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Historia de una Villa Amena

Aunque algunos pueblos como Padul, Dúrcal, Nigüelas o Tablate contaban con vecinos cristianos desde finales del S. XV no fue hasta la reconquista, cuando las autoridades castellanas incluyeron población cristiana en el resto del Valle

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En Cozvíjar son múltiples los restos arqueológicos que demuestran que esta localidad fue asentamiento temporal de caza desde el Neolítico. Su proximidad a la ribera de los lagos de Padul y del nacimiento del río Ízbor hacían de ella un enclave determinante para los cazadores nómadas de la época. 

Tal y como recoge la guía de IDEAL del Valle de Lecrín, también hubo presencia romana en el lugar, por el hallazgo de una necrópolis con varias tumbas en la zona del Cortijo Hundido, encontrándose en una de ellas, un conjunto de abalorios  junto a los restos humanos. Pero su historia, sin duda, es de origen andalusí, permaneciendo todavía el sistema de riego musulmán: “turno y tanda”. Las alquerías se relacionaban entre sí por las canalizaciones que compartían para el aprovechamiento del agua. Por ejemplo, Padul y Dúrcal compartían ramales de la acequia de Marchena, que también regaba la alquería de Cozvíjar gracias a un tercer ramal en el Pago del Partidor, desde donde da riego a todas las parcelas de su vega. Era común en esta época plantar moreras en los bordes de las acequias, así como álamos y olivos en los jorfes (muros de piedra seca de los bancales) para así aprovechar los pasos de agua.

Aunque algunos pueblos como Padul, Dúrcal, Nigüelas o Tablate contaban con vecinos cristianos desde finales del S. XV no fue hasta la reconquista, cuando las autoridades castellanas incluyeron población cristiana en el resto del Valle. En el caso de Cozvíjar, fueron 18 nuevos vecinos lo que hizo que se visualizara la nueva situación política. Esto genera la aparición de una naciente estructura social, que hace que pierda vigencia las formas y usos islámicos más tradicionales, por la ósmosis cultural, dado el empuje de otras costumbres.

En 1502, en los hábices para la asignación a las iglesias de los bienes pertenecientes a sus mezquitas y rábitas, en Cozvíjar fueron deslindados por un vecino del lugar, Juan Alfaquí. Destacaría un ejemplo curioso, como el de los hábices de las esteras. Consistían en una finca donada a la Mezquita, con la finalidad de que sus rentas fuesen destinadas a la compra de esteras para que los creyentes pudieran realizar la oración.

A mediados del siglo XVI, Doña Paula Porcel de Peralta y Viedma, y su marido Don Luis de Cepeda Ayala, siendo esta la primera señora de Villa Amena, hereda la mitad de la Laguna del Padul, comprando la otra mitad a su propietario. Posteriormente, en 1631, el licenciado Gregorio López Madero consigue la jurisdicción del lugar, completando el redondeo de sus intereses en la zona, al hacerse cargo de las alcabalas (pagos al fisco de la compraventa de terrenos) de Padul, localidad inmediata a su señorío. Consiguiendo un importante ascenso social, que en parte le venía de su padre y que continuaría en los descendientes de su mujer Cepeda y Teruel.

Ya en 1687, Carlos II crea el Condado a favor de Don Fernando Sánchez de Teruel y Quesada, esposo de Dña. Luisa de Cepeda y Ayala III Señora de Villa Amena de Cozvíjar. A mediados del siglo XIX,  el Condado forma parte de la nobleza más ilustre de España, al contraer matrimonio Don Juan Bautista Castillejo y Sánchez Teruel, III conde de Floridablanca, con la VIII heredera del condado de Villa Amena, Doña María de los Dolores de Teruel y Ansoti, sucediéndose los distintos herederos varones del condado, hasta llegar nuevamente a otra mujer,  la XII Condesa Dña. Inmaculada Castillejo Bermúdez de Castro.

Al poseer la laguna entre las propiedades, en 1779 deciden desecarla, dando salida a las aguas por las cuevas del arroyo, generando una serie de conflictos con los agricultores de Padul por dichas tierras. Quienes llevan a cabo múltiples reclamaciones sin éxito alguno, llegando incluso a morir la hija del administrador de los Condes, por un disparo que sale de la multitud del campesinado que se aglutinaba durante una de las protestas en 1845. Finalmente, en enero de 1895, en una reunión de los labradores de los terrenos colindantes a la laguna, se llega al acuerdo de oferta de compra de estos terrenos por un valor de 50.000 pesetas, tal y como recoge un artículo periodístico de la época.

En esta introducción a Cozvíjar, la histórica “Villa Amena” de sus Señores, quiero agradecer a quienes me han facilitado la visita, haciendo de cicerones y enlaces para las entrevistas. A Águeda (Presidenta de la Asociación de mujeres) y a María Calero, quien además me cede una foto antigua, en la que se aprecian un grupo de paisanos con escopetas, mientras abrevan la bestias en el pilar delante de la Casa Grande, que aún conservaba sus  escudos originales, y que conoceremos más en detalle en la próxima entrega dedicada a Cozvíjar.

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