Manuel Hidalgo  convirtió el Molino del Sevillano en un espacio de música y reflexión

El cantor paduleño ofreció en Acequias un recital íntimo en el que alternó sus canciones con reflexiones sobre la felicidad, la libertad, la inmigración y la necesidad de caminar hacia el interior de uno mismo

El Molino del Sevillano de Acequias acogió en la noche del sábado 29 de agosto, un concierto de Manuel Hidalgo marcado por la cercanía con el público, la poesía y las reflexiones personales que el cantor acostumbra a compartir entre canción y canción.

A las nueve de la noche, ante los muros históricos del molino y sobre un pequeño escenario iluminado con luces cálidas, Manuel Hidalgo apareció acompañado únicamente por su guitarra, su voz y algunos ejemplares de sus libros. El público, situado a escasa distancia, siguió atentamente un recital en el que la música y la palabra formaron parte de un mismo discurso.

El propio Manuel había explicado previamente que lleva cinco años ofreciendo este concierto en el Molino del Sevillano. La continuidad de la cita ha convertido este espacio de Acequias en uno de los escenarios más íntimos y especiales de su trayectoria por el Valle de Lecrín.

Durante la velada interpretó canciones pertenecientes a diferentes etapas de su carrera. El repertorio comenzó con piezas o versos reconocibles como «Caminando», «Cantar» y «Libre». Posteriormente llegó «Volver a nacer», identificada por su conocido estribillo sobre caer, tocar fondo y volver a levantarse. Al final de esta canción, los asistentes unieron sus voces a la de Manuel en uno de los momentos más participativos de la noche.

También sonaron composiciones como «La vida sencilla», «No tengo nada», «Ciudadano», «Aire» y «Ventolera», esta última perteneciente a su producción más reciente. Hubo igualmente canciones recordadas por comienzos como «Viento, de dónde vienes y adónde vas», «Despiértame» y «Dime, hermano», además de un tema interpretado a petición de su madre.

El concierto concluyó con «Sigo camino», una elección especialmente significativa en la obra de Manuel Hidalgo, donde los caminos representan tanto el viaje exterior como el conocimiento de uno mismo.

Entre canción y canción, el cantor habló con naturalidad sobre su manera de entender la existencia. Una de las expresiones que dejó durante la noche fue «Deseo poco», una frase breve que resume su defensa de una vida sencilla y liberada de la necesidad de acumular.

Para Manuel, la riqueza no depende tanto de cuanto se posee como de cuanto se necesita para sentirse satisfecho. La felicidad puede encontrarse en un abrazo, una conversación, el sonido del viento, el agua de una acequia o el hecho de detenerse a contemplar un atardecer. Esta idea aparece también en su libro El encuentro, donde cuestiona la pobreza interior de quien, aun teniendo de sobra, continúa deseando más.

Habló igualmente de la estupidez y de los tontos. Sus comentarios fueron una invitación a no renunciar al pensamiento propio ni aceptar una afirmación solamente porque la repita la mayoría. Su filosofía desconfía de los discursos cerrados, las verdades impuestas y la necesidad de dividir constantemente a las personas entre quienes están a favor o en contra.

Otro de los asuntos abordados fue el de los extranjeros que se juegan la vida durante el camino para intentar llegar a otro país. La reflexión enlazó con «Ciudadano», una canción en la que Manuel sitúa la condición humana por encima de las fronteras, las banderas y los documentos.

El cantor recordó que él es solamente un ser humano y que, más allá de los lugares de nacimiento, todas las personas comparten necesidades, miedos, esperanzas y deseos semejantes. En sus escritos llega a preguntarse cómo le gustaría ser recibido si alcanzara una tierra desconocida sin más equipaje que el hambre.

Durante el recital también defendió la necesidad de reírse. Para Manuel, la risa no significa ignorar el dolor, sino evitar que este ocupe toda la vida. Considera necesario permitirse reír o llorar según lo que uno sienta, sin convertir la fortaleza en una máscara que impida reconocer la fragilidad.

La felicidad individual fue otro de los temas de la noche. Hidalgo habló de la importancia de encontrarse bien con uno mismo, sin hacer depender toda la vida de la aprobación, las expectativas o las decisiones ajenas. Sin embargo, esa felicidad no queda encerrada en el individuo: adquiere verdadero sentido cuando se comparte con los demás.

También afirmó que en la vida hay que atreverse. Atreverse puede significar cambiar de rumbo, reconocer una debilidad, comenzar nuevamente después de una caída o dar el paso necesario para vivir de acuerdo con lo que uno verdaderamente siente.

Todas estas reflexiones guardan una estrecha relación con los pensamientos recogidos en El encuentro, publicado en 2020, y El oficio del cantor, de 2024. En ambos libros, Manuel Hidalgo habla de la libertad, el desapego, la naturaleza, la honestidad, el presente y la búsqueda interior.

Una de las frases que mejor explica ese pensamiento fue recordada durante la velada: «Hay caminos que van hacia fuera y hay caminos que van hacia dentro, y hacia dentro hice vereda mis pies». Para el cantor, mirar hacia dentro no significa aislarse del mundo, sino conocerse mejor para poder encontrarse verdaderamente con los demás.

La actuación terminó con «Sigo camino». Después de hablar sobre la felicidad, la inmigración, el pensamiento propio, la risa y la necesidad de atreverse, Manuel Hidalgo regresó al símbolo que recorre toda su obra: un camino sin meta definitiva, construido paso a paso y abierto al encuentro con la vida y con quienes deciden compartirlo.