Diego Molina y Antonia Fernández, media vida tras la barra

Diego Molina Ortega, como tantos otros paduleños de la época, emigraba siendo muy joven al extranjero a recoger uva, remolacha y a trabajar en “la Michelin” en Francia. En uno de sus regresos al pueblo con “veintitantos”, conoció a la que después sería su esposa, Antonia Fernández que en ese momento servía en casas en la costa.

Empezaron a verse e iniciaron su noviazgo tiempo en el que a Diego le salió trabajo en Alemania en la fundición la John Deere para donde, en un primer momento, marchó solo. Al cabo de un año volvió y se casó con Antonia y volvieron juntos para tierras germanas donde al cabo de nueve meses fueron padres de su primer hijo Ismael. Luego llegaría Diego y más tarde el pequeño Uwe al que decidieron ponerle un nombre que siempre les recordara su paso por este país.

A Diego e Ismael los mandaron a España cada uno con unos abuelos y ellos regresaron después de 15 años allí cuando tuvieron acabada su casa en Padul.

Un día un amigo de la familia, Pepe “Buenos Días” ofreció a Diego regentar el “Bar los Billares”, al que se conocía como “El foringue”, por ese tiempo también tuvo la opción de ser camionero, pero Diego decidió que su futuro laboral lo desarrollaría detrás de una barra con la inestimable ayuda de su mujer y sus hijos.

Tras dos años en los Billares comenzaron a llevar la “Nave FEVE”, un auténtico centro juvenil con sus mesas de ping pong, bádminton y hasta una colchoneta para salta. De allí se mudaron enfrente al “Bar del Topo” al que rebautizaron como el “Bar Diego”, un local donde el ocio se hizo intergeneracional ya que se “mezclaba” la gente joven con la mayor, todos encantados de degustar su rico jamón asado.

Estando allí compraron un solar de 600 metros por el que pagaron 30 mil pesetas por metro cuadrado. Tal y como recuerda su hijo Diego “la gente los llamó locos porque era una zona donde no había nada y siempre estaba encharcada decían los viejos por aquellos tiempos”.

 Allí empezaron hacer su estructura y pusieron los cimientos del actual bar “El Isdiuw” caracterizado por sus famosas tapas de jamón asado, gambas cocidas o carne en salsa, a las que después añadirían, de forma pionera en la localidad, hamburguesas, pizzas y roscas. En la parte de arriba del bar hicieron un salón, donde se celebraron algunas comuniones, una boda y también lo usábamos para dar conciertos, hacer fiestas en noche vieja y varios eventos más.

El negocio familiar ha continuado creciendo con la incorporación del “Hostal Rural el Padul”.

A Diego y a Antonia, que han sido durante muchos años la cara visible de varios negocios señeros del Padul ejerciendo su profesión detrás de una barra o dentro de una cocina, les ha llegado la hora de su merecida jubilación con la tranquilidad de que sus hijos continuarán trabajando para mantener su legado.