«El patrimonio y el paisaje del Valle de Lecrín es muy variado y ofrece muchas posibilidades, pero también es frágil, por lo que hay que acercarse a él y disfrutarlo siempre de una manera respetuosa»
El sábado 18 de abril la autora María Gracia Aguado presenta en el Centro Cultural Alauxa de Pinos del Valle, su libro “La memoria del agua en el Valle de Lecrín”.
El sábado 18 de abril la autora María Gracia Aguado presenta en el Centro Cultural Alauxa de Pinos del Valle, su libro “La memoria del agua en el Valle de Lecrín”.
A las 19h tenemos una cita con el patrimonio hidráulico del Valle de Lecrín. Con motivo de este trabajo que reivindica la necesidad de conservación y puesta en valor de los lugares en los que el agua dejó impresa su huella, hemos entrevistado a la escritora para profundizar en su estudio. Nuestras tradiciones e identidad se han forjado a partir del concepto y tratamiento del agua para nuestro desarrollo territorial con especial relevancia de nuestro pasado andalusí.
A partir de este libro, cuya primera edición ha sido respaldada por la Mancomunidad de Municipios del Valle de Lecrín, compartimos esta conversación tan especial con su autora María Gracia Aguado Molina.
¿Qué te llevó a elegir este tema para tu trabajo?
Durante el último año de la carrera, debía escoger un tema de investigación para realizar el Trabajo de Fin de Grado (TFG). Yo tenía claro que quería hacerlo sobre algo relacionado con el Valle de Lecrín, concretamente con algo que tuviera que ver con la agricultura. Mis abuelos han sigo agricultores aquí, por lo que pensé que ellos y mi familia iban a poder ayudarme. Además, así resultaría un trabajo más interesante y que incluso hablara de mí.
Cuando comencé a investigar fui descubriendo el rico patrimonio hidráulico que posee la comarca y, conforme iba aprendiendo, más me iba apasionando el tema. Me di cuenta de que este patrimonio no sólo es importante por su antigüedad, sino también por ser generador del paisaje que vemos actualmente y porque habla de nosotros y el origen de nuestra cultura. Desde pequeña me ha fascinado ese paisaje que parecía tan natural, pero que con el tiempo entendí que estaba profundamente construido por generaciones anteriores. Quería comprender el origen de ese entorno y poner en valor algo que muchas veces pasa desapercibido, incluso para quienes habitamos aquí.
¿Qué historias o elementos te sorprendieron más durante la investigación y el proceso de desarrollo?
Durante la investigación hubo muchos momentos de sorpresa, pero quizá lo que más me impactó fue descubrir la complejidad y la inteligencia de la red hidráulica. Me impresionó comprobar cómo, hace siglos, se diseñaron sistemas capaces de repartir el agua de forma precisa y equilibrada, por gravedad, sin bombas ni electricidad, y que además siguen funcionando hoy. También me resultó muy interesante el complejo sistema defensivo que poseía el Valle en época musulmana, con castillos y torres defensivas que podían comunicarse a kilómetros de distancia y que poseían brillantes infraestructuras para almacenar y acceder al agua.
En contraste con todo eso, me sorprendió el enorme vacío de información escrita sobre muchos de estos elementos que componen el patrimonio hidráulico, a pesar de su importancia. A su vez, me llamó la atención el estado de abandono en el que se encuentran muchas infraestructuras, a pesar de su importancia histórica y cultural, como si hubiéramos dejado de valorar aquello que durante tanto tiempo fue esencial.
El título es muy evocador, ¿qué riesgos crees que amenazan hoy esa “memoria del agua”?
Cuando hablo de la “memoria del agua”, lo hago pensando en la imborrable huella que ha dejado su existencia y manejo en el Valle y, a su vez, aludiendo a ese riesgo de olvido. Hoy en día el patrimonio hidráulico está amenazado por varios factores: el abandono de la agricultura que conlleva la despoblación que está experimentando la comarca, la obsolescencia de los usos originales de algunas arquitecturas y una desconexión cada vez mayor entre las personas y el territorio.
A eso se suma la situación de sequía que estamos viviendo, que está haciendo desaparecer fuentes y alterando el equilibrio hídrico, dejando a las arquitecturas del agua sin alma. El mayor peligro no es solo físico, sino también cultural: que dejemos de entender lo que significa todo este sistema y, con ello, perdamos una parte de nuestra identidad.
¿Qué medidas podrían ponerse en marcha para preservar nuestro patrimonio hidráulico?
Creo que para preservar este patrimonio es fundamental, en primer lugar, conocerlo, comprenderlo y valorarlo. Por eso es tan importante investigar, documentar y difundir, tanto para concienciar a la población, como a las instituciones.
También es necesario intervenir de forma directa y aquí es donde está la complejidad. Parte de la red hidráulica sigue en uso, está viva y tiene que seguir siendo útil, por lo que los elementos que la conforman no deben quedar como piezas intocables de museo. Hay que entender que muchas de ellas deben adaptarse a las tecnologías y modos de vida actuales para ser más eficientes y continuar en uso, puesto que, de lo contrario, se acabarán abandonando. Por tanto, hay que entender la evolución como algo positivo e incluso intrínseco a la red hidráulica, que ya ha ido sufriendo modificaciones a lo largo de su historia. La clave está en cómo modernizar, restaurar y dar nuevos usos a las infraestructuras de una forma respetuosa con su propia historia y, además, tratar de fomentar prácticas agrícolas que las mantengan vivas.
Los organismos públicos tienen un papel muy importante, pues deben crear planes de intervención que actúen en el conjunto de la red, entendiéndola como un todo, y designando figuras de protección que atiendan a los valores de cada elemento.
En un contexto de cambio climático marcado por el calentamiento global, ¿qué nos enseña el pasado del agua en el Valle de Lecrín?
La gestión del agua que hicieron especialmente los musulmanes nos demuestra que es posible gestionar un recurso escaso de manera eficiente y sostenible, adaptándose al medio en lugar de imponerle soluciones externas. Las acequias, por ejemplo, no sólo distribuyen el agua, sino que también recargan acuíferos y mantienen el equilibrio del paisaje. Son sistemas que nacen del conocimiento profundo del territorio.
Frente a los desafíos actuales, creo que mirar al pasado es una forma de aprender de las estrategias que ya demostraron ser eficaces y reinterpretarlas para adecuarse a los modos de vida y las tecnologías actuales.
Por otro lado, la historia de la red hidráulica nos enseña a valorar el agua, no sólo como un elemento necesario para regar nuestros campos, sino como un recurso imprescindible para poder cubrir todas las necesidades del cuerpo y del espíritu, tal y como consideraban los musulmanes. Escuchar el rumor de las acequias y contemplar las fuentes transmite paz al ser humano, aportando usa dimensión sensorial.
¿Qué le dirías a alguien que nunca ha visitado el Valle de Lecrín para invitarlo a descubrirlo?
Le diría que el Valle de Lecrín es mucho más que un paisaje bonito, es un lugar donde historia, naturaleza y cultura se entrelazan de forma única. Es un lugar que a simple vista sorprende, pero que, si se recorre y se descubre poco a poco, acaba mostrando una riqueza mucho mayor. No hay que quedarse con la imagen del paisaje, que ya de por sí es precioso, sino que hay que apreciar y comprender lo que hay detrás: la orografía moldeada por el agua durante milenios, el sonido de los ríos y acequias, los restos de antiguos molinos y sus historias, los huertos y cultivos y el enorme trabajo que esconden.
Precisamente aquí está su riqueza, en todo lo que guarda y en todo lo que aún tiene por descubrir y contar. El patrimonio y el paisaje del Valle es muy variado y ofrece muchas posibilidades, pero también es frágil, por lo que hay que acercarse a él y disfrutarlo siempre de una manera respetuosa. Sólo así se puede entender en toda su dimensión y valorar lo que representa.
Visitar el Valle de Lecrín es una experiencia que invita a mirar con calma y a detenerse en los pequeños detalles. Cada rincón aporta algo distinto y ayuda a entender mejor su identidad.

