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Rafael Moya, el inventor de las famosas cuñas ‘Joseíco María’ de Lanjarón

Tanta fama consiguieron los ya desaparecidos dulces de este gran artesano de Lanjarón, que acudían muchísimas personas de otros lugares de Granada para adquirirlos

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Se llama Rafael Moya Fernández y nació en Lanjarón hace 88 años. Pues bien, este hombre se hizo famoso en su pueblo gracias a las cuñas bautizadas con el nombre de su padre: ‘Joseíco María’ que elaboró hace años con un toque personal en su obrador situado en el Barrio Hondillo, junto a la Piedra del Castaño. Uno de sus hijos, Rafael, siguió sus pasos y ahora trabaja en la tahona de la familia Jiménez haciendo cuñas y otros dulces. José María, el padre de Rafael fue también panadero. Su madre, Filomena, trabajó en la fábrica de harina y panadería de Antonio Reyes.

Rafael aprendió a leer, escribir y hacer cuentas con don Ramón y don Antonio. Su hermano Antonio falleció hace 14 años. A corta edad Rafael comenzó a trabajar en su finca ubicada en ‘La loma de las vacas’. El servicio militar lo realizó en Intendencia de Granada. Tanta fama tomó sus cuñas, roscos, tortas y otros dulces que dejó de hacer pan. Muchísimas personas viajaron a Lanjarón para, y entre otras cosas, degustar las célebres cuñas bautizadas con el nombre de ‘Joseíco María’. Rafael contrajo matrimonio con Isabel Cabrera Mingorance y tuvieron tres hijos y una hija: Rafael, José María, Antonio Ismael e Isabel, que le han dado 8 nietos. Este matrimonio pudo ir de viaje de novios a Zaragoza y Madrid acompañado de la hermana de Isabel y su marido que también se casaron el mismo día. Paco Gallegos fue el encargado de llevarlos y traerlos en su vehículo de trasporte público.

Rafael Moya es también un amante de la agricultura, las bicicletas, las motos y los coches. Siempre ha tenido vehículos. El primer carnet de conducir lo obtuvo hace 65 años. Su primer vehículo fue un biscuter y con él se examinó en Granada capital con el profesor de autoescuela don Ramiro. “Fui de los primeros en tener vehículo en Lanjarón. Eran otros tiempos donde las carreteras estaban vacías de coches. Abundaban más las bicicletas, los carros, las caballerías y las motocicletas. Y refiriéndome ahora a nuestros dulces diré se vendían muy bien porque se hacían con mucho sabor a pueblo. Eran deliciosos. Mi familia me ayudaba a elaborarlos y venderlos en la tienda y por las calles”, recuerda el creador de la cuñas de ‘Joseíco María’.

“Aparte de las famosas cuñas de ‘Joseíco Maria’ en aquellos entonces acudían a Lanjarón muchísimas personas a tomar las aguas. Venía mucha gente de Marruecos. Hasta la familia real de ese país se acercaba a Lanjarón. También acudía mucha gente a adquirir carne de ternera de La Alpujarra. Recuerdo que los carniceros de Lanjarón mercaban unos terneros de la sierra que eran superiores a los demás. Además, la fruta de Lanjarón tenía mucha fama. Todos los días salían tres camiones de los de antes, más pequeños, cargados para Granada capital. Los castaños se cuidaban mucho y producían también mucho fruto. El matadero municipal se encontraba en el ‘Callejón de Dieguito’, al lado del horno. Yo, aparte de mi profesión, siempre he dedicado una habitación de mi casa para las herramientas y hacer reparaciones de todo tipo. A un servidor le encantan los inventos y las reparaciones. También me ha gustado la cacería”, reconoce Rafael Moya.

La mujer de Rafael Moya ha trabajado en Lanjarón de peluquera con su hermana durante más de 40 años. Cuando Isabel cogió por primera vez el peine y las tijeras, tenía 16 años, y su hermana 15 años. Rafael Moya trabajó también como peluquero de señoras pero tuvo que dejarlo porque no podía compaginar los dos trabajos. Rafael realizó el curso de peluquero de señoras en Barcelona y al igual que las cuñas, los roscos, las tortas, los arreglos, inventos… se le daban y siguen dando muy bien.

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