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Cozvíjar: Edificios con historia, acogedores vecinos y singulares fiestas

Su ubicación en una meseta entre la Sierra de Albuñuelas y Sierra Nevada, con comunicación muy próxima a la autovía, nos hace fácil su visita para disfrutar de esta población y su entorno

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Son varios los edificios que, como veremos en esta segunda entrega, aportan un carácter singular a la localidad de Cozvíjar.  Entre estos, cabe destacar la iglesia de estilo mudéjar consagrada a la advocación del patrón, San Juan Bautista. Se erige en 1540 sobre una sola nave de la mano del albañil Pablo Fernández, y Juan Fernández, como maestro carpintero de la zona, que trabajaría en los artesonados de algunas de nuestras iglesias mudéjares. Su artesonado fue quemado en uno de los saqueos ocurridos durante la rebelión de las Alpujarras, teniendo que ser sustituido y rehecho a finales del mismo siglo. En 1621 fue ampliada, añadiéndole la sacristía y la torre. Y recientemente, en 2005, tuvo lugar la restauración de su fachada, vidrieras y tejado. En su interior, la cabecera presenta una hornacina central con la imagen de la patrona, la Virgen de la Cabeza, y a su izquierda, sobre una ménsula, la del patrón San Juan Bautista. A ambos laterales de la nave destacan varias imágenes como la Virgen de los Dolores o San Isidro Labrador.  

Otra construcción emblemática es, sin duda, la Ermita de la Virgen de la Cabeza. Levantada a principios del siglo XVII, por Don Gregorio López Madero en “Las eras”, lugar donde, según cuentan, en el S. XVI, un agricultor encontró la cabeza. Posteriormente, se diseñó  un cuerpo para esta cabeza, estando la imagen  en la iglesia. Su lugar en la ermita lo ocupa la virgen de Lourdes, salvo en febrero, que es trasladada a la iglesia para celebrar el triduo de su onomástica. La edificación es de planta rectangular, cubierta con armadura de madera y un retablo barroco del S.VIII. La imagen de su virgen original lucía una corona de plata, con inscripción datada en 1642, que había sido donada por Francisco de Ortega, primer Prior del convento de los Basilios de Cozvíjar. Hoy esa pequeña corona la porta la cabeza del niño de la imagen de la patrona del altar mayor, que es la que sale en procesión, según me comenta su párroco Don Felipe, mientras me acompaña en la visita a la iglesia y a la Ermita. 

Historia de una Villa Amena

En 1641, se constituye el Priorato, cuando Don Gregorio López Madero, fundador de la Ermita, se la cede a la orden Basilia junto a los terrenos contiguos para la construcción de un convento con huerta y una renta de mantenimiento. Por deseo del donante, este priorato no estuvo sujeto al monasterio de Granada (Nuestra Señora del Destierro), sino que dependía directamente del Provincial de Andalucía. Veinticuatro años más tarde, Don Antonio Manrique de Lara y Madero, nieto del fundador, reclama a la orden Basilia los bienes donados por su abuelo, que según disposición testamentaria le correspondían. Ambas partes llegaron a un acuerdo amistoso, evitando así acciones judiciales. Produciéndose así, el fin del Priorato.

En 1873, con la intención de devolverle a este territorio su importancia eclesiástica, Don Francisco Sánchez de Teruel y Cepeda III, conde de Villa Amena, funda una capellanía en la Ermita, con una serie de obligaciones para el capellán que la sirva, como vivir en la casa de la Ermita, costear las fiestas de Nuestra Señora de la Cabeza, dedicarse en exclusiva a la misma promoviendo el culto, decir diez misas rezadas por el fundador y que el horario del culto de los festivos no interfiera con las labores del campo.

En esta villa encontramos otro edificio, que no siendo de ámbito eclesiástico, guarda gran relación y presenta un carácter nobiliario. Es una antigua casa palaciega propiedad de los Condes de Villa Amena, más conocida como “La Casa Grande”. Fue construida en la plaza, adosada a la iglesia parroquial, lo que les permitía un acceso directo al templo para oír la misa. Actualmente, este edificio se encuentra dividido en dos partes, siendo una de ellas propiedad del pueblo, gracias a la reciente adquisición por parte del Ayuntamiento, lo que permitirá, tras su adecuada adaptación, darle un uso de interés para los vecinos.

El nombre del señorío de Villamena perdurará en el tiempo gracias a la fusión, en un solo municipio, de los pueblos de Cónchar y Cozvíjar en el año 1974, localizando la capitalidad en Cozvíjar, por albergar un mayor porcentaje de población. Su ubicación en una meseta entre la Sierra de Albuñuelas y Sierra Nevada, con comunicación muy próxima a la autovía, nos hace fácil su visita para disfrutar de esta población y su entorno.

Durante mi visita, me acerqué a la escuela de adultos  para conocer a personas increíbles y llenas de entusiasmo, a quienes interrumpí mientras leían con su profesora El Baile de las Marionetas de Mercedes Guerrero. Durante nuestra charla, las asistentes me comentaron que ellas no habían conocido a los herederos de la casa grande, reflejando en sus comentarios cierta molestia, por el hecho de que los propietarios se llevasen los escudos de la fachada de un edificio tan emblemático de su pueblo. Una de las señoras de más avanzada edad me relató, que ella sí recordaba las paredes de los restos del convento  que había junto a la ermita. Agradezco enormemente sus relatos, y también  la generosidad de Montserrat Bayo, miembro de la Corporación Municipal, que me hizo más fácil la comprensión de las peculiaridades de este pueblo, así como de sus fiestas, que tienen lugar  a lo largo del año. 

Según me cuentan, la primera fiesta, llamada “La noche de los quintos”, transcurre del Sábado de Gloria al Domingo de Resurrección. Desde que no hay mili, los jóvenes de la misma edad, compran una imagen del niño idéntico al de su patrona, lo portan con el trono toda la noche de fiesta por el pueblo, preparándose para la procesión de la mañana del Domingo de Resurrección, momento en que la Virgen acude en procesión a la ermita, para el encuentro con el niño perdido. Hacen una hoguera para que el niño entre en calor, mientras tiran cohetes, regresando juntos a la iglesia, donde se celebra todo el ritual antes de la misa. Una vez terminada la fiesta, la imagen del niño se sortea entre los jóvenes participantes.

En mayo, se lleva a cabo la tradicional romería de San Isidro Labrador, con un recorrido por el campo con las carrozas engalanadas, haciendo a medio camino una parada en la ermita, donde comparten las viandas que han llevado. Al volver a la plaza el Ayuntamiento obsequia a los participantes con una paletilla e invita a todos los vecinos  a bocadillos, jamón, habas y bacalao, con las consiguientes bebidas para pasarlo. En la fiesta del patrón San Juan Bautista, aunque no es fiesta local, se celebra la santa misa en su honor y se monta una barra, ambientada con música. Durante la semana cultural, en la última semana de julio, se venía celebrando el encuentro de música Rock con “El Pastillas Coloras Festival” siendo la próxima su cuarta edición, debido a la supresión del mismo los últimos dos años por la pandemia.

Y por último, la fiesta grande tiene lugar la primera o segunda semana de agosto. La celebran de viernes a lunes, con variadas actividades durante el día y verbenas por la noche, con celebraciones religiosas, procesión la tarde del domingo por las calles del pueblo y el último día la patrona visita nuevamente la ermita a las 9:00 de la mañana.

Para reponer fuerzas en esta fiesta se hace “El desayuno del domingo”, con huevos fritos con ajo y espichás. A mediodía paella popular, que se digiere con la fiesta del agua y concurso de migas para la noche, rematando la madrugada con pasteles para todos.

He de resaltar la entrañable comida de los mayores de la localidad, en la Casa de la Cultura, amenizada con un espectáculo y el consiguiente regalo para todos los asistentes.

Para acabar el año, en la segunda semana de diciembre, hacen la fiesta de la matanza. En la que se compra y cocina, a la barbacoa, un cerdo despiezado, que los vecinos degustan en la plaza si el tiempo lo permite, o en la Casa de la Cultura.  Pudiendo saborear también la típica olla de San Antón. Esta fiesta fue recuperada de la tradición hace siete años. 

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