diálogo— sigue siendo uno de los pocos lugares donde todavía es posible detenerse a pensar.

