“La autenticidad es la fortaleza del Valle de Lecrín”

Patricia Rojas cuenta por varios miles los seguidores de sus cuentas de redes sociales. Desde hace años recorre el mundo con su sobrenombre La Cosmopolilla, aunque asegura que no es partidaria del “viajar por viajar. Para mí no es llenar un pasaporte de sellos ni coleccionar fotografías. Es conectar con el destino, detenerse a ver cómo es allí la vida. Mejor, cuanto más despacio”. En esta entrevista habla sobre su pasión, pero también de su conexión con el Valle de Lecrín

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¿De dónde procede el apodo de La Cosmopolilla?

Es un apodo cariñoso con el que me llamaba un amigo de Córdoba, porque decía que “siempre estaba de aquí para allá”. Lo usaba en mi perfil de Instagram y más tarde decidí llamar así al blog de viajes: lacosmopolilla.com

¿De dónde le viene la pasión por viajar?

Desde que tengo memoria me ha gustado viajar y descubrir mundo. Cuando era pequeña hacía viajes con mis padres en la furgoneta, íbamos a campings y ahí conocía y jugaba con niños de otras partes de España y de Europa. Recuerdo que los mapas me encantaban y mi libro favorito era un atlas que desgasté de tanto usarlo. Pasaba horas recorriendo con el dedo países, montañas, ríos y lagos y pensando cómo sería estar allí. 

¿Qué enseña viajar?

Paulo Coelho decía que “La mejor universidad del mundo es viajar”. No puedo estar más de acuerdo. Es una experiencia enriquecedora en todos los sentidos. Aprendes a mirar con otros ojos, a cuestionarte sobre cosas que siempre has dado por sentado, el valor de otras culturas, eliminar prejuicios. 

Por tu web parece que has recorrido el mundo entero ¿Llevas la cuenta de los kilómetros que has recorrido?

Nooo, ¿te imaginas? Además no soy partidaria del “viajar por viajar”. Para mí no es llenar un pasaporte de sellos ni coleccionar fotografías. Es conectar con el destino, detenerse a ver cómo es allí la vida. Mejor, cuanto más despacio. 

¿Te falta algún país por visitar?

¡Muchos! África lo he explorado muy poco y aún no he estado en Oceanía. Ojalá algún día, Nueva Zelanda lleva en mi lista de sueños viajeros desde antes que se rodara allí El señor de los Anillos. Concretamente, cuando descubrí en aquel atlas viejo el concepto de antípodas. 

¿Qué es lo que más valora de un lugar?

Todo en su conjunto, “la gran foto”. Un lugar lo componen el paisaje, la arquitectura, la fauna y flora local, la gastronomía y por supuesto la gente local. Al final de lo que te llevas un buen o mal recuerdo es de las personas, las que marcan la diferencia. 

Ha vivido en Motril y ahora vive en Barcelona ¿Cómo se ve Granada desde fuera? 

Nací y crecí en Motril, viví en Málaga durante los años universitarios, después me marché a Madrid y ahora vivo en Barcelona. También estudié inglés en Malta y en Los Ángeles, donde viví con una familia californiana. Un poco culo de mal asiento sí que soy. Pero siempre que puedo vuelvo a mi tierra: mi familia sigue viviendo en Motril y ahí tengo las amigas de toda la vida y es el lugar que siento como “casa”. Pero soy de las que piensa y dice que “Como Graná no hay na”. Soy una enamorada de mi provincia, ¡lo tenemos todo! Mar, bosques, las montañas más altas de la península, clima y frutas subtropicales, desierto, pueblos preciosos. Somos unos privilegiados. 

¿Y el Valle de Lecrín?

Nací en Motril pero toda mi familia es del Valle. Mi padre es de Nigüelas; mi madre de Mondújar. Mis abuelos, bisabuelos… Excepto uno que era de La Alpujarra. Si pienso en la palabra “raíces” u origen es el Valle lo que viene a mi mente. De pequeña pasaba gran parte del verano, Semana Santa, Navidad etc en casa de mis abuelos maternos en Mondújar y también íbamos mucho a Nigüelas. He recorrido casi todos sus pueblos, muchos de sus senderos, ¡la de veces que he subido al castillo de Mondújar! La cruz que hay la puso mi abuelo junto con otros hombres del pueblo, hace muchos años…  Luego, de adulta, conocí su historia, que era el castillo de Soraya y fui a buscar su “tesoro” al Museo Arqueológico de Madrid. Lo cierto es que me siento muy vinculada emocionalmente a la tierra de mis ancestros. 

Desde su punto de vista ¿Qué fortalezas tiene el Valle de Lecrín aún por explotar?

Todas. Me refiero a que es una zona muy poco conocida por el turista, que se enfoca en Granada ciudad y, de ahí, a Almuñécar, osea a la Costa. Otros con ganas de montaña, más hippies, artistas etc. ya sabemos que buscan “refugio” en La Alpujarra. Por el Valle de Lecrín pasan pero no se detienen. ¡Cuando es una maravilla! Campos de cítricos que huelen a azahar en primavera, senderos de alta montaña, pueblos auténticos con patrimonio… La autenticidad, esa es su fortaleza.  

¿Qué cree que debería hacer el Valle de Lecrín para tener una mayor proyección nacional e internacional? 

Tampoco se trata de atraer a todo el mundo y que se acabe saturando de turistas. Eso iría totalmente en contra. Mejor calidad que cantidad. Promover sus encantos entre un tipo de turista específico: el que le gusta viajar sin prisas, disfrutar de la naturaleza y de la tranquilidad de la que estos pueblos gozan, al pie del Parque Nacional de Sierra Nevada. 

¿Piensa que debería haber más apoyo de las administraciones para que un determinado lugar tenga más éxito o son las empresas las que tienen que apostar?

Las empresas turísticas no están pasando por su mejor momento tras la crisis de la COVID, muchas han tenido que cerrar o han aguantado a duras penas. Aunque ha sido muy duro para todos, está claro que el sector del turismo ha sido de los más afectados. Yo misma soy autónoma y 2020 fue el peor de los años con una gran paralización del sector. Así que creo que la administración debería apoyar para impulsar un turismo sostenible, que apueste por naturaleza, experiencias y contacto con actividades tradicionales que se están perdiendo… El turismo rural es una de las opciones de futuro -junto con la posibilidad de teletrabajar o recuperar actividades agrícolas- para “volver al pueblo” y dotar de vida a los municipios del valle. 

Se está intentando hacer una proyecto turístico con la Ruta de Boabdil, concretamente desde Otura hasta Adra, pasando por el Valle de Lecrín y La Alpujarra ¿Cree que este tipo de proyectos enseñan el camino por donde hay que ir?  

Me parece una idea genial. Una ruta histórica que aúne varias comarcas o territorios siempre es atractiva, como ya ocurre con la ruta del Califato o la de Washington Irving que transcurre por parte del Poniente granadino. Poner en valor el legado andalusí. Boabdil, el rey Chico, es un personaje que me despierta mucho interés desde que leí “El manuscrito carmesí”. De pequeña recuerdo que decían que su esposa Moraima estaba enterrada en Mondújar -luego apareció una necrópolis nazarí en las obras de la autovía a la costa, justo pegada al barranco de las Ánimas-. En Laujar de Andarax, su último refugio, estuve hace unos años aunque nada queda de la Alcazaba. Así que en definitiva sí, me parece muy interesante, siempre que esté bien documentada y tenga sentido. Cuando esté lista, ¡me apunto! 

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