Saleres celebra el próximo sábado una de las tradiciones más arraigadas, sus fiestas patronales en honor a Santiago Apóstol

La programación combinará los actos religiosos con una paella popular, actividades acuáticas, juegos tradicionales y una velada musical en la plaza de la Constitución

juegos tradicionales y una velada musical en la plaza de la Constitución

La localidad de Saleres celebrará el próximo sábado 25 de julio sus fiestas patronales en honor a Santiago Apóstol, una de las tradiciones más arraigadas de este núcleo perteneciente al municipio de El Valle.

La jornada reunirá actos religiosos, propuestas gastronómicas, actividades infantiles, juegos populares y música. El programa comenzará a las 14:00 horas con una paella popular organizada con la colaboración del Ayuntamiento de El Valle.

A partir de las 16:00 horas tendrá lugar una fiesta del agua y de la espuma en la plaza de la Constitución. Posteriormente, a las 17:30 horas, se celebrarán los tradicionales pipotes y una carrera de cintas en bicicleta.

El momento central de la jornada llegará a las 20:00 horas con la celebración de la misa y la posterior procesión de la imagen de Santiago Apóstol por las calles de Saleres. El programa concluirá a partir de las 22:30 horas con una sesión musical a cargo de DJ Mary en la plaza de la Constitución.

Una celebración vinculada a la memoria del pueblo

Las fiestas de Santiago forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones de salereños. Las fotografías antiguas conservadas por las familias muestran una celebración multitudinaria, con la imagen ecuestre del patrón saliendo de la iglesia sobre unas andas adornadas con flores y acompañada por vecinos de todas las edades.

Durante décadas, la festividad no se limitó a la misa y la procesión. Una de las costumbres más recordadas consistía en acudir al río de Saleres para aliviar el calor del mes de julio. Los vecinos construían pequeñas pozas con lajas, ramas de mimbre y la vegetación de las orillas, especialmente juncos y tréboles.

Hasta aquel lugar llegaban también vendedores ambulantes con puestos de helados, turrones y las populares barretas. El río se convertía así en un espacio de convivencia donde las familias compartían comida, conversación y baños en sus aguas frescas.

Las primeras fiestas de la posguerra

Entre los testimonios transmitidos por las familias de Saleres se encuentra el de María del Mar García, quien recuerda la participación de su abuelo Antonio, conocido en el pueblo como Toñico Recalde, en la organización de las primeras celebraciones de Santiago durante los años cuarenta del siglo XX.

Según esta memoria familiar, Toñico Recalde costeó y promovió una de aquellas jornadas festivas en plena posguerra. La celebración incluyó una comida compartida, la procesión del patrón y música hasta la madrugada en la plaza.

Los propios vecinos se encargaron de amenizar la fiesta. Toñico Recalde tocaba la guitarra, Carmona la bandurria y otros participantes se incorporaban con armónicas y acordeones. En una época marcada por la escasez y las dificultades, aquella celebración ofrecía al vecindario una oportunidad para reunirse y disfrutar colectivamente.

Desde entonces, el 25 de julio quedó consolidado como uno de los días más importantes del calendario festivo de Saleres.

Tradición y reencuentro

La disminución de la población residente ha transformado con el paso del tiempo la celebración de las fiestas. Muchos salereños viven actualmente fuera del pueblo, aunque mantienen una estrecha vinculación con su lugar de origen y aprovechan estas fechas para regresar y reencontrarse con familiares y amigos.

La procesión continúa siendo el principal símbolo de esta unión entre generaciones. La salida de Santiago Apóstol, llevado a hombros por sus portadores y acompañado por los vecinos, conserva el recuerdo de quienes participaron en las fiestas durante décadas.

El programa previsto para este año busca mantener esa tradición y, al mismo tiempo, ofrecer actividades para públicos de todas las edades. Saleres volverá así a reunir el próximo 25 de julio la devoción por su patrón, la convivencia vecinal y la memoria de unas fiestas que forman parte esencial de la identidad del pueblo.