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El gran problema del negacionismo climático

En estos días, en los que tanto se está hablando tanto de la conferencia la ONU sobre el Calentamiento Climático no debemos perder de vista que este tema nos atañe a la gente del Valle de Lecrín

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Voy a empezar haciendo un símil para que se me entienda bien. Cuando empezó el Covid, una porción de la sociedad negaba este hecho y lo negó aún en los tiempos más duros cuando morían mil personas al día. Posicionarse con la versión oficial iba en contra de muchos intereses económicos que no querían frenar su actividad, dejar de vender o en contra de la voluntad de mucha gente que no quería renunciar a sus libertades y prefirió creer que todo era una conspiración para seguir viviendo como vivían pese a la existencia de un virus mortal (son muchos los ingredientes que se asemejan al contexto actual y los negacionistas que niegan el cambio climático). 

     Me gustaría aclarar ciertos aspectos, pues veo que no se está informando bien en los medios de comunicación (como pasó con la pandemia), y la gente anda confundida. Además, creen más a personas no profesionales ni expertos, ignorando a quienes sí lo son, un contrasentido.

     El primer aspecto es que los ciclos de La Tierra, entre ellos el cambio climático, son fenómenos inherentes al funcionamiento del planeta, pero estos suceden lentamente. Es decir, se tardan miles de años. Lo que estamos viendo en la actualidad, está ocurriendo a una velocidad vertiginosa. Una vez más, el método científico nos ha dado la explicación: la actividad humana está detrás en este caso, inequívocamente.

     El impacto que generamos es tremendo, y es absurdo negarlo. Contaminantes, productos químicos, plásticos, combustibles… es tal la cantidad de compuestos que hemos creado, y no existían, que están colapsando los ecosistemas, sin entrar ya en los gases de efecto invernadero, y otras actuaciones que están degradando el suelo, cambiando su uso y haciendo que se pierdan hábitats y especies a un nivel tan alto como el de las grandes extinciones masivas, pero con una salvedad, esta vez la razón no es un meteorito, supervolcán o cambio en la órbita terrestre, sino nosotros los humanos. Y las pruebas son contundentes. Sólo hay que observar alrededor con una mínima sensibilidad y mirada crítica. No hace falta leerse la aplastante cantidad de estudios que se han realizado y demuestran este gran hecho: estamos al borde del colapso ecológico, y, por ende, de nuestras sociedades.

     La Biodiversidad nos aporta todo lo que necesita el humano para su supervivencia, y si esta sigue reduciéndose, nosotros no podremos sobrevivir por mucho que creamos que la tecnología nos va a salvar o esto es un cuento de hadas (vuelvo a usar el símil del Covid: el virus mató por igual a negacionistas y creyentes). Esto no es una cuestión religiosa, de creencias, relatos, intereses, opiniones o ideologías, es una cuestión de realidad; trata sobre la supervivencia como especie.

     Es absurdo sólo considerar el calentamiento global, o conceptos como emergencia climática y cambio climático. Lo que está ocurriendo afecta a muchos más ciclos y sistemas terrestres. Por ello, lo conveniente es hablar de Cambio Global, Extinción Masiva, Colapso Ecológico y Pérdida de Biodiversidad. Ya no sólo están en peligro los ecosistemas, sino sistemas completos como los océanos, la atmósfera y la biosfera, con todos los servicios que nos prestan. Sólo hay que imaginar qué ocurriría, por ejemplo, si los organismos fotosintéticos que viven en los ambientes acuáticos y generan la mayor parte del oxígeno que respiramos, murieran debido al aumento de las temperaturas en los mares, océanos y grandes lagos, en otras palabras, una atmósfera sin oxígeno suficiente para albergar vida tal y como la conocemos. Esta es la magnitud a la que nos enfrentamos.

     La ecoansiedad no es un delirio patológico que sufren un grupo de personas ante una creencia infundada, sino un síntoma de una realidad que cada vez nos afecta más: grandes migraciones debido a las sequías y clima extremo, agricultores que pierden cosechas enteras, ganaderos que no pueden alimentar o dar de beber a su ganado, hambrunas derivadas, fenómenos meteorológicos extremos (como el ocurrido este verano en el este del Mediterráneo, en Grecia, Turquía y Libia, grandes inundaciones como si de una película de catástrofes se tratara, pero muy real y sin la dimensión adecuada en los medios y redes sociales), los grandes incendios forestales hace poco en Canadá… la lista podría ser interminable. Es normal que exista ansiedad, como pasó en la pandemia, ya que un pequeño virus mataba a miles de personas cada día y paralizó nuestras vidas.

     Voy a citar alguna de las circunstancias más graves que están pasando, para que se entienda bien el calibre de la situación, aparte del conocido y demostrado problema de los gases de efecto invernadero y el calentamiento global:

-La masiva pérdida de insectos está poniendo en riesgo la polinización, la descomposición de la materia orgánica, la fertilización del suelo y la base de las cadenas tróficas.

Fenómenos de anoxia debido a la eutrofización y/o altas temperaturas en los ecosistemas acuáticos, tanto marinos como dulceacuícolas, provocando la muerte masiva de especies. Ya sea por el exceso de nutrientes (nitrógeno y fósforo principalmente) derivados de la agricultura y van a parar a las aguas, o por el aumento de temperatura en estas, o ambos combinados.

Sobreexplotación y contaminación del agua de los acuíferos y superficial. Actividades extractivas de agua como embotelladoras, usos industriales, agropecuarios, ocio/complejos turísticos y el abuso en el consumo cotidiano, están poniendo en peligro el recurso más valioso.

Reducción muy rápida de la Biodiversidad. Esta es nuestra barrera ante enfermedades, nos provee además de alimentos y sostiene la vida en la tierra. Si se siguen simplificando los ecosistemas no habrá vuelta atrás. 

Masiva cantidad de plástico en océanos, ríos, lagos y ecosistemas terrestres. Uno de los aspectos más preocupantes son los microplásticos, que están pasando a la cadena trófica con implicaciones dramáticas en la salud de los seres vivos y los humanos.

Acidificación de los océanos por la cada vez mayor cantidad de dióxido de carbono disuelto en estos, consecuencia de las emisiones humanas. Esto afecta a las conchas, caparazones y armazones de muchas especies marinas al cambiar el pH del agua, haciéndolo más ácido y disolviendo dichas estructuras, matando a la vida marina a gran escala, los corales entre ellos.

-Lo anterior se suma al blanqueamiento de los corales debido a la subida de las temperaturas. Se produce por la expulsión de las zooxantelas del coral anfitrión o porque los pigmentos de este organismo se degradan. Recordemos que el coral supone una relación simbiótica entre los propios corales y las zooxantelas, y al romperse esta relación, los corales mueren. Cuando sube la temperatura de forma generalizada en los océanos, este fenómeno ocurre de forma masiva.

Destrucción y fragmentación de hábitat. Se está perdiendo grandes extensiones de selvas, manglares, bosques, zonas abiertas de pastos, humedales, ambientes lacustres, etcétera. Y a una velocidad sin precedentes. 

Especies exóticas invasoras. Estas compiten con las especies autóctonas, portan nuevas enfermedades que merman las poblaciones nativas y generan gran impacto económico. 

-Derretimiento del permafrost. Si este se culmina será una catástrofe global, ya que liberará tal cantidad de metano nuevo a la atmósfera que acelerará todos los procesos que he descrito hasta límites insospechados. Además de la liberación de virus, bacterias y parásitos que llevan miles de años ocultos en su seno, suponiendo un nuevo riesgo de enfermedades y pandemias.

-Desaparición de los glaciares. Implica la pérdida de los ecosistemas de alta montaña más valiosos en las principales cordilleras del mundo, más los árticos y antárticos. Si desaparecen los glaciares de Groenlandia y la Antártida, toda el agua que albergan irá a parar a los océanos, subiendo el nivel del mar haciendo inhabitables grandes extensiones de terreno, desaparición de islas y todos los ecosistemas ligados, los manglares entre ellos. Se producirán movimientos migratorios masivos y conflictos como nunca se han visto. Por otra parte, los glaciares alpinos sirven de aporte de agua esencial para la vida y las sociedades humanas, puesto que alimentan a los ríos, sistemas lacustres y acuíferos.

Colapso de la corriente termohalina atlántica y otras corrientes oceánicas. Debido a los cambios de salinidad por la mayor cantidad de agua dulce que va a parar a los océanos como consecuencia del derretimiento de los glaciares y por los cambios de temperatura, las corrientes se están alterando, y esto es abrir una caja de pandora que puede llevarnos a escenarios inimaginables. 

Alteración de la corriente en chorro y la corriente de circulación atmosférica. Hace a la atmósfera y los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos e impredecibles. 

Incendios forestales de sexta generación. Estos crean su propia meteorología y se retroalimentan originando tormentas de fuego que generan nuevos focos a distancias alejadas, devorando bosque a una velocidad nunca antes vista y siendo imposibles de extinguir. Un suelo cada vez más seco y una atmósfera con mayor temperatura, absorben más humedad de la vegetación creando el escenario apocalíptico perfecto para los bosques. 

     Faltan más, simplemente he mencionado algunos de los más importantes, pero creo que con esto nos podemos hacer una idea. 

     La sinergia de todos estos problemas derivados de la actividad antrópica, están gestando la mayor de las catástrofes, y esto es lo que hay que comprender y detener antes de que sea tarde. 

     Cada vez más personas están negando este contexto, y negar la realidad es grave, pues nos va a aplastar. Y cuando esto no pueda negarse, no sé qué tipo de relatos se construirán para intentar sostener esta mentira de negación de un hecho vital para el futuro del humano.

     Se suele caer en el argumentario de los intereses económicos, pero lo cierto es que, a las élites y poderes económicas, les interesa que se siga actuando como se actúa en todos los niveles, consumiendo de forma tan voraz, degradando los ecosistemas para obtener energía y recursos, y quemando combustibles fósiles, todo para mantener un estilo de vida insostenible, sobre todo el modelo de las grandes ciudades y crecimiento económico. Sin duda, este es el gran lobby, por eso no terminan de implantarse las medidas que se necesitan. En cambio, lo que no quieren las élites económicas y el lobby de los mercados es lo que se propone desde la comunidad científica y el sentido común: decrecer, frenar el crecimiento, ir más despacio, contaminar y consumir menos, abandonar los combustibles fósiles… esto supondría pérdidas para los poderes económicos, sin embargo, han hecho creer que el cambio climático es una farsa con su gran influencia y manipulación. No, aceptar esta realidad significa cortar enormes ganancias a muchas personas poderosas, y por eso están ejerciendo tanta presión e influencia (hablamos de las personas más poderosas del mundo). Un ejemplo clarificador es que la empresa que más ganó en 2022 fue una petrolera, y además fue la primera empresa de la historia en superar los 250.000 millones de dólares de ganancias en un solo año. ¿Cómo no van a poder manipular y diseñar nuestros cerebros para que no dejemos de vivir como lo hacemos? Aunque esto va a significar nuestro fin.

     Por tanto, tenemos dos opciones después de tanto que hemos subido: bajar las escaleras lentamente y de forma ordenada y planificada, o bajarlas rodando, tal y como decía el prestigioso científico español Fernando Valladares. Valga esta metáfora. Y como personas podemos creer en la realidad o el gran cuento de hadas negacionista, que piensa que el humano no ejerce ningún impacto y no está en su mano nada de lo que ocurre en la Tierra.

     Como habitantes del Valle de Lecrín tenemos que hacer este esfuerzo, es un deber moral para con el lugar donde vivimos y el futuro. Ya sabemos que nos está afectando toda esta problemática, cada uno de los puntos explicados. Es la hora de ser prácticos y resolutivos y no perder más tiempo especulando si es mentira o verdad. Miremos la Sierra, desde hace más de treinta años no hay nieve en sus cumbres durante el periodo estival, no es algo aislado, es un hecho, una dinámica, una realidad.

Juan Salvador Santiago

Juan Salvador Santiago Cabello, natural de Padul, licenciado en Biología por la UGR, máster en conservación, gestión y restauración de la Biodiversidad por la UGR. Estuvo tres años trabajando en proyectos de conservación para BirdLife Malta.

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