CUANDO MBAPPÉ TUVO SU WATERLOO. Mi mundial desde el Barribáo (España 2-Francia 0)

A quienes nos gusta el fútbol navegamos hoy en la contradicción: queremos que gane la Roja pero reconocemos que la Azul ha hecho el mejor fútbol de este Mundial.

“Porme un carajillo doble que pa eso hoy juega España…”  Lo dice un paisano poniendo las llaves del camión sobre el mostrador. Faltan cinco horas para que empiece el partido.

A las ocho, una hora antes, la Plaza está a reventar. Y es que ya se sabe, “cuando juega España, juega España”, que dijo Camacho, frase lapidaria que hizo fortuna sin que sepamos aún por qué. “Vale, lo entiendo, entonces  si es España no es Portugal, ni Islas Feroe, ni….”, hubiera dicho el extraterrestre Gurb, de Eduardo Mendoza. Desde el “fútbol es fútbol”, de Boscov, al “partido a partido” del Cholo, y otras frases crípticas (“un plato es un plato”,  “los catalanes hacen cosas…”) ya sabemos que no siempre las palabras significan lo que dicen. En el Barribáo tenemos marca propia: “ieeeeee…” para saludar a la mesa del al lao, antes del “Oeeee, oeeeee, oeeeeee” hispánico que lo reservamos para el final.

La orquesta

A quienes nos gusta el fútbol navegamos hoy en la contradicción: queremos que gane la Roja pero reconocemos que la Azul ha hecho el mejor fútbol de este Mundial. Y otro vector de contradicción: Francia parece el Madrid: Mbappe, Tchouameny, Camavinga, Mendy, Conate…. Y España parece el Barça: Cubarsí, Pedri, Gavi, Olmo, Lamín, Ferrán… “Furbo es furbo”, cada gol puede saber a canela y a miel a la vez.

Rueda el balón y nada es como parecía que iba a ser. Tras unos minutos de contención, la Roja despliega juego, velocidad y estrategia. Goles de Oyarzabal y Porro cambian la percepción de las cosas. España parece Francia y Francia parece otra cosa, más bien las tropas de Napoléon en Bailén. Cubarsí y Laporte frenan a Mbappe, Pedri y Olmo dirigen, mientras Porro y Lamín marean a la defensa rival, como una orquesta sincronizada. Pero si me dan a elegir me quedo con Rodrigo, el centrocampista invisible, -camiseta remetida bajo el pantalón- que me recuerda a Michel y a Pirri, y mueve los hilos sobre el césped.

Tirando de afectos pulso mi entorno:  “Mi opinión es que va a ganar España pero mi mujer dice que Francia, igual dormimos uno en cada cama hoy”, dice divertido Manolo Fernández Terrón, un durqueño andorrano casado con Isabelle, francesa. “Estoy por los dos”, dice Maríe Lucas, francesa afincada en España que ve el partido en su casita de Bretaña con su hija Aissa y su nieta Madeleine. “Tengo un problema, mi sobrina y yo estamos con España pero su marido con Francia”, dice Maríe Puerta, francesa de origen durqueño. “Mis padres y David, España. A Nil, a Alex y a mí no nos gusta el fútbol. Si gana Francia bien porque soy francesa y si gana España, bien porque soy española.” dice desde Andorra Cristina Terrón, que aprovecha los 90 minutos para leer lo último de Douglas Preston.


Waterloo no es una finqui

Para muchos Waterloo es una finqui de Puigdemont, para otros una canción de Abba con la que lucíamos tipo en la Magara. Pero en el Barribáo con Aniceto aprendimos a hostias que Waterloo fue la batalla que trajo la derrota de las tropas imperiales de Napoleón y el final del imperio. Y lo de esta noche ha sido un Waterloo. Con pena, pero un Waterloo. El Waterloo de Mbappe y de la Azul. Ocurría en Dallas, a la espera de que a mil kilómetros, en Atlanta, Argentina dirima sus particulares Malvinas con los ingleses. Aquí, en el barribao, ha terminado el partido y la noche no ha hecho más que empezar.

Imagino ya un hipotético palco en la final con Infantino, Mamdani, Milei, Sánchez, Felipe VI… y Trump. Bonito, verdad?