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Lourdes Maldonado: «El Valle de Lecrín es pura vitamina C»

Hasta 2017 estábamos acostumbrados a compartir con ella las noticias de Antena 3, año en el que dio el salto a Telemadrid hasta 2021. Actualmente la podemos ver presentando eventos, apoyando la investigación de enfermedades raras y muchos fines de semana en Padul. Porque es en este pueblo donde encuentra refugio, donde asegura que también tiene sus telespectadores más fieles y donde siempre siente el cariño de esta tierra.

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Eres uno de los rostros más conocidos de la televisión ¿En qué proyecto estás inmersa ahora mismo?

Ahora mismo estoy muy centrada en proyectos sociales, en divulgación de la investigación, presentación de eventos… Estoy utilizando el periodismo para tratar de humanizar a la sociedad, contenta de estar haciendo cosas y a la espera de lo que venga. 

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Lo que más es comunicar, contar la noticia con todo lo que eso supone. Ser testigo y narrar acontecimientos históricos como por ejemplo la proclamación de Felipe VI como Rey y la abdicación de Juan Carlos I, la dimisión del Papa Ratzinger, el cónclave para elegir nuevo Papa a Benedicto XVI. Noticias en las que delante de la cámara tienes que contener la emoción, y tienes que tratar de narrar con objetividad y rigor lo que está pasando. 

Aunque no nació en Padul, sí que se considera medio paduleña. 

Por supuesto que me siento medio paduleña porque es la tierra de mi padre, de mis abuelos, de mis bisabuelos, y curiosamente tengo dos hijos, y el día que nacieron los dos mi padre sembró dos árboles. El día que nació mi niña plantó un laurel y en el caso de mi niño un naranjo y los dos tienen su árbol plantado en tierra paduleña y me parece una bonita metáfora, como una forma de estar vinculados a esta tierra. Y es verdad que me encanta Padul, he estado allí pregonando las fiestas de San Sebastián, mi padre fue pregonero de la Semana Santa, tengo tantos recuerdos de mi niñez con mi abuela Ana cuidando los rosales, hacer la compra con mi abuelo José, las Cruces con mi tía Salvadora, mi tía Lourdes, Encarna… muchos recuerdos que se me agolpan en el corazón y en la cabeza que tienen que ver con mi infancia y con mis raíces. 

Sus padres emigraron al País Vasco hace más de 50 años ¿Qué le contaban entonces de Padul y del Valle de Lecrín?

Cuando dejas tu tierra la nostalgia siempre está pegada a tu piel. Nosotros vivíamos en Irún, en el País Vasco, y los viajes de vuelta a Padul, a Granada, los recuerdo llenos de ilusión, aunque tardábamos un día en cruzar España. Mi padre nos hablaba de tantos rincones, de la laguna, de sus paseos en bicicleta por todo el Valle de Lecrín, del Puente de Lata, de Albuñuelas, o de cuando mis bisabuelos se casaron en Restábal. Recuerdos muy tiernos de aquella época, de lo diferentes que eran los tiempos, pero mi padre es muy muy familiar y eso creo que lo he heredado de él, porque yo quiero mucho a Padul y al Valle de Lecrín desde luego. 

¿Qué cree que tiene el Valle de Lecrín que no tenga otro lugar?

Es el vergel de Granada. Ese océano de naranjos y limoneros es un placer para los sentidos. Ese aroma a azahar, esos sabores, esas vistas, ese aire tan limpio. Es un lugar perfecto para encontrarse con uno mismo, respirar profundamente y disfrutar del paisaje, de sus gentes, de lo auténtico en definitiva. 

¿Qué cree que le falta a esta zona para ser más dinámica? 

Creo que el Valle de Lecrín está sufriendo el fenómeno de la despoblación, aunque sea una zona muy rica en elementos naturales. Habría que promocionarla más e intentar de alguna manera que la gente joven se anime a vivir aquí, a emprender, a trabajar. Además de facilitar las conexiones y que esté todo más a mano. Vender mejor la zona, es una zona muy rica en recursos naturales, donde hay mucho talento, pero hay que saber sacarle partido. 

¿Qué palabras utiliza para contarle a alguien cómo es el Valle de Lecrín? 

Un tesoro natural que no hay que perderse, y utilizando el paralelismo de los naranjos pues es pura Vitamina C. Quien decide escaparse aquí puede disfrutar del aire puro, comer en sus restaurantes tan maravillosos, hablar con sus gentes, beber agua de sus fuentes. Un tesoro natural que todos tenemos que conocer, pero también que hay que cuidar y desde luego que el Valle de Lecrín es una de las zonas más bonitas que conozco de toda España. 

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