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El Molino del Marqués, cinco siglos de historia a un tiro de fusil del pueblo de Talará

Actualmente, encontramos en el denominado Molino del Marqués, una magnífica casa antigua de labranza con jardines y huerta, propiedad de los herederos de Don Fernando, quienes con pequeñas reformas, han tenido la sensibilidad necesaria para conservar en su mayor parte todas sus dependencias y enseres, logrando que este tesoro permanezca casi intacto y sin perder su identidad

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Según consta en la documentación de dicha casa, conocida como el Molino del Marqués, está vinculada al mayorazgo de Mondéjar, fundado por don Iñigo López de Mendoza y Quiñones, II Conde de Tendilla  y Señor de Mondéjar, otorgándole el marquesado Fernando El Católico el 25 de septiembre de 1512. Este marquesado da nombre al molino. Don Iñigo, también llamado el gran Tendilla, ostentaba los cargos de alcaide perpetuo de la Alhambra, Capitán General del Reino y embajador de los Reyes Católicos ante el Papa Inocencio VIII. En escritura, otorgada en la Alhambra de Granada el 20 de febrero de 1503, con real facultad  de 7 de septiembre 1494 entre otras propiedades, le lega este molino de aceite.

La hacienda permanece en la casa Mondéjar durante diez generaciones, hasta 1831, que continuando con el marquesado, Don Juan de la Cruz Bellvís de Moncada y Pizarro, junto con  su hijo don Antonio Ciriaco Bellvis de Moncada y Álvarez de Toledo,  solicitan al rey Fernando VII, licencia para poder poner a la venta algunas fincas. Autorización que concede por Real Cédula de 3 de abril de 1830 con el siguiente texto: “Enajenar fincas vinculadas, que produzcan unos quince mil reales, sustituyendo en su lugar un olivar libre que posee en el reino de Jaén, con veinte mil pies útiles y de casi duplo valor”.

Entre las propiedades vinculadas al Mayorazgo puestas a la venta, se hallaba el citado molino al que se describe de la siguiente forma: “Otro molino también  de aceite, con su viga, usillo, piedra, caldera de cobre y ocho pilonas, con dos tinajas pequeñas, que está a la subida del río que llaman Torrente y a tiro de fusil del lugar de Talará, le queda por oriente el Camino Real que desde Granada va a las Alpujarras, por medio día  el que va al lugar de Chite, por poniente tierras del Fisco de la Inquisición y por norte da vistas al Torrente”.

En pública subasta se adjudica el remate a Don Agustín Riquelme, miembro del Consejo de su Majestad y Oidor de la Real Chancillería de Granada,  con carta de pago en la villa de Madrid a 16 de abril  de 1831, con un precio del remate del molino de aceite de Talará por valor de 3.340 reales. La esposa de este, Doña Josefa Gómez, permuta el molino a su hijo Don Agustín Riquelme por determinados bienes que este poseía  en Mondújar, el cual los aporta a una sociedad agraria constituida en 1844 con su hermano Don Antonio, Ministro Plenipotenciario de S.M. en Constantinopla. Al disolver la sociedad, el molino queda en poder de Don Antonio y este lo vende a su hermano Don José Luis Riquelme Gómez, Teniente General de los Ejércitos y Capitán General de Cataluña.  Don José Luis, antes de morir en Barcelona en 1888, determina que la mayor parte de su herencia se destine a la fundación Riquelme de Beneficencia. Ya que su única hija Sofía había fallecido.

Con el legado, esta fundación tenía la finalidad de proporcionar educación a huérfanas y ayuda a viudas de militares naturales de Granada y provincia, ubicándose la misma en el palacio Riquelme de la calle Tablas, haciendo la función de internado hasta 1974, cuando pasó a ser colegio público. El resto de su herencia fue legada a su sobrino don Fernando Escavias de Carvajal y Sandoval, encontrándose entre los bienes el Molino del Marqués. El cual era descrito, en el documento de herencia, como una casa en completo estado de ruinas, que fue molino de aceite, enumerando cada uno de sus componentes, incluyendo una huerta que comprende seis marjales de riego.

Don Fernando Escavias instaló un nuevo molino, reconstruyó la casa, adquirió terrenos colindantes y los cercó. A su fallecimiento en 1909  otorga testamento, instituyendo heredera universal a su esposa doña Luisa de Campos y Cervetto, Marquesa de casa Tabares, la que al fallecer seis años más tarde, nombra heredera a su sobrina doña María Ramona de Campos y Arjona, Marquesa de Tabares.

Doña María Ramona, casada con don Rafael Fernández de Bobadilla y González de Aguilar, Conde de la Jarosa, alterna su vivienda de Talará a la que tiene gran aprecio, con el palacete del siglo XVIII que adquirió Don Rafael. Quien encarga su adaptación como casa palaciega al arquitecto don Fernando Wilhelmi Manzano. Dicho palacio acogerá posteriormente la Cámara de Comercio, y ya en 2009, pasa a patrimonio de la Universidad de Granada, albergando a día de hoy la Escuela Internacional de Posgrado.

En sus últimos años, doña María Ramona, viendo que su hijo Fernando ha vivido en la casa  del molino, manteniéndola y mejorándola con obras, plantando un jardín y pagando los gastos y contribuciones, decide adjudicarle, por cuenta de sus haber hereditario, el pleno dominio del molino, con su jardín, huertas, laderas, muebles y demás enseres que en ella se encuentran, siendo don Fernando Fernández de Bobadilla y Campos quien la ha continuado mimando hasta el final, por ser  uno de sus últimos moradores.

Actualmente, encontramos en el denominado Molino del Marqués, una magnífica casa antigua de labranza con jardines y huerta, propiedad de los herederos de Don Fernando, quienes con pequeñas reformas, han tenido la sensibilidad necesaria para  conservar en su mayor parte todas sus dependencias y enseres, logrando que este tesoro permanezca casi intacto y sin perder su identidad. A ellos he de agradecer toda la colaboración que me han prestado, para poder ofrecerles a ustedes este artículo, y como no, al encantador matrimonio formado por doña Nuria y don José Mª, que con tanto esmero llevan a cabo el mantenimiento de la casa, su exquisito jardín y zonas de recreo y labranza. Comentan que en ocasiones, acuden parejas de recién casados para hacerse el reportaje fotográfico, en esos rincones de encanto indescriptible que poseen sus jardines.

Entre las curiosidades interesantes destacaría que, aunque la denominación de la casa continúa siendo “El Molino del Marqués”, en Talará, algunos la nombran como “la casa del conde”. Su origen se debe a que la propiedad ha pertenecido durante tiempo a los condes de la Jarosa, título creado por el rey Felipe V en 1712, que otorga a don  Alonso Pérez de Saavedra Narváez y Cárdenas, como I Conde de la Jarosa, condado que recae sobre una extensa dehesa de Sierra Morena del mismo nombre, poblada de árboles y con casa de campo, en el término de Santa María de Trassierra, provincia de Córdoba.

Es curioso que a pesar de su venta a la familia Riquelme, tras muchas generaciones perteneciendo a la casa Mondéjar, las vicisitudes de la vida hacen que el Molino regrese a propiedad de un descendiente   del poeta Iñigo López de Mendoza  I Marqués de Santillana, abuelo del Fundador del Estado de Mondéjar. Referente a sus propietarios más recientes, descubro que Doña María Ramona madre de Don Fernando de Bobadilla y Campos, fue una mujer muy popular en la zona, como prueba de ello el Vecindario y Ayuntamiento de Mondújar dedican  en 1963, una placa a su benefactora la Excma. Sra. Condesa de la Jarosa Doña María Ramona de Campos y Arjona, en prueba de gratitud. 

Hablando con alguna de las señoras, que en los años sesenta estuvieron integrando el servicio de Doña Mª Ramona en el palacete de Granada, comenta que a pesar de que el número de sirvientas ascendía hasta  8, el trabajo era agotador,  ya que en aquellos tiempos había  que fregar todo de rodillas, siendo varias plantas, los patios y el jardín, y lo peor permanecer internas tan jóvenes, alejadas de su familia. Les llamaba la atención que en los últimos años de la Condesa, siempre estaba acompañada de una de sus hijas y antes de tomar cualquier decisión, la miraba esperando su aprobación.

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