PIPIRRANA DE LAMÍN Y OYARZ. Mi Mundial de Fútbol desde el Barribáo  

Cuatro a cero a la débil Arabia Saudí no es ganar un Mundial pero sí nos viene a recuperar el ánimo, que falta hacía

Cuatro a cero a la débil Arabia Saudí no es ganar un Mundial pero sí nos viene a recuperar el ánimo, que falta hacía: tres goles en los primeros 23 minutos. Volvió la Roja por donde solía con el buen fútbol que acostumbra en los últimos tiempos. A algunos, al descanso ya nos parecía poco: “hay equipo para meterles a estos un gol cada 10 minutos”, cree Joaquín, recordando el 12-1 del España Malta de hace 43 años. Hemos hecho cuatro, pero ya vamos bien servidos, que tampoco conviene distraerse. Ahora toca confirmar el sábado ante Uruguay que no nos hemos olvidado de jugar al fútbol, hay que ganar para evitar enfrentarnos con la Argentina de Messi en el primer cruce. Con estos, mejor lo dejamos para vernos en la final, no?

La siestecita

¿Puede ser un partido vibrante y no tener épica? Pues sí. Hay quienes piensan que al encuentro ante Arabia le sobraron 30 minutos. Resuelto el partido, el interés ya estaba más en ver cuántos goles metíamos y si no se nos lesionaba nadie. “¡Lo importante es que no nos metan un gol!” decía una comentarista, tratando de darle algo de emoción a la retransmisión, mientras en el palco Hierro y Salgado parloteaban, Yuri Djorkaeff, ex campeón del mundo con Francia se echaba una siesta y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino con cara aburrida parecía meditar a quién dará su próximo “Nóbel de la Paz del fútbol” tras el “éxito” de su concesión a Donald Trump.  

Motos con bicicletas

Pero me quedo con el primer tiempo, vibrante y de lo mejor que he visto en los últimos meses. Meter a Yamal y a Williams -en la segunda parte- en un partido de fútbol es como meter una moto en una carrera de bicicletas. Nico desequilibró continuamente con su velocidad explosivo al rival, y cada centro de Amín desde la banda era un obús de precisión sobre el área que ponía a la defensa contraria al borde de la histeria. Tanto que Hassan Al Tambakti marcó en propia puerta y a punto estuvo hacer el segundo, también en su portería. Hubiera sido máximo goleador del partido!! No quiso dios, ni tampoco alá.

Pipirrana para la sed El que sí marcó dos y pudieron ser más, fue Oyarzábal, que casi nunca defrauda y estaba en estado de gracia, como el resto de jugadores (lleva más . El de Éibar fue el mejor del partido, el reactivo que devolvió la química y el movimiento acelerado todos los átomos del equipo. Y ahora que toca ponerle título a esta crónica, me quedo, aunque me corrijan luego los del Barribáo, con este: ensalada de Lamín y Oyarz. O mejor pipirrana, tan nuestra, que era lo que mi abuela le preparaba a mi abuelo para cuando venía del campo agotado y con sed . Y nosotros sed teníamos. Bastante. De goles