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Solidaridad de Murchas frente a la Guerra de Ucrania

Hace dos meses ni siquiera se podían imaginar que se conocerían y hoy comparten el mismo techo en Murchas. Una casa que Mariví y su familia han puesto a disposición de Natalia para que pueda dormir por las noches sin temor a una bomba, para que pueda vivir en paz, lejos del terror de una guerra cruel. Este es el testimonio de dos mujeres que aunque no comparten idioma, conocen muy bien que el único camino para entenderse es la paz

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Mariví Montes: “Recomiendo la experiencia, me da igual si necesita estar seis meses, un año o más”

Por Diego Quero

¿Qué te movió a acoger a una ciudadana de Ucrania?

Porque están sufriendo. Escucho las noticias en la televisión y me pongo a llorar. No puedo ver a los niños sufriendo, la gente mayor que se queda sola, que no tienen donde ir… Ese país lo están destrozando, y si yo me viera en esa situación, quisiera que también me echaran una mano. 

¿Cómo está siendo la experiencia?

Estupenda. Ella es un encanto, no quiere molestar. Le hemos preparado una habitación para que esté en casa, de manera independiente porque no la quiero presionar ni que se agobie. Ella cuenta cómo se acuerda de su familia, de su país, tiene sus preocupaciones, y nosotros en casa tenemos que darle su espacio pero sin desplazarla. Nos visita cuando le apetece, y poco a poco se está integrando. Entiendo que tiene que tener mucha pena. 

¿Cómo están siendo los trámites para poder acogerla?

Ahora mismo tiene un permiso de residencia temporal. En unos días la empadronaré en Lecrín y le darán el NIE. También hemos estado en Cruz Roja para acogerla a un plan que se ha puesto en marcha para que todos los que estén inscritos tengan posibilidad de acogida en residencias, ayudas económicas, psicólogos… 

¿Recomiendas esta experiencia a alguien que esté pensando en dar el paso?

Totalmente. Me da igual si necesita estar seis meses, un año o más. Además no tengo problema, porque veo que ella es totalmente independiente. 

¿Qué te cuenta de la situación de su país?

Hemos hablado poco de ese tema, pero la obsesión que tiene son las bombas. El miedo a que se rompan los cristales, a estar andando y que te caiga una bomba encima, la pena que tiene de ver cómo se montaban niños junto a ella y pensar “le estoy quitando el sitio a alguien más joven que yo”. Encima con sentimiento de culpa… es muy duro. Entre todos estamos haciendo lo que podemos. No todo el mundo puede, por espacio o por tiempo. Ahora mismo yo podía hacerlo, le puedo dedicar tiempo, y además cuando pasen unos meses y ella esté más integrada podrá ser más autónoma. También es muy importante el apoyo familiar que he tenido yo, porque si no no hubiera sido posible, hubiera vivido un conflicto interno. 

¿Cómo es el día a día con ella?

A veces la tengo que llamar, porque muchas veces se queda en su cuarto por prudencia. Lee bastante. Hablamos un rato, hemos dado algún paseo estos días y comemos juntas. Le he presentado a mis primas, a las amigas, hemos dado un paseo por el canal, está maravillada por el paisaje. Lo que sí es verdad es que no quiere generar gasto, pero poco a poco. 

¿Cuál es la sensación que te transmite?

Sobre todo de agradecimiento sincero. Además es muy educada, muy respetuosa, pero es verdad que necesita espacio, me lo pide, y también tiempo. 

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Natalia Ternovska: “Ahora mismo Mariví es como una madre para mí”

Por Paco Quero

¿Cómo fue salir de Ucrania y llegar hasta España?

Muy peligroso. Mi pueblo está en la parte este del país, y tuve que cruzar Ucrania, un país grande, de este a oeste. Tomé 18 autobuses, e hice todo el recorrido de pie. Era un convoy con veinte mil personas residentes en la zona donde yo vivía. Cuando habia bombardeos teniamos que parar y apagar todas las luces, luego seguiamos el viaje. Ha sido terrible. Cuando llegué a un campo de refugiados en la frontera oeste, estaba muy agradecida de tener simplemente un sitio donde descansar, después de tantas horas sin poder sentarme. Había camas por todas partes, gente durmiendo en los pasillos entre unas camas y otras. Pero los voluntarios nos acogieron con un calor y una dedicación admirables. Es increíble que tanta gente de tantos países se esté dedicando a ayudar.

¿Ha dejado familia allí?

Toda mi familia está fuera de Ucrania, por suerte. Todos han podido salir hacia distintos países de la frontera. Fue mi familia la que me convenció para que me marchase, yo no quería irme. Mi hijo y mi sobrino me decían que no era seguro y que saliera del país. Menos mal que me decidí a hacerlo, al día siguiente de marcharme bombardearon varios edificios junto a mi casa.

¿Cómo está viviendo el ser acogida? 

Estoy muy agradecida de que haya personas como Mariví que con su generosidad me hace sentir muy protegida. Ahora mismo es como una madre para mí. Se preocupa por mí, de que esté cómoda, de que coma… hasta hemos dado algún paseo por el campo con sus amigas. Y aunque no hablemos el mismo idioma nos comunicamos, de corazón a corazón. 

¿Conocía España y Granada antes de venir aquí?

Pues sí, vine con mi hijo a Valencia en 2007, recuerdo una gran tormenta cuando estábamos en Alboraya. En ese momento me gustó mucho el paisaje, el mar, las montañas… ahora lo veo todo diferente.

¿Cual es la razón de la guerra, por qué cree que se ha producido?

Putin está loco. La gente de Ucrania es pacífica, tranquila, no tenemos nada que Rusia pueda querer. Esta guerra es solo por la ambición de Putin, y no se va parar ahí, va a seguir arañando territorios de otros países. Nadie puede detenerlo, solo parará cuando él quiera.

¿Cómo se plantea el futuro?

No pienso en eso, solo en pasar el día a día. Necesito sentirme protegida y a salvo, no pensar en qué vendrá después.

¿Se plantea volver a su país?

Por supuesto, en cuanto acabe la guerra.

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