La Real Feria de Ganado de Padul, del trato entre marchantes a una gran fiesta que mantiene vivas sus raíces
La localidad celebrará del 24 al 27 de septiembre su Real Feria de Ganado y Fiestas de 2026, una cita que hunde sus raíces en la sociedad agraria y que ha sabido incorporar música, gastronomía, cultura, deporte y ocio sin desprenderse de aquello que le dio nombre, el ganado
Hay fiestas que nacen de una celebración religiosa, otras de un acontecimiento histórico y algunas de la propia necesidad de comerciar y encontrarse. La Feria de Padul pertenece en buena medida a este último mundo. Antes de los conciertos, las luces, las atracciones y las grandes actividades colectivas estuvieron los animales, los marchantes, los corredores, las posadas, los tratos y un pueblo que aguardaba septiembre como uno de los momentos principales del año.
Del 24 al 27 de septiembre de 2026, Padul volverá a celebrar oficialmente su Real Feria de Ganado y Fiestas. Pero comprender lo que significan esos cuatro días exige mirar mucho más atrás.
La feria actual es el resultado de una larga evolución. En ella caben hoy una exposición ganadera, maquinaria y aperos agrícolas, caballos, demostraciones de antiguas labores, música, conciertos, juegos tradicionales, actividades infantiles, gastronomía, deporte y espacios de convivencia. No son elementos inconexos. En buena parte constituyen las distintas capas históricas que la feria ha ido acumulando.
Una tradición que las fuentes locales remontan a Carlos V
El Ayuntamiento de Padul sitúa oficialmente el origen de la feria en época del emperador Carlos V. En su propia información turística señala que la tradicional Feria Real de Ganado remonta sus orígenes a ese periodo; programas municipales anteriores explican que el monarca habría concedido a Padul licencia para organizar anualmente una feria ganadera destinada a favorecer la compraventa de animales utilizados en las labores agrícolas del municipio y de la comarca. Esta misma tradición histórica ha sido divulgada también en medios de comunicación, que presentan la cita paduleña como una feria de más de quinientos años.
Cuando la feria marcaba el calendario de todo un pueblo
Para comprender la dimensión que alcanzó en el mundo rural resulta especialmente valioso el testimonio de Mateo Carrasco Duarte en su obra El Padul (Granada, 2001). Al referirse al ocio y las fiestas de otros tiempos, Carrasco presenta la feria como la principal celebración del municipio y la vincula directamente al final de los trabajos de recolección.
Eran varios días de diversión después de meses condicionados por el trabajo agrícola. Música, columpios, tiovivos, circos ambulantes, tómbolas y puestos de turrón acompañaban a lo que verdaderamente constituía el corazón económico de aquellas jornadas: la feria de ganado, que llegó a tener relevancia más allá del propio municipio.
En una sociedad donde las caballerías eran indispensables, adquirir o vender un mulo, un burro, un caballo o cualquier otro animal de labor constituía una decisión económica importante. No se acudía únicamente a mirar. Se acudía a negociar, comparar animales, renovar las caballerías de la explotación, vender excedentes o buscar el animal necesario para trabajar las tierras durante el año siguiente.
Otra publicación local resume perfectamente aquella función: en la feria se compraban los cerdos para el año, se renovaban las caballerías viejas y se vendían los animales que sobraban en las casas. Después, los marchantes continuaban su ruta por otras ferias como las de Órgiva o Ugíjar.
La Era de Los Álamos, marchantes, corredores y un apretón de manos
Uno de los testimonios más ricos sobre aquella feria tradicional se encuentra en El Padul. Crónicas de medio siglo, de José Villena Molina, publicado en 2003.
Villena sitúa buena parte de aquel ambiente en la Era de Los Álamos. Allí se levantaban chozas de cañas y carrizos que servían como casetas y tabernas. Entre animales y compradores aparecía un personaje esencial: el corredor, intermediario conocedor de ganado, personas y precios que podía resultar decisivo para cerrar una operación.
Los tratos conservaban una liturgia propia. Se discutía el precio, se examinaba el animal, intervenían marchantes y corredores y, alcanzado el acuerdo, el apretón de manos tenía un enorme valor. Todavía en tiempos recientes algunos testimonios locales recordaban que determinados tratos seguían cerrándose de aquella misma manera.
Villena recuerda incluso el lenguaje monetario utilizado por aquellos profesionales: reales, perrillas, perras gordas y otras denominaciones convivieron antes de que la peseta se convirtiera plenamente en la referencia cotidiana.
La magnitud de la feria obligaba a adaptar el propio pueblo. Según las crónicas de Villena, el número de animales podía llegar a poner a prueba el abastecimiento de agua. Las posadas multiplicaban su ocupación y sus cuadras se llenaban de caballerías. La conocida como la Posá, próxima a la plaza, y otra existente en la Glorieta formaban parte de ese pequeño universo económico que crecía alrededor de la feria.
La llegada de marchantes y ganaderos generaba actividad en tabernas, comercios y alojamientos. La feria no era, por tanto, solamente una concentración de animales: durante unos días transformaba la vida económica y social del pueblo.
Septiembre empezaba mucho antes de la feria
Las fiestas comenzaban en cierto modo semanas antes.
José Villena recuerda cómo, desde los primeros días de septiembre, las familias iniciaban los preparativos. Había que comprar tela para confeccionar el vestido nuevo y acudir al sastre o a la modista. En muchas casas se realizaba una limpieza extraordinaria y se blanqueaban paredes.
Estrenar ropa durante la feria tenía un significado especial. No era simplemente vestir bien: en una economía familiar muy ajustada, el traje o los zapatos nuevos podían constituir uno de los pocos estrenos importantes del año.
Y al amanecer llegaba la música. La diana floreada de la banda local anunciaba que comenzaban los festejos. Esa presencia de la música continúa siendo una de las constantes de la feria actual.
La feria como espacio de libertad y encuentro
Para los jóvenes, aquella celebración poseía otra dimensión.
Villena describe una sociedad con costumbres familiares mucho más rígidas que las actuales. Durante la feria se relajaba parcialmente aquella vigilancia cotidiana. Los jóvenes paseaban, se reunían, acudían al cine, al circo y, sobre todo, podían bailar en las verbenas.
El Paseo de la Estación se convertía en escaparate de los vestidos recién estrenados y lugar privilegiado de encuentro.
La feria era también uno de los pocos momentos del año en los que aparecían espectáculos que no podían disfrutarse habitualmente en el pueblo. El circo Palacios acudió durante años. El cine se llenaba hasta necesitar sillas suplementarias y las películas de ambiente andaluz gozaban de especial aceptación.
La memoria recogida por Villena llega incluso hasta una singular corrida celebrada en 1947 en el antiguo cine de verano de la calle San Isidro. El cine posterior, construido en 1949, sería otro de los espacios fundamentales del ocio paduleño.
Caballos, cintas, bandas y verbenas
Alrededor del ganado se fue construyendo progresivamente toda una cultura festiva.
Las carreras de cintas a caballo, celebradas tradicionalmente junto a las cruces y en otros emplazamientos, enfrentaban amistosamente a los jinetes que pretendían hacerse con las cintas confeccionadas por las jóvenes.
Las bandas acompañaban el día y las orquestas ocupaban la noche. La verbena se convirtió en uno de los grandes lugares de reunión de la juventud. Desde mediados del siglo XX se incorporaron también la elección de reina y damas de las fiestas y otras ceremonias representativas.
Los programas históricos permiten comprobar la persistencia de muchos elementos. El de 1959 ya concentraba las celebraciones entre el 25 y el 27 de septiembre. En 1969, la feria de ganado se presentaba el día 25 y la diana floreada volvía a abrir las jornadas, junto a deportes, actuaciones culturales y juegos populares.
Es decir, la fiesta cambiaba, pero no rompía completamente con lo anterior.
Un curioso paréntesis: fiestas en agosto y ganado en septiembre
La evolución no fue siempre lineal.
La documentación recopilada sobre los antiguos programas señala que en 1981 las fiestas populares pasaron a celebrarse en agosto, separándose temporalmente de la Feria de Ganado de septiembre. La experiencia se prolongó durante varios años, hasta que ambas celebraciones volvieron a reunirse en la fórmula que hoy conocemos: Real Feria de Ganado y Fiestas de Padul.
La unión resulta significativa. Padul podía haber conservado únicamente unas fiestas modernas y dejar la antigua feria ganadera como recuerdo. No ocurrió así. La referencia al ganado siguió ocupando el lugar principal incluso en el nombre oficial.
De las eras a la Nave Ganadera
Otro cambio importante llegó en 2014, cuando la feria ganadera estrenó instalaciones en el entorno del antiguo trazado del tranvía, junto al Polideportivo. El objetivo era adaptar una celebración histórica a las exigencias sanitarias, de seguridad y bienestar propias del siglo XXI.
La actual Nave Ganadera del Camino del Tranvía representa de algún modo esa transición. Ya no estamos ante las antiguas eras ocupadas libremente por caballerías y tratantes, pero dentro de un espacio adaptado continúan encontrándose ganaderos, animales y visitantes.
En los últimos años han acompañado a esta parte de la feria las exposiciones de maquinaria agrícola, los aperos, las demostraciones de trabajos tradicionales y las actividades vinculadas al caballo.
2003-2005: fotografías de un mundo que estaba cambiando
El importante archivo fotográfico conservado por Padul.org permite observar con enorme claridad esa evolución.
Las imágenes correspondientes a las ferias de 2003, 2004 y 2005 muestran burros y mulos con sus aparejos, caballos alineados en el recinto, hombres conversando junto a los animales, caballistas atravesando las calles y pequeñas reatas llegando a la feria.
Pero, al mismo tiempo, aparecen grandes arcos de iluminación, atracciones, carrozas, bandas, casetas llenas de público, espectáculos de baile, actividades infantiles, juegos de cartas, tiro al plato, actuaciones musicales y la representación festiva de aquellos años.
Son fotografías de apenas dos décadas atrás y, sin embargo, ya poseen valor documental.
En algunas todavía se percibe con fuerza la feria ganadera tradicional; en otras aparece claramente la gran celebración popular en la que se estaba convirtiendo. Son el puente entre la memoria descrita por Carrasco y Villena y la feria que se organiza hoy.
La documentación municipal confirma, además, que la Feria Real de Ganado y Fiestas de 2005 se desarrolló del 23 al 27 de septiembre.
Los huevos fritos con espichás, de desayuno de trabajadores a símbolo gastronómico
Pocas cosas explican mejor la evolución de una tradición que los huevos fritos con espichás.
Lo que en otro tiempo fue un desayuno energético asociado a quienes debían afrontar una dura jornada de trabajo agrícola se ha convertido en uno de los grandes distintivos gastronómicos de Padul. Las espichás son sardinas arenques que se fríen y acompañan a los huevos, ajos, aceite y pan.
Con el paso del tiempo, la degustación de feria alcanzó dimensiones multitudinarias. Fuentes gastronómicas documentaban ya años atrás preparaciones populares que superaban los 2.500 huevos y 5.000 espichás.
En 2016 se celebraba la decimoquinta edición de esta degustación. En 2026 alcanza ya su XXVI edición, prevista para la mañana del sábado 26 de septiembre en el Paseo de la Estación.
Es otro ejemplo de transformación sin ruptura: un alimento de trabajadores del campo convertido en patrimonio gastronómico compartido por todo el pueblo.
La Feria de 2026: tradición, patrimonio y ocio contemporáneo
La edición de este año se desarrollará oficialmente del jueves 24 al domingo 27 de septiembre.
La apertura tendrá lugar el jueves con el encendido del alumbrado y el pregón de Hermy Mochón Luzón en el Centro Cultural Federico García Lorca. A partir de ahí se desplegará un programa extraordinariamente amplio.
El viernes 25, festivo local, tendrá lugar El tiro al Plato. La inauguración de la Feria Real de Ganado en la Nave Ganadera del Camino del Tranvía, acompañada de música y vino de la tierra. El espacio contará también con exposición de maquinaria agrícola y de aperos de labranza de Diego García. Por la tarde, la actividad ecuestre continuará con una exhibición a cargo del Centro Barrules e Hijos en la Casa Grande. La jornada concluirá, entre otros actos, con el concierto gratuito de Joana Santos.
El sábado 26 también habrá Tiro al Plato y se concentrará algunos de los actos que mejor expresan la vinculación rural de la feria: la XXVI degustación de huevos fritos con espichás, el V Concurso de Arada, el VI Concurso de Habilidades con Tractor y la carrera local de cintas a caballo. Por la noche están previstas la actuación de Merche, la Orquesta La Mundial y otros espectáculos.
El domingo 27, Día del Niño, tendrá un significado especialmente simbólico la exhibición de trilla, realizada junto a la Feria de Ganado. Una labor que antiguamente formaba parte de la vida cotidiana regresa ahora convertida en demostración de patrimonio etnográfico.
La jornada concluirá con el pasacalles de fin de feria y actuaciones musicales.
Del caballo al tractor, y del tractor a la memoria
El concurso de arada, las habilidades con tractor, la exposición de maquinaria y la demostración de trilla permiten leer la historia agraria prácticamente en una sola mañana.
Primero estuvieron las caballerías. Después llegó la mecanización. Ahora ambos mundos se encuentran durante la feria.
El caballo, el mulo y el asno dejaron de ser imprescindibles para muchas labores agrícolas, pero precisamente por eso su presencia ha adquirido un nuevo significado. Ya no representan únicamente fuerza de trabajo o mercancía: forman parte de la memoria rural.
El tractor, que desplazó paulatinamente a aquellos animales en las explotaciones, aparece también convertido en protagonista de concursos y exhibiciones.
Una feria cada vez más abierta e inclusiva
La diferencia con las celebraciones de hace medio siglo aparece también en otras iniciativas de 2026.
El programa reserva horas sin ruido en el recinto ferial para niños y personas con alta sensibilidad acústica; establece ludotecas, juegos inclusivos y numerosas actividades infantiles; y durante las noches principales funcionará un Punto Violeta destinado a la prevención y atención ante posibles agresiones sexistas.
No son elementos históricos, pero sí forman parte de la historia que ahora se está escribiendo: la adaptación de una fiesta antigua a una sociedad diferente.
El Silo entra también en la Feria
La edición de 2026 incorpora además uno de los espacios patrimoniales más singulares del municipio.
Durante esos días, la Oficina de Turismo se trasladará al Silo de Padul, que permanecerá abierto para visitas. También está prevista la presentación de una maqueta accesible inteligente destinada a personas con diversidad funcional.
La incorporación del Silo resulta especialmente oportuna. Si la feria habla del pasado agrícola de Padul, pocos edificios pueden explicar mejor la transformación de aquel mundo rural durante el siglo XX.
Así, ganado, aperos, tractores, trilla y Silo forman un pequeño recorrido por varias generaciones de la agricultura paduleña.
Mucho más que cuatro días de fiesta
Resultaría fácil describir la Feria de Padul únicamente mediante su programa: conciertos, casetas, juegos, pasacalles, caballos, atracciones y actividades infantiles.
Pero hacerlo sería quedarse en la superficie.
Detrás de la actual Real Feria permanece el recuerdo de los marchantes que recorrían Andalucía enlazando mercados; de los animales que proporcionaban fuerza a las explotaciones familiares; de las posadas desbordadas; de los corredores que mediaban entre comprador y vendedor; del agua necesaria para centenares de caballerías; de la cal con la que se blanqueaban las casas antes de la fiesta; del vestido que se estrenaba una vez al año; de las madres vigilando desde una silla mientras sus hijas bailaban; de las bandas recorriendo las calles al amanecer; de los circos ambulantes, las cintas a caballo y las verbenas.
Quedan también las fotografías de 2003, 2004 y 2005, cuando el recinto ganadero seguía ofreciendo estampas que hoy parecen mucho más lejanas de lo que realmente son.
Y queda la propia palabra Real, asociada durante generaciones al nombre de la feria y a la tradición histórica que Padul conserva sobre sus orígenes.
En 2026 habrá música electrónica, ludotecas, exhibiciones de radiocontrol y grandes conciertos. Pero también volverán los animales, el vino de la tierra, los aperos, la trilla, la arada, los tractores, los caballos y los huevos con espichás.
Esa convivencia quizá sea la principal explicación de la supervivencia de la Feria de Padul: no se ha mantenido intacta; ha sabido cambiar sin olvidar de dónde viene.
Cuando el 24 de septiembre vuelva a encenderse el alumbrado, comenzarán cuatro días de fiesta. Pero detrás de esas luces habrá una historia mucho más larga: la de generaciones de paduleños que hicieron de septiembre un tiempo para comprar y vender, celebrar el final de las labores, reencontrarse y, durante unos días, convertir el pueblo entero en feria.
Fuentes y documentación
Fuentes principales Mateo Carrasco Duarte, El Padul, Granada, 2001; José Villena Molina, El Padul. Crónicas de medio siglo, 2003, ISBN 84-607-6890-2, depósito legal GR-122/03.
Programas y documentación histórica de la Feria Real de Ganado y Fiestas conservados y divulgados por el Ayuntamiento de Padul y Padul.org.
Fotografías: Archivo histórico de la Feria Real de Ganado y Fiestas de Padul, años 2003, 2004 y 2005. Padul.org.







