En abril llegó la luz

Hoy más de cien años después el hito del progreso que nos trajo la central hidroeléctrica, la dejó anclada en nuestros recuerdos y sumergida en las aguas del pantano de Béznar

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El 19 de abril de 1908, llegaba a los pueblos de la parte sur del Valle de Lecrín la luz eléctrica. La inauguración de la fábrica San Antonio en Melegís, proyecto impulsado por la iniciativa privada del rico ingeniero e industrial Don Francisco Castro Aparicio, propietario también de la aceitera, la fábrica de conservas y el antiguo molino de piedras horondas sobre el que emergía el nuevo edificio en el río, vino a completar el mapa de centrales hidroeléctricas de la Comarca. 

Las obras comenzaron un año antes con la construcción de la presa y el canal de conducción en la confluencia del río de Restábal con el de Melegis, paralelamente a la construcción de la fábrica y dependencias para su funcionamiento y para el personal. En una jornada festiva, que comenzó con la bendición de la maquinaria, edificios y el canal por el párroco Don Eduardo Rebollo, continuó la ceremonia con el ofrecimiento de varias paellas y vino a los obreros y personal subalterno, mientras en el salón de la fábrica construido para actos análogos se sirvió un espléndido lunch donde los alcaldes y autoridades de Béznar, Mondújar, Talará, Chite, Izbor, Pinos del Valle, Melegís, Saleres, Restábal y Albuñuelas y representantes de ilustres familias de la burguesía comarcal celebraron y brindaron por el éxito de la empresa aclamando la intervención del Señor Castro y del constructor Don Agustín Caro Riaño, que expusieron los trabajos realizados y las dificultades vencidas para lograr en tan corto espacio de tiempo la terminación del proyecto. 

Este fue el cortejo encargado de inaugurar una nueva era con la llegada de la luz eléctrica a estos pueblos, invento que revolucionó a nuestros antepasados cuando vieron que la luz prolongaba el día, iluminaba calles y plazas primero y los hogares después, los faroles de aceite o gas que alumbraban los espacios públicos y los candiles de las casas irían relegándose al rincón del olvido. Para la industria supuso una auténtica revolución, la electrificación de instalaciones de molinos, fábricas de conservas, jabonerías, destilerías, comercios… La luz proporcionaba más rendimiento en menos tiempo, progreso y modernidad venían de la mano.

En 1909 se produce la fusión de la fábrica San Antonio y la de Cozvíjar, propiedad de Antonio Tuset (personaje muy importante e influyente en el desarrollo económico de la Comarca) quien creó la primera empresa eléctrica de la provincia de Granada, denomina Fuerzas Motrices del Valle de Lecrín, que en su trayectoria fue absorbida por varias empresas hasta que en los años 60 pasó a gestionarla Sevillana hasta que dejó de funcionar en los 70. 

El enclave de la fábrica era un lugar de belleza natural, rodeado del sombreado de alamedas, los naranjales y el río prestaban un gran encanto. Los que la conocimos hurgamos en la memoria y se iluminan escenas de baños en pandilla, de juegos sobre el embovedado del canal, jueves larderos, excursiones escolares, reuniones de amigos y comidas familiares a la sombra y frescura de la intensa vegetación, y como no, ese componente romántico que daba al lugar un toque atractivo donde algunas parejas se declararon amor. La festividad el 15 de agosto que se celebraba en la junta de los ríos de Melegís y Restábal lo envolvía de melodía musical cuando alguna rondalla desplegaba sus sones a ritmo de bandurria y guitarra amenizando la fiesta. 

Hoy más de cien años después el hito del progreso que nos trajo la fábrica, la dejó anclada en nuestros recuerdos y sumergida en las aguas del pantano de Béznar, no sin antes desnudarla de todos los atributos que la rodeaban y embellecían. El patrimonio natural que se destruyó con la tala de todos los árboles y vegetación se transformó en un paisaje desolador ante los ojos de los que perplejos veíamos como se finiquitaba una parte importante de nuestra historia y patrimonio, mientras el pantano se llenaba de agua e iba engullendo cortijos, molinos, acequias, el barrio bajo de Béznar y por último la fábrica de la luz, quedando como testigo la casa que albergaba al guarda del recinto, en la orilla del embalse sus restos permanecen desafiantes al tiempo. 

Los episodios de sequía que a intervalos hemos sufrido y han disminuido el caudal del agua embalsada han sido momentos propicios que han mostrado parte de la estructura de hierro de la fábrica y dependencias del canal , elementos que se han exhibido achacosos y minusválidos ante los ojos de los que han peregrinado hasta el lugar para comprobar la realidad de lo que la conocieron, los que no, han capturado fotos y selfies como instantáneas curiosas. Si existe una monumentalidad que sobrecoge al visitante es la de una estructura enterrada o desconocida que se muestra emergente, y que se convierte en noticia de amplio espectro cuando se comparte en las redes sociales y las aderezan con alguna leyenda que han oído a los habitantes del lugar.

El progreso nos trajo la fábrica, y el progreso nos privó de ella, recordarla es la mayor de las alegrías y la mayor de las tristezas.

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