El Valle de Lecrín y representa excepcionalmente al olivar medieval nazarí

El paisaje de la comarca constituye la permanencia y continuidad milenaria del cultivo del olivo y de la fabricación del aceite

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El Valle de Lecrín se encuentra dentro de la candidatura que el Ministerio de Cultura va a presentar ante la UNESCO para ser declarado como figura de Patrimonio de la Humanidad por el paisaje del olivar.
Esta comarca es la única granadina que se incluye en la candidatura junto a la Campiña de Jaén, la Subbética cordobesa, Sierra Mágina, Hacienda La Laguna en el Alto Guadalquivir, Montoro y su entorno, las Haciendas de Sevilla y Cádiz, la Sierra de Segura, Astigi-Bajo Genil en Ecija, Periana y Álora. Todos han sido elegidos de acuerdo con criterios científicos y académicos por su singularidad, autenticidad y excepcionalidad como los más destacados de los que conforman los elementos patrimoniales y culturales ligados a los Paisajes del Olivar en Andalucía.

En concreto dentro de El Valle de Lecrín se incluyen los olivos centenarios de los municipios de Dúrcal, Villamena, Albuñuelas, Padul, Pinar, Lecrín y Nigüelas, además de la almazara de Laerilla y el sistema de acequias del casco urbano de Nigüelas.



Los motivos por los que el Valle de Lecrín forma parte de esta candidatura radican en su paisaje, que constituye una muestra de la permanencia y continuidad milenaria del cultivo del olivo y de la fabricación de aceite de oliva en y representa excepcionalmente al olivar medieval nazarí, con una almazara de la misma época, fundamental para documentar la evolución de la cultura del olivar andaluz.

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En la comarca del Valle de Lecrín se ha conservado un sistema de regadío agrícola que muestra un paisaje de olivar en asociación con otros cultivos, entre ellos los cítricos, utilizando sistemas de abancalamiento y una red hidráulica de origen nazarí, con posible reaprovechamiento de acequias mineras romanas. La máxima expresión de este paisaje la encontramos en Nigüelas, donde se funden el parcelario y los regadíos históricos con bancales y acequias y se conserva el original molino hidráulico de La Erilla, de origen nazarí puede incluso que anterior, en uso hasta mediados del siglo XX y hoy restaurado, que alberga un interesante centro de interpretación de la cultura olivarera. Un paisaje de policultivo olivarero que conserva plenamente su funcionalidad original.



Para evitar la erosión y pérdida de suelo, los cultivos se han desarrollado históricamente mediante bancales y paratas, con escalonamientos a base de tierra apisonada o completados con mampostería. El olivo se asocia con otros cultivos hortícolas y leñosos, fundamentalmente cítricos y frutales. En la historia del olivar andaluz el Valle de Lecrín representa una concepción de explotación agrícola de regadío de época medieval islámica nazarí, s. XV, donde el olivo perfila los bancales y protege climáticamente a otros frutales más sensibles.

El Valle de Lecrín se sitúa al pie de Sierra Nevada, que proporciona abrigo climático y abundante agua a una comarca dedicada tradicionalmente a la agricultura, con pequeños núcleos de población y un medio rural marcado por las infraestructuras hidráulicas. Una intrincada red de acequias, desde la época medieval islámica, recorre sus pueblos y sus cultivos. Allí conviven espacios agrarios en pequeños valles, con aprovechamientos forestales en áreas abruptas.



La Zona Propuesta en la provincia de Granada, la más representativa del Valle de Lecrín para la cultura olivarera, comprende el paisaje que conforma el borde del núcleo de Nigüelas hacia el barranco del río Torrente, que incluye los regadíos históricos mejor conservados, asociados a la acequia de Nigüelas-Dúrcal, a base de bancales escalonados donde el olivo actúa de elemento que enraíza y ayuda a sustentar el desnivel, junto a la almazara de La Erilla. Una antigua casa solariega con un jardín romántico del siglo XIX, actual sede del ayuntamiento. Destaca la silueta de la zona propuesta, que se encumbra sobre el cortado vertical de la rambla, de unos 40 metros, por la que discurre uno de los cauces históricos del Valle. Además, cabe resaltar la adaptación y pervivencia del cultivo y su especialización olivarera en la zona, con mantenimiento de variedades antiguas (lechín) y otras de implantación reciente (martirio y hojiblanca). La zona de amortiguamiento recoge el resto de regadíos históricos, que hoy conservan parcelario y usos agrarios compatibilizados con otros aprovechamientos, así como la zona baja del valle plantada de olivares más recientes, e incluyendo también la otra vertiente del río Torrente hasta el núcleo de Acequias, completando un escenario paisajístico y espacios con oportunidad de vistas.

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