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Don Juan José Patricio María Bonel y Orbe, de Pinos del Valle a consejero y confesor de la reina Isabel II y primado de España

Entre otras cosas, fue el responsable de la construcción de la iglesia de San Sebastián, en el barrio alto de Pinos, que no pudo ver acabada tal y como él había mandado que se hiciera

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El Valle de Lecrín, ha servido de cuna a personajes, que sin duda han sido claves en la conducción de la historia de nuestra Comarca. Uno de los grandes ilustres es el personaje del que hoy os vengo a hablar, el cual tiene una extensísima biografía, o lo que es lo mismo, un abultado currículum, siendo de los más influyentes en la segunda mitad del siglo XIX.

Se trata del Excelentísimo Señor Don Juan José Patricio María Bonel y Orbe, hijo de Nicolás Bonel Martín y Ana María de Orbe. Nació en Pinos del Valle el 17 de Marzo de 1782, siendo bautizado en su parroquia por Don José Nicolás de Orbe, actuando como comadre Doña Ana de Orbe, vecina de Jayena, y como testigos Don José Marín y Castillo, Don José Alonso de la Torre y Don Alonso Moreno, todos vecinos de este santo lugar.

A los catorce años, vistió beca de jurista en el Real Colegio de San Bartolomé y Santiago de Granada, para llegar posteriormente a Doctor y Catedrático en Cánones de su Universidad, siendo Fiscal general del Arzobispado y cura propio de la parroquia de San Pedro y San Pablo de Granada en diciembre de 1805. Posteriormente, Canónigo Doctoral y Arcediano de Antequera, de la Iglesia de Málaga. En 1827 ocupó la vacante de Gobernador Provisor y Vicario General de la Diócesis de Málaga. Fue electo obispo de Ibiza en julio de 1830, cargo que ocupó brevemente, ya que en octubre del mismo año pasó a desempeñar el cargo de Obispo de Málaga por el fallecimiento de su predecesor. Trasladado, finalmente, a la santísima Iglesia de Córdoba en julio de 1833.

Cuatro años después fue designado Arzobispo de Granada, por el gobierno del Duque de Frías, aunque no llegó a ser confirmado por el Papa, continuando por tanto como obispo de Córdoba. Fue senador por Almería los años 1837 y 1838, y por Granada en 1840. En estos años es elegido Patriarca de las Indias Occidentales por un periodo de ocho años, que compaginó con el Pontificado de Córdoba, a la vez que Procapellán y limosnero de su Majestad.

A consecuencia de su patriarcado, lo ordenaron caballero de la Real Orden de Isabel la Católica (creada por Fernando VII), con el fin de premiar la lealtad acrisolada y los méritos contraídos en favor de la prosperidad de aquellos territorios.

Designado como Vicario General Castrense, es condecorado con la Gran Cruz de la Real y muy distinguida Orden de Carlos III, que se otorga con el lema “Virtuti et Merito” a personas distinguidas por sus buenas acciones en beneficio de España y la Corona.

En 1847, fue preconizado y confirmado como Arzobispo de Toledo. A este cargo le acompaña el tratamiento de Primado de España, título que ostenta esta diócesis desde el siglo VII, ya que anteriormente a este tiempo, lo portaba la diócesis de Cartagena desde el siglo I. En el consistorio de septiembre de 1850 como presbítero del título de Santa María de la Paz, por el Papa Pio IX, es creado cardenal de la Santa Iglesia Romana.

Destacando sus pastorales dadas en Madrid y publicadas por Don Antonio Aguado López como secretario, siguiendo el mandato de su Cardenal. Estas son dirigidas al venerable Deán y Cabildo de nuestra santa Iglesia primada, a los presidentes y cabildos de las iglesias de Alcalá de Henares y las Colegiales, a los Vicarios y párrocos, clero, religiosas y fieles de nuestra Diócesis.

La primera rogativa pública de estas pastorales, animaba a que todos los miembros de la iglesia orasen por el Santo Padre Pio IX, obligado a huir a Gaeta (una localidad de Lazio) tras la ocupación del Vaticano por las tropas de Garibaldi en 1848, exilio que duraría hasta que el general Narváez, Presidente del gobierno español, decide promover el restablecimiento del pontificado en su sede.

En la segunda rogativa, solicitó a los feligreses que uniesen sus plegarias y oraciones, para inclinar la misericordia de Dios a fin de terminar con la sequedad constante de la estación, que de prolongarse, amenazaba con días de escasez, miseria y hambre.

Su última pastoral sirvió para anunciar una buena nueva, que estaba próximo un día grande para la Iglesia. Día por el cual suspiraban todos sus fieles, especialmente los españoles, en cuyos corazones radicaba la creencia en el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen Madre de Dios. En esta, animaba a todos los miembros de la iglesia para que manifestasen su fe en el misterio de la virginidad de Santa María, con el fin de responder a la petición de la encíclica del Santísimo Padre, emitida en Gaeta el dos de febrero de 1849.

Durante años desempeñó las funciones de consejero y confesor de la reina Isabel II, la cual, como muestra de gratitud, le agasajó con un cáliz personalizado con una inscripción en su base que acredita su autenticidad. Así también fue confesor de su hermana la infanta Dña. Mª Luisa Fernanda de Borbón.

Falleció en Madrid el once de febrero de 1857 siendo Comisario General de Cruzada y Presidente de la Cámara Eclesiástica. Su cuerpo fue trasladado a Toledo, el dieciocho y sepultado el veinte en la capilla del condestable. Don Vicente Orbe y Bordalonga, párroco de Pinos del Valle en aquellos tiempos, celebró solemnes honras por su eterno descanso, por un periodo de veintiséis años.

Tras su fallecimiento, nos deja una herencia en el desarrollo de la historia de nuestra comarca, dada su larga y longeva biografía. Un ejemplo de esta herencia es la hermosa iglesia en el barrio alto de Pinos del Valle. En cuyo origen fue ermita consagrada a la advocación de San Sebastián. En 1668 se solicitó al cabildo en sede vacante, la licencia para ser bendecida y así poder decir misa dos veces todos los domingos y días de fiesta, atendiendo a los feligreses propios y a los transeúntes que viajaban entre Granada y Motril, ya que en este trayecto, Pinos era pueblo de jornada.

Tras la guerra de la independencia, fue reedificada bajo el patrocinio del Cardenal, convirtiéndose en iglesia de estilo neoclásico. Cuenta con una planta rectangular dividida en tres naves. Su capilla mayor es semicircular, con un impresionante juego de luces que penetran por sus luminarias, en esta encontramos placas que hacen referencia a los enterramientos de sus tíos (importantes cargos eclesiásticos),sus padres y hermano don Nicolás Bonel y Orbe, primer marqués de Márgena. Este marquesado pertenece a Dúrcal aunque se extiende a todo el ámbito comarcal, ya que en siguientes sucesiones es compartido por varios personajes de la Comarca. Como señor del Marquesado de Márgena, a Don Nicolás le fue encargada la defensa de los intereses de Dúrcal, frente al pueblo de Nigüelas, en un litigio por el aprovechamiento de las aguas que riegan ambas vegas.

Retomando la iglesia, al observarla desde su exterior, vemos que en un proyecto inicial, desde su base se elevarían dos torres, pero al levantar la vista, se aprecia que una de ellas está sin terminar. Desde esta torre inacabada se inicia el ascenso de una escalera, por la que se llega a un segundo nivel, que cruza a la que acoge un campanario rematado con una cúpula de media naranja, desde el cual se contemplan unas maravillosas vistas del pueblo y alrededores.

Cuentan en el pueblo, que su madre estaba impedida, por lo que escuchaba la misa desde su casa, que se encontraba frente a la iglesia; a la vez que hacen referencia al interés del Cardenal, por conseguir que su pueblo, llegase a ser cabeza de partido, esto sería el motivo por el que la reconstrucción de inicio llevara dos torres, y al no conseguirlo, quedase una inacabada. La realidad, puede ser, que al morir este, la falta de patrocinio, no permitiera que la obra finalizase de acuerdo con el proyecto cardenalicio.

Entre otras curiosidades de nuestro ilustre personaje, destaca: que pocos años antes de su fallecimiento, ejerció la presidencia de la inauguración del ferrocarril Madrid – Aranjuez, el nueve de Septiembre de 1851.

Y como no destacar, el parentesco con el poeta más representativo del romanticismo, Don José de Espronceda y Delgado, ya que el Cardenal era tío de María del Carmen Delgado Delgado y Lara, madre del poeta.  

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