La Gran Pública de San Ramón 2026 transformó las calles de Dúrcal en un mundo de fantasía, música y color

Trece carrozas, gigantes, majorettes, charangas y centenares de participantes hicieron de la tarde uno de los momentos más esperados de las fiestas demostrando que cuando un pueblo entero se implica en sus fiestas, la calle puede convertirse en el escenario más grande del mundo

Hay momentos de las fiestas de San Ramón que uno espera casi desde que comienza a conocerse el programa. Y uno de ellos es, sin duda, la Gran Pública de Dúrcal. Este año 2026 volvió a demostrarme por qué se ha convertido en una de esas citas capaces de congregar a varias generaciones alrededor de una misma calle, con los niños buscando un hueco en primera fila, los mayores esperando sentados, familias enteras juntas y cientos de teléfonos preparados para inmortalizar lo que estaba a punto de suceder.

El viernes 28 de agosto las 19:00 horas, el desfile comenzó su recorrido desde el Parque de la Estación. Por delante quedaba una tarde en la que iban a desfilar 13 carrozas, junto a disfraces, jinetes, gigantes y cabezudos, majorettes, charangas y agrupaciones musicales.

Yo lo contemplé rodeado de una auténtica multitud. En algunos momentos apenas quedaba espacio libre a ambos lados de la calle. Niños subidos a los hombros de sus padres, personas mayores buscando el mejor lugar y vecinos que se saludaban de una acera a otra formaban también parte del espectáculo. Porque la Pública no sucede solamente dentro del desfile: Dúrcal entero parece convertirse durante unas horas en su escenario.

Las majorettes abrieron el camino

Lo primero que fui viendo avanzar fueron las majorettes, marcando con sus bastones el comienzo del desfile. Vestidas en rojo y blanco, mayores y pequeñas ejecutaban sus movimientos mientras la música abría paso entre la multitud.

La presencia de la Agrupación Musical y Majorettes Virgen del Carmen aportaba desde el principio ese componente tradicional que forma parte de la memoria de las fiestas. Tras ellas fueron llegando gigantes, cabezudos y personajes populares, entre ellos Mortadelo. Y aquello ya daba una primera pista de lo que vendría después: la Pública de este año no iba a tener un único argumento, sino decenas de pequeñas historias pasando una detrás de otra.

Mary Poppins aterrizó en Dúrcal

Una de las primeras grandes recreaciones fue la de Mary Poppins. La carroza se reconocía inmediatamente por su gran panel azul con la silueta de la célebre institutriz sujetando el paraguas y por una torre-reloj que evocaba el Londres de la película.

Detrás llegó uno de los cortejos más elegantes que observé durante la tarde: mujeres vestidas de blanco, con detalles rojos, sombreros y preciosas sombrillas de encaje blanco. Caminaban con una estética perfectamente coordinada que trasladaba por unos instantes a otro tiempo. Pero la historia no terminaba ahí.

Tras ellas aparecieron los deshollinadores: adultos y niños vestidos en tonos grises y negros, con gorras y las características escobillas de largas varas. El contraste entre la blancura de Mary Poppins y aquel pequeño ejército de deshollinadores estaba muy conseguido. Era como si una escena del musical hubiera abandonado la pantalla para recorrer las calles de Dúrcal.

Porom Pompero: una calle cubierta de burbujas

Y de pronto empezaron a aparecer pompas de jabón. Muchas. Tantas que durante algunos instantes flotaban por encima del público, se reflejaban en la luz de la tarde y terminaban explotando sobre niños y mayores.

Era la propuesta de Porom Pompero, repleta de color, pistolas y máquinas de pompas y participantes con divertidos atuendos. Los vi caminar disparando burbujas hacia todas partes, mientras los más pequeños intentaban alcanzarlas.

El nombre jugaba inevitablemente con “El Porompompero”, aquel gran éxito de Manolo Escobar compuesto a finales de los años cincuenta y convertido después en una de las canciones populares españolas más reconocibles. Aquí, sin embargo, el “pompero” era literal: Dúrcal quedó por unos minutos lleno de pompas.

Michael Jackson y el ambiente de “Thriller”

Poco después cambió completamente la escena. Apareció una recreación de Michael Jackson, con el protagonista vestido de rojo y acompañado de varias bailarinas caracterizadas con una estética oscura que recordaba inmediatamente a “Thriller”.

El rojo, el negro, el maquillaje, las prendas rasgadas y los movimientos del grupo contrastaban con la escena anterior. Esa era precisamente una de las gracias de la Pública: en pocos metros se podía pasar de Mary Poppins a Michael Jackson, de Londres a un circo o de Egipto a un delfinario.

Un jardín empezó a caminar por la calle

A continuación la calle se llenó de flores. Una carroza convertida prácticamente en un jardín móvil, cubierta de vegetación y enormes flores de vivos colores, precedía a un grupo de participantes que parecían haberse transformado también en flores humanas.

Vi vestidos rosas, rojos, amarillos y violetas, hojas verdes y grandes pétalos incorporados al vestuario. Era otra demostración del trabajo que existe detrás de estas carrozas: imaginación, diseño, costura, construcción y muchas horas de preparación para unos minutos de desfile.

Y entonces llegó el circo

El siguiente universo fue el circo. Primero apareció su propia carroza, inconfundible por las rayas rojas y blancas, los globos y la estética de las antiguas carpas. Después comenzó a llegar todo lo demás. Y ahí era difícil saber hacia dónde mirar.

Vi personajes vestidos como maestros de pista, arlequines, artistas de variedades, payasos, figuras con enormes sombreros, personajes vestidos en blanco, negro y rojo y una participante que incluso llevaba una serpiente formando parte de su caracterización.

La comitiva jugaba permanentemente con el público. Había exageración, humor, teatralidad y una cierta estética de circo antiguo. Entre sus personajes aparecía también el llamado gran lanzador, formando parte de aquella disparatada compañía circense. Niños y mayores seguían cada aparición porque nunca se sabía qué iba a surgir detrás.

Una partida de El Paulo en mitad del desfile

La siguiente carroza me llamó especialmente la atención por lo costumbrista de su idea. Dos jugadores permanecían sentados frente a frente alrededor de una mesa cubierta con tapete verde, jugando una partida de El Paulo, mientras la carroza estaba decorada con enormes motivos de la baraja española. Oros, copas, espadas, bastos y grandes cartas ocupaban los laterales.

Una estampa sencilla y al mismo tiempo muy simpática: una partida de cartas tradicional convertida en carroza de fiestas.

Willy Fog: 129 personas para dar la vuelta al mundo

Y entonces llegó una de las propuestas más ambiciosas de la tarde: Willy Fog. La carroza estaba presidida por una gran locomotora negra, con su reloj frontal, mientras sobre ella aparecía un globo terráqueo. Alrededor se desplegaban banderas de distintos países.

Pero lo verdaderamente impresionante no era solamente la carroza. Era todo lo que venía con ella.

Según los datos de la organización del grupo, participaron alrededor de 129 personas. Y al contemplarlos pasar entendí perfectamente el sentido de aquella cifra: parecía que el mundo entero hubiera decidido reunirse aquella tarde en Dúrcal.

Fui viendo marineros vestidos de blanco, con gorras y salvavidas; después aparecieron personajes de ambiente parisino, con camisetas de rayas, pañuelos rojos y boinas.

Más adelante llegaban personajes vinculados a Venecia, otros recreaban distintos puntos europeos y aparecía incluso un particular Big Ben humano, caminando entre el resto del cortejo. De repente el viaje cambió de continente.

Egipto pasó por las calles de Dúrcal

El grupo dedicado a Egipto resultó especialmente espectacular. Vi mujeres con vestidos negros, blancos y dorados, tocados, pelucas, brazaletes y grandes abanicos de plumas blancas. Algunas caracterizaciones recordaban a reinas y personajes del antiguo Egipto. La riqueza de los detalles hacía que incluso quienes solamente contemplábamos el desfile desde la acera entendiéramos inmediatamente dónde nos encontrábamos dentro de aquella particular vuelta al mundo.

Después llegaron vaqueros y vaqueras, referencias norteamericanas y hasta la Estatua de la Libertad, cuya indumentaria había sido preparada por Ropa Padial. La comitiva de Willy Fog reunía además participantes procedentes de distintos lugares, entre ellos Sevilla, Córdoba, Granada y otros puntos, convirtiéndose en uno de los grupos más numerosos de toda la Pública.

Foto Cano convirtió Dúrcal en un gran cine

Otra carroza consiguió unir el humor festivo con algo muy propio del pueblo. Era Foto Cano. Una enorme recreación del histórico establecimiento aparecía presidida por el rótulo FUJIFILM – FOTO CANO y concebida como un auténtico videoclub o escaparate cinematográfico.

Observé tres grandes apartados: Animación – Romance – Terror.

En ellos se reproducían carteles de películas, mientras una tira de película recorría la parte superior.

La carroza tenía además un significado especial porque Foto Cano está ligado desde hace décadas a Ginés Cano González, uno de los grandes cronistas visuales de Dúrcal. Su archivo conserva una parte importantísima de la memoria gráfica del municipio y Ginés fue además pregonero de las Fiestas de San Ramón en 2019.

Era, por tanto, una carroza que hacía reír y entretener, pero que al mismo tiempo rendía un pequeño homenaje a alguien que ha contribuido con su cámara a conservar la historia cotidiana del pueblo.

Astérix y Obélix aparecieron entre una nube de humo

Y después el desfile entró en uno de sus momentos más alocados. Ya resultaba imposible clasificar todo lo que veía.

Personajes de películas, dibujos animados, cartas, piratas, romanos, vaqueros y criaturas imaginarias se mezclaban por todas partes. Entre ellos reconocí claramente a Astérix y Obélix, con sus inconfundibles cascos alados, bigotes y caracterizaciones.

Fue precisamente entonces cuando comenzó uno de los efectos más espectaculares de toda la Pública. Grandes columnas de humo de colores comenzaron a elevarse sobre la multitud. Vi humo negro, verde y rojizo extendiéndose por encima de las cabezas mientras algunos participantes portaban bengalas o botes generadores de humo. Durante unos instantes desaparecieron parcialmente edificios y árboles bajo aquella nube. El resultado visual era impresionante. Parecía una batalla de cómic en mitad de Dúrcal.

Delfinario Dúrcal City

Cuando desapareció parte del humo, cambiamos nuevamente de mundo.

Esta vez nos sumergimos bajo el mar.

Llegaba el Delfinario Dúrcal City. La carroza estaba decorada en tonos azules, con olas, peces, elementos submarinos y grandes delfines. Incluso podía verse una estructura circular que reforzaba la sensación de espectáculo acuático. Pero el cortejo era todavía más divertido: numerosos jóvenes vestidos completamente de azul llevaban sobre sus cabezas grandes delfines. Desde donde yo estaba, aquello parecía una auténtica manada de delfines avanzando por la calle.

Los Gigantes de Dúrcal

Después volvieron a aparecer unas figuras profundamente ligadas a las fiestas populares: los gigantes. La Cuadrilla Gigantes Dúrcal hizo avanzar al menos nueve enormes figuras entre el público.

Algunos representaban personajes populares, hombres y mujeres; uno lucía camisa roja de lunares y sombrero negro, otra llevaba un llamativo vestido rojo de flores, y aparecieron también figuras con vestimentas más solemnes y personajes de distintos orígenes y estilos. Desde abajo impresionaba verlos avanzar sobre la multitud. Cada gigante parecía mirar directamente a los balcones mientras los portadores maniobraban para abrirse paso entre una calle completamente abarrotada. Junto a ellos también aparecieron simpáticos cabezudos y personajes de formas muy distintas.

Y la calle volvió a llenarse de música

Justo detrás de los gigantes apareció una charanga fácilmente reconocible por sus camisetas turquesas y pantalones rojos. Tuba, trombones, saxofones, trompetas y percusión volvieron a llenar la calle de música. Las charangas tuvieron un papel fundamental durante toda la Pública. Entre las formaciones anunciadas estaban Llena que nos vamos y Granamusic, además de otras agrupaciones que iban haciendo prácticamente imposible que el desfile perdiera ritmo. Y justo detrás de aquella charanga descubrí otro detalle entrañable.

Miss Verano, Miss Simpatía y las Damas

Caminaban cuatro mujeres luciendo sus correspondientes bandas:

Miss Verano

Miss Simpatía

Primera Dama

Segunda Dama

Habían recibido esos reconocimientos durante la velada organizada por la Asociación de Mayores “Evaristo Pérez”, celebrada el 18 de julio de 2026 en el Parque de la Estación, con la colaboración del Ayuntamiento de Dúrcal. Algunas llevaban además unas simpáticas alas de colores que daban todavía más alegría a la escena.

Me gustó especialmente contemplarlas allí porque demostraban otra característica de las fiestas de Dúrcal: aquí no existe una edad determinada para participar, divertirse o convertirse por un día en protagonista.

Los Diablos Negros, unos veteranos que siguen haciendo fiesta

Y cuando parecía que ya lo habíamos visto todo apareció uno de esos nombres que forman parte de la historia festiva de Dúrcal: Los Diablos Negros. Los músicos viajaban sobre una plataforma convertida en escenario móvil, cubierta por un toldo azul y adornada con globos y banderines de colores. Los vi tocar con batería, teclados, guitarras y demás instrumentos mientras seguían avanzando. Vestidos de blanco y con sus característicos sombreros rojos, Los Diablos Negros demostraron que la veteranía no está reñida con las ganas de seguir poniendo música a las fiestas. Y detrás de ellos, ya como cierre de toda aquella larga comitiva, avanzaba la ambulancia, poniendo el punto final al desfile.

Andalucía Directo también quiso vivir la Pública

La magnitud del espectáculo tampoco pasó desapercibida para la televisión. La presentadora durqueña de Andalucía Directo, Delia Molina, vivió la Pública acompañada de los cabezudos de Modesto Barragán y Paz Santana, celebrando públicamente la imaginación, la alegría y el colorido del pasacalles y destacando cómo cada año parece superarse. También agradeció la complicidad de sus compañeros y de Ibán Murchas, que participó en aquella particular aventura televisiva. Y entiendo perfectamente su entusiasmo. Porque lo que contemplé aquella tarde fue mucho más que una sucesión de carrozas.

Una fiesta hecha por el pueblo

Mientras veía alejarse a los últimos músicos pensé en todo el trabajo que había detrás. Alguien había construido aquella locomotora de Willy Fog. Alguien había cosido los vestidos egipcios. Alguien había fabricado las enormes flores.

Alguien había preparado las escobillas de los deshollinadores, dibujado las cartas de El Paulo, diseñado el escaparate cinematográfico de Foto Cano, levantado el delfinario, preparado el circo, reparado un gigante o ensayado durante días una coreografía. Y detrás de cada carroza había decenas de familias.bEso es, probablemente, lo que convierte a la Gran Pública de las Fiestas de San Ramón en algo mucho más importante que un simple pasacalles. Es una demostración colectiva de imaginación. Es música compartida. Es humor. Es tradición. Es participación intergeneracional. Y, sobre todo, es pueblo.

Durante unas horas vi pasar ante mí a Mary Poppins y sus deshollinadores, Michael Jackson, flores humanas, artistas de circo, jugadores de cartas, Willy Fog dando la vuelta al mundo, marineros, parisinos, egipcios, vaqueros, la Estatua de la Libertad, personajes de cine, Astérix y Obélix, delfines, gigantes, músicos, majorettes y reinas de verano.

Y todos tenían algo en común: aquella tarde todos eran Dúrcal.

La Gran Pública de San Ramón 2026 volvió a llenar las calles de música, imaginación y alegría, demostrando que cuando un pueblo entero se implica en sus fiestas, la calle puede convertirse en el escenario más grande del mundo.