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El valle de las cerezas

El cerezo es desde hace centenares de años uno de los frutales más apreciados por los vecinos de la comarca del Valle de Lecrín

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El tiempo de las cerezas ha comenzado. En las tiendas valen mucho y en el campo poco. El cerezo es uno de los frutales más apreciados por los habitantes de Dúrcal y otros pueblos de El Valle de Lecrín. Las famosas cerezas de esta zona son de gran calidad y tienen un gran protagonismo. En Dúrcal existen muchos cerezos. El cerezo tiene una gran capacidad de adaptación a distintas áreas adafoclimáticas de la zona templada. Se trata de una especie delicada en cuanto a la climatología, aunque tolerante al frío.

Antiguamente el fruto de la cereza estaba mejor valorado y cotizado que en estos tiempos y eso que el producto de antes no era tan bueno como, por ejemplo el de ahora de la variedad ‘zumi’ que es más gordo, dulce y carnoso. Desde hace años las cerezas más tempranas proporcionan algunas ganancias, pero el fruto más tardío, en la mayoría de los casos, se deja en los árboles para no perder tiempo y dinero. En las tiendas cuesta mucho un kilogramo de cerezas, pero al que las cría y la cosecha se las pagan a bajo precio, como suele pasar casi siempre con otros productos agrícolas.

Hace décadas en Dúrcal hubo compradores de cerezas incluso en el propio árbol, algunas veces antes de que estos echasen la flor. Cada cerezo, según calidad y cantidad de fruto tenía un precio. Uno de aquellos compradores de cerezas, peros, manzanas y otros productos del campo fue Juan ‘El Niño la Virgen’, ya fallecido. Las principales especies de cerezo cultivadas en el mundo son el cerezo dulce (prunas avium), el guindo (p. cerasus), y el cerezo ‘duke’, hibrido de los anteriores. Ambas especies son naturales del suroeste de Europa y oeste de Asia. Las horas de frío y calor tienen que estar muy equilibradas para que los cerezos de Dúrcal y otras zonas desarrollen el fruto plenamente.

Hace muchos años cuando era el tiempo de las cerezas algunos niños de las Escuelas de Balina de Dúrcal cuando salían de clase para el recreo no volvía pues se iban al campo a comer cerezas. En más de una ocasión los pillaba el guarda. En otras ocasiones varios vigilaban y cuando lo veían aparecer a lo lejos corrían más que una liebre. Aquellos guardas de antes tenían ‘malas pulgas’. Uno de los que más rabona hacía se le conocía por ‘Pollo’. Era muy travieso y muy listo. En el tiempo de las cerezas los pájaros también se daban un festín.

El cerezo dulce tuvo su origen en el Mar Negro y en el Mar Caspio, difundiéndose después hacia Europa y Asia, llevado por los pájaros y las migraciones humanas. El cerezo fue uno de los frutales más apreciados por los griegos y con el imperio romano se extendió a regiones muy diversas. España ofrece un fruto de maduración precoz respecto a otros países. Muchas personas consumen cerezas para preservar la juventud. Los pedúnculos de los frutos y las hojas se utilizan en firoterapia por sus propiedades diuréticas. De la cereza se obtienen, entre otras cosas, licores y mermeladas. Herodoto, el historiador griego, menciona el cerezo por primera vez cuando describe como vivían unos habitantes de Scythia. El Valle de Lecrín produce exquisitas cerezas.

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