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El castillo de Zoraya, el refugio de los sultanes nazaríes en el Valle de Lecrín

Mondújar conserva el halo de esplendor y encanto de una dinastía que encontró refugio, protección y descanso en este rincón de la provincia

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Hubo un tiempo en el que reinaba en Granada el sultán nazarí Muley Hacén, allá por el siglo XV. En una de sus batallas contra los cristianos, el rey conoció a una bella cristiana a la que llevó cautiva a la Alhambra y de la quedó perdidamente enamorado. Algunas fuentes establecen que fue encerrada en la Torre de la Cautiva, una de las torres de la ciudad amurallada, llamada así en su honor. Isabel de Solís cayó rendida a los pies de Muley Hacén, con el cual se casó y por el que se convirtió al islam, tomando el nombre de Zoraya, un apelativo que esconde un significado poético y luminoso: “lucero del alba”. Esto provocó la ira de la primera mujer el rey, Aixa, madre de Boabdil. Una gran rivalidad nació entre ambas, y Aixa decidió trasladarse por un tiempo a su palacio del Albaicín, el Palacio de dar-Al Horra —“La Casa de la Honesta”—. Mientras tanto, el amor entre Muley Hacén y Zoraya se hacía cada vez más fuerte. Como símbolo de ello sobresale un castillo que encontramos en Mondújar, en pleno Valle de Lecrín, el cual, según se cuenta, fue un regalo de bodas del sultán a la hermosa princesa Zoraya. Debido a la lucha por el poder que se produjo con su hijo Boabdil, apodado “El Rey Chico”, cuando este logró acceder al trono, Muley Hacén se vio obligado a instalarse con Zoraya y sus dos hijos en este castillo en el que, según la tradición, lo sorprendió la muerte. Fue enterrado en el cerro más alto de Sierra Nevada, el cual fue llamado Mulhacén en su nombre.

El castillo está situado en uno de los enclaves más espectaculares de la provincia de Granada: el Valle de Lecrín. En el municipio de Mondújar, sobre una pequeña colina, se alza esta fortaleza de época nazarí, construida en el siglo XV. Su estructura es irregular debido a las particularidades del terreno. Se conserva la entrada en rampa y doble recodo en el interior de la torre, una técnica que se utilizaba para dificultar el acceso de enemigos. Este conjunto contaba con otras torres y atalayas que permitían el control de toda la zona, de modo que se trataba de uno de los lugares estratégicos más importantes de la provincia durante el período nazarí.

El abastecimiento de agua era fundamental, tal y como atestiguan los restos del aljibe y la acequia que hacía llegar el agua al castillo. El aljibe constaba de una bóveda de medio cañón con una altitud de 1,64 metros desde el suelo. Además, pueden verse huellas que nos indican la existencia de zonas ajardinadas.

Por otro lado, destaca el descubrimiento de un cementerio musulmán cercano a la alquería de Mondújar. Según la historia escrita, Boabdil decidió, allá por el año 1491, exhumar los restos de sus antepasados que descansaban en la Alhambra, y trasladarlos hasta Mondújar, donde creyó que reposarían en paz por toda la eternidad. Existen referencias de que Morayma, la esposa de Boabdil, fue enterrada cerca de este castillo. Más tarde en el año 1925, uno de los arquitectos conservadores más relevantes de Granada, Leopoldo Torres Balbás, realizó unas excavaciones en las que encontró más de 70 tumbas vacías en la Alhambra, lo que, según sus escritos, constataba que el traslado de estos restos a Mondújar se hizo de manera muy cuidadosa.

Sea como fuere Mondújar conserva el halo de esplendor y encanto de una dinastía que encontró refugio, protección y descanso en este rincón del Valle de Lecrín.

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