CACHUPA DE CUCURELLA EN 90 MINUTOS. Mi Mundial de Fútbol desde el Barribáo

Cucurella, uno de los mejores del mundo en su puesto, naufragó, como el resto del equipo, que es élite mundial pero que ese día parecían Los Panzas echándose una pachanga en el campo de La Cruz

Nos parece a algunos que fue ayer, pero hace ya 15 años que aquel 11 de julio de 2010,  un gol –El Gol– de Iniesta nos dio el título en el Mundial en Suráfrica y nos metió en el selecto club de las selecciones que tienen en su haber una Copa del Mundo. Desde entonces la Roja figura entre las favoritas en todas la competiciones internacionales. Pero nos volvimos a atascar -una vez más- en nuestro estreno ante la débil selección de Cabo Verde. Que no es el Dúrcal pero tampoco se le presume a primera vista que pudiera ganar el Mundial, que diría mi amigo José Manuel, al que no es que tampoco le interese mucho el fútbol. Pero nos metieron en la cachupa.

De cabeza a la olla

Lacachupa es un guiso caboverdiano de maíz, habichuelas y pescao o carne cocinada a fuego lento. Cucurella es el diminutivo de un apellido que deriva de Curculla, colina pequeña. Algo así como nuestro Cerrillo Reondo de Dúrcal, pero en catalán.  Marc Cucurella es el rey de la banda izquierda de nuestra selección. Un valor en alza y para algunos el MVP del partido si quitamos a Amín Yamal, ese hijo de inmigrantes que le causa esquizofrenia a las gentes Vox. Destellos al margen, Cucurella, uno de los mejores del mundo en su puesto, naufragó. Como el resto del equipo, que es élite mundial pero que ese día parecían Los Panzas echándose una pachanga en el campo de La Cruz.

Blanditos millonarios

¿Qué diablos estaba pasando? Pues que los caboverdianos saltaban al campo al 120 por cien. Eufóricos y nerviosos ante su primer Mundial y ante España, que luce estrella en la camiseta y es de nuevo favorita al título. Así que se dedicaron con paciencia a tejer la resistencia, que es la estrategia de los pobres ante una escuadra superior. Enfrente, un equipo blandito y millonario. 1.220 millones de euros es el valor de mercado de los hispanos. El de Cabo Verde 54. Cucurella, nuestra rutilante estrella -una de ellas- acaba de ser fichado por el Real Madrid del omnipresente Florentino por una suma desorbitante, 55 millones de euros incentivos aparte: más que todos los caboverdianos juntos.

Los hijos de los esclavos

Y la estrategia a Cabo Verde le funcionó. Se merendaron a la Roja, se aseguraron el empate y hasta nos pusieron en apuros al final, en un contraataque eléctrico que nos hizo temer de nuevo -una vez más- nuestra expulsión del Mundial en primera ronda. Los hijos de los esclavos se merendaron a los campeones del mundo. Como en la guerra con Portugal. Los hirvieron en 90 minutos de juego. La mitad del tiempo que se tarda en cocinar la cachupa. Y los gritos de euforia resonaron en Boston, porque hay más caboverdianos emigrados que residentes en su país natal. Muchos en EEUU y otros en países de la Unión Europea -Francia sobre todo- con la que tienen un acuerdo de colaboración preferente, lo que les permitirá, si lo solicitan, entrar en la Unión como miembros de pleno derecho. ¿Los veremos jugando la Champions? Ahí los quiero ver con mi Granada, igual nos va mejor que con el Manchester United.