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Cónchar, el pueblo de las granadas

Esta localidad del Valle de Lecrín es famosa desde tiempos inmemoriales por el fruto del granado rico y jugoso que se cría en las fincas rurales

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Cónchar el pueblo de los granadas
el agricultor y cosechero de granadas de Cónchar, José Enriquez, acompañado de sus amigos Roque y Emilio. Foto de Rafael Vílchez

En otoño abundan los frutos del granado en la localidad de Cónchar, desde 1974 perteneciente junto a Cozvíjar al municipio de Villamena, en la comarca del Valle de Lecrín. Centenares de personas de otros lugares acuden cada año a Cónchar para adquirir a los agricultores las célebres granadas que cultivan con mucho mimo en sus bancales. Este precioso pueblo es también famoso por sus fiestas, incluida la del vino mosto, tradiciones, oferta turística, monumentos, gastronomía, deliciosos ‘Danielitos’ elaborados en la tahona, etcétera..

En algunas civilizaciones la granada es símbolo de amor, fertilidad y prosperidad. Expertos como el prestigioso especialista en Medicina Interna y Medicina de Familia Antonio José Ruiz Morales (de Cónchar) la recomienda para fines diuréticos, mejorar la sangre, disminuir la hipertensión, como antioxidante, etcétera.

Uno de los cosecheros de granadas de Cónchar es José Enríquez. “Yo empecé a ayudar a mis padres José y Josefa en el campo cuando cumplí seis años guardando cabras y marranos por estos campos. Después comencé a labrar la tierra de sol a sol y, entre otras cosas, a cultivar granados que según decían los antiguos provenían de los repobladores de Fuente de Piedra (Málaga). Recuerdo que algunos de estos árboles producían más de 300 kilos de fruto. Mucha gente de otras zonas acudía a mi pueblo con bestias a comprar granadas para su familia y para revenderlas en otras partes”, rememora este agricultor que se ha convertido en el más veterano de Cónchar.

Según José Enríquez “antes más que ahora, en cada casa de Cónchar se colgaban manojos de granadas con esparto en los techos de los camarotes y en otras habitaciones para que se conservaran bien hasta el año siguiente. Las cáscaras de las granadas se secaban y endurecían con el paso de los días, pero el grano seguía y sigue intacto, muy rico y jugoso. Ahora se produce menos cantidad de granadas que antes porque el campo está casi abandonado porque la tierra es muy sufrida y no deja beneficios a quien la labra. Yo tengo siete hijos y ninguno es agricultor porque en otro lugar u oficio ganan más y están menos ‘aperreados’ en la tierra. En Cónchar cuando ahora muere el amo de una finca muere también su trozo de terreno”, manifiesta este agricultor.

José Enríquez recuerda cuando el campo de Cónchar se labraba en su totalidad para sacar cada familia su casa adelante. “Los granados se solían plantar en las orillas de las fincas para aprovechar la tierra para otras cosas. Antiguamente en este lugar se solían curar muchas veces los resfriados con zumos de granadas. El granado es un arbusto que necesita un clima templado para crecer y vivir sin problemas más de un siglo. El clima y el terreno de Cónchar son idóneos para criar granados de gran calidad. Las granadas de mi pueblo gozan de gran renombre desde tiempos inmemoriales y mientras Dios me de fuerzas seguiré ‘pegado’ a la tierra cosechando granadas para mantenerme en forma, venderlas a poco más de un euro el kilo las más hermosas y porque me encanta estar en plena naturaleza”, termina diciendo.

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